Van y vienen… y vida tienen

  • Despedidas y ‘despedidas que nunca llegan a ser’ de grandes del Rock
  • Por Juan «El letrastero» desde su sección “Acuéstate y suda”

Siempre he creído que las despedidas van recubiertas de un líquido amniótico con cierto regusto amargo. Aunque en la sociedad francesa del S. XVIII, se llegó a poner hasta de moda eso de hacer un Sans adieu; o sea, lo que para nosotros viene a ser el acto de despedirse a la francesa.

En mi trastero musicalizado, al que suelo acudir de la mano de mis dos maltrechos hemisferios cerebrales, con el fin de interaccionar con las canciones de mis artistas preferidos; llevo tiempo divagando varias cuestiones. Y hoy he caído en la cuenta, que lo que yo vengo a denominar mi Dream Team del Rock peninsular, de una manera u otra, han cogido las de Villadiego en vivo… o no. Pero vamos, que ya no giran juntos. Unos (Extremoduro) han anulado fechas por motivos de pandemia, que han devenido en comunicados con cierto olor a culebrón rocanrolero y despedida en el alero. Scottie Pipen: a la espera de palmeo andamos. Otros lo hicieron de manera agria e incompleta, ya que finiquitar tres décadas sin el alma mater de la banda no se puede considerar un adiós en toda regla (Barricada).

 

Pero ahí queda el mejor repertorio del rock peninsular a perpetuidad y una vuelta improbable ya sin Boni (D.E.P). También me topo de frente con el caso de Los Suaves. Tanto fue Yosi al borde del escenario, que un día se precipitó al vacío, y esa sí que fue la última de aquellas reiteradas giras póstumas en las que parecía que se retiraban para siempre. Pero la salud es lo primero, y el legado pervivirá. Así que, seguiremos viajando al fin de la noche. Burning también dejaron de mover sus caderas antes de la pandemia. Y Rosendo… ¡En pie todo el mundo! ¡Gloria al padre! Se despidió con una gira antes de que el virus nos cambiara la vida. A lo largo de un año, nos dedicó su agradecimiento con esa humildad tan propia. Se jubiló por todo lo alto, tras cuatro décadas y un lustro más o menos, impartiendo clases de dedicación, honradez, y saber hacer. Con su inseparable Stratocaster colgada del hombro, como si fuese una extensión de su figura. Maneras de vivir.

Eso de las giras de despedida que nunca lo llegan a ser, resultan muy comunes hoy en día

A nivel internacional, voy a pasarla así, de refilón, con un suave toque de empeine a la ironía por lo que significan estos malos ejemplos de adioses y retornos: Mötley Crüe, Kiss, Scorpions, Queen, Black Crowes, etcétera. Porque eso de las giras de despedida que nunca lo llegan a ser, resultan muy comunes hoy en día. Da igual que los miembros del grupo no se soporten, o que exijan viajar por separado para esa reunión. Algunos hasta parecen funcionarios del Rock. Y al final, lo que yo creo, es que el factor que impulsa esa vuelta a los escenarios, no es otro que una buena ristra de facturas, producto de sus elevados niveles de vida. Pese a que lo de aumentar la colección de Lanborghinis… influirá lo suyo, digo yo. En este apartado, el que se lleva la palma es Ozzy Osbourne. El que fuera cantante de Black Sabbath, lleva despidiéndose desde la gira de 1992,  en la que tuvo el poco acierto visionario de bautizarla con el nombre de: “No more tours”. A su favor, constatar que al cuarteto de Birmingham, sí que le dio sepultura tras varios conatos de epílogos en el pasado.

Normalmente, y como los viejos rockeros nunca mueren, suelen ser las enfermedades las que los apartan bruscamente de la carretera. Eric Clapton, por ejemplo, se retiró hace poco debido a una patología que le provocaba temblores y calambres; imposibilitándole el tocar su guitarra. Por lo cual, “Mano lenta”, únicamente se presentará ante nosotros mediante sus discos ya registrados, y recuperadas  rarezas de Cream. Mejor eso que nada ¿no?

Normalmente, y como los viejos rockeros nunca mueren, suelen ser las enfermedades las que los apartan bruscamente de la carretera

Peculiar es el caso de Leonard Cohen. El canadiense se retiró a practicar la meditación a un templo budista, tras una carrera que comenzó tarde, con 33 años. Cuando ya encontró la paz interior, liberándose de sus años de adicciones, se enteró que su mujer de confianza y manager de toda la vida le había estafado cinco millones de dólares; dejándolo en la quiebra económica. Por lo cual, la voz más grave tras la “dracularizada” de Cristopher Lee, volvió a deleitarnos con recitales de prolongada duración. Curiosamente, una vez que su cuenta bancaria recuperó el fuelle perdido, podría haber desandado su camino, pero ya no se detuvo, y siguió encadenando trabajos y giras con tres cuartas partes de siglo sobre sus espaldas, con vahídos en escena incluidos.

A mí, que me encantan las historias de losers y que en mi trastero musical los corono como lo que son: los ganadores de esta vida, a veces tan injusta; me pide la vez el caso de Stevie Seasick. Me explico: a un hombre que saca su primer disco con 64 años, que se fabrica sus guitarras con latas metálicas de aceite de coche y palos de escoba entre otros utensilios. Que tras una vida nómada y sin hogar, conoce las mieles del éxito dejando boquiabierta a la audiencia del Festival de Glastonbury con su blues marchoso, y con el único acompañamiento de un batería, que parecía también sacado de algún vagón de mercancías… a un tipo así, sólo queda rendirle pleitesía. Un lutier de vertedero, que hace oídos sordos a un hipotético retiro, a sus 74 años. Y ciertamente, lo suyo está justificado. Es digno merecedor de disfrutar de su momento, aunque sea tardío.

Me encantan las historias de losers, que en mi trastero musical los corono como lo que son: los ganadores de esta vida, a veces tan injusta

Pero para acabar, no me iba a dejar a la que para mí se trata de la gran gira final que no lo fue. Y eso, ocurrió porque el Rock tiene estas cosas y es así de caprichoso. Se trata del caso del ex guitarrista de la pub band por excelencia: Dr. Feelgood. Bien, pues resulta que al protagonista de este hecho, al gran Wilco Jonshon, tras una revisión se le diagnostica un cáncer de páncreas. Él, al conocer su enfermedad, rechaza el tratamiento de forma voluntaria. Decide que esos 10 meses como mucho, que le han concedido los médicos de vida, los va a invertir en una gira en la que va a hacer lo que siempre le ha motivado, y en la cual se despedirá de sus seguidores. Hasta su compañero de juergas  Roger Daltrey, cantante de The Who, se apresura a grabar con él un disco que tenían pendiente de tiempo ha… por si acaso. Pero la gira acaba, siendo todo el mundo testigo de que Wilco no se ha acreditado ni tan siquiera para darse un garbeo con A Santa Compaña por el backstage de la otra dimensión. Otras pruebas y diversas opiniones médicas, además de una operación, le permiten que a día de hoy, siga culminando proyectos musicales tras la prórroga que el Dr. Rock le puso entre acorde y acorde en la mano.

Por lo tanto… veremos el tiempo pasar, como el pasar de las nubes, sí. Pero que nadie se crea tan osado como para irle a preguntar a Keith Richards, o a Angus Young, ¿a qué huelen las nubes? Por favor… Porque una buena lluvia de puñales afilados y de punta, caerán sobre nuestras cabezas el día que los Stones (eso de los Rolling está mal dicho), o los AC/DC (ya no digo nada del que se refiera a ellos como “eisidisí” je, je)… nos miren fijamente y se despidan con un “chiquiteado”: ¡Hasta luego Lucas!

P.D.  Y se acabó.

Dile adiós a la tierra, dile adiós al sol, dile adiós a la luna… adiós al Rock and Roll

Siniestro Total.

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