Me despierto y la resaca todavía sigue ahí – el mal cuerpo, la ansiedad, las ganas de vomitar. ¿Qué hago? ¿Vuelvo a hacerlo? Seguramente no debería, pero es que me quita el sueño no hacerlo. Me está quitando el sueño algo que hasta ahora solía utilizar para divertirme, pero es que ahora lo necesito para desahogarme, para liberar la angustia que siento desde el jueves pasado.

Abro Twitter y salta una alerta de notificaciones en la pestaña de interacciones. En vez de emocionarme cual niño que está a punto de abrir un regalo en navidad (reconozcámoslo, las interacciones en Twitter más allá del ‘Quizá este tweet te interese’ o ‘EseAmigoQueSigueVivo ha retwitteado…’, no existen), me invade el desasosiego. Leo (literal): ‘Eso por ‘’Lista’’. Dedícate ( presupongo) a la rama de medicina que te ocupe bonita. La Ley para juristas y profesionales. Besis. *cierra con un GIF de Berto Romero diciendo ‘ZASCA’*’.

Me muerdo los dedos para no contestar PORQUE A BERTO ROMERO NO SE LE INVOCA EN VANO. Eso para empezar, y perdón porque ya me he alterado. Después, hablemos de que en mi perfil pone claramente que soy actriz – puestos a ofender, investiga a quién ofendes (ya ni nos preocupamos de buscar el punto débil de los adversarios. ¡Si los romanos levantaran la cabeza!). Por último, mi segunda Ley (así, con mayúsculas, como la tuya), es la de la RAE, pero para no ser una pedante vital, evitaré comentar el uso que (no) haces de la puntuación y de las letras.

De verdad, esta semana deberían darme un Nobel a la paciencia. He intentado no contestar a nadie. He tenido que hacer una excepción con un señor que tenía una foto de perfil de Manolo Escobar en una bandera de España que rezaba: ‘Manolo Escobar vive’. Me llama ‘come bolsas’. Le digo que ‘Manolo Escobar no está muerto, está en Hawaii con Elvis’. Revisando el Tweet, veo que se ha cambiado la foto. Ahora es la bandera franquista. OH. La sorpresa.

No me he vuelto Twitstar de eso (o como se escriba), simplemente he despertado a un manojo de cuñados y cuñadas (no sabía que había tantos) porque se me ha revuelto el estómago vastamente cuando he leído a un señor desmenuzar y justificar la sentencia del juicio a ‘la manada’ (así, en minúscula, porque las mayúsculas son para gente decente). Un señor que defendía que la sentencia era correcta; que los acusados, esos cuyo plan era salir a violar, merecían un juicio justo al igual que la Mujer (nótese la mayúscula) a la que habían violado; Que era agresión, porque según el derecho penal, no había habido violencia o intimidación. Que ella había pedido una ‘habitación para follar’ y ‘gemía’. Le pregunto si conoce el ‘estado de shock y la disociación’. Me contesta con una captura de la sentencia que afirma que los forenses no encuentran síntomas algunos. Creo que me ha dejado KO hasta que me acuerdo de que se ha ‘olvidado’ del detalle de que iba borracha. De Pozoblanco. De eso no quiere hablar. Acabáramos.

Cuando creo que ha terminado la conversación, el cuñado ‘feminista’ aparece. ‘No nos metáis a todos en el mismo saco, es injustísimo. A mí también me da miedo ir por la calle’. Por Dios, Mamá, dame fabada, que me da menos asco que este razonamiento(con todos mis respetos a la fabada y a la gente a la que le guste – pertenezco a una minoría, lo reconozco).

La actriz Alba Novoa

 

Pero lo mejor es que, entre esta vorágine de cuñadismo derechil neofeminista de pega (sin querer yo entrar en política, pero durante mi observación de este segmento de población he descubierto ciertas características comunes que pensaba, una vez más, que eran un mito, un estereotipo. Pero NO. Es real como los bombones que me estoy comiendo), aparece una mujer (nótese la minúscula) diciendo que lo que había tenido lugar era un gangbang en toda regla, que qué poca vergüenza. De verdad, el asco alcanza límites insospechados. La incredulidad, también.

Dejemos al margen al pobre señor juez que decía que la chica estaba disfrutando. Carajo, no. No lo dejemos al margen – me gusta imaginar que es uno de esos señores que tiene una familia feliz, de las envidiables, de las que van el sábado a hacer la compra de la semana y el domingo a misa. De las que invitan a los amigos a ver los partidos de la selección y tomarse unas cañas al chalet de la playa. Pobre hombre. De verdad. Tanto tiempo esforzándose por guardar la imagen junto a su esposa y ahora, de repente, de un día para otro, toda España sabe que ve porno hardcore a diario porque hace años que no hace el amor con su mujer (y sé que no lo hace porque sólo una persona con una vida sexual tan pobre puede asumir como real, normal y deseable esa situación). Pobre esposa – a ti te digo: búscate uno más joven, querida, que además de ser más resuelto entre sábanas, a la vista está que no es difícil que tenga unos valores más ‘en condiciones’, como se dice por aquí.

Vale, lo mismo me equivoco en el párrafo de arriba, pero es que si este señor se ha permitido no sólo desacreditar a esta Mujer (provocando, probablemente, que le surjan dudas sobre lo que ella ha vivido en sus propias carnes), sino sentenciar con la pluma bien abierta que disfrutó con ello; si él ha podido hacer eso como hombre, yo puedo intentar pegarle un pellizquito como mujer.

Me extiendo demasiado este mes, y lo sé, pero es que vomito las palabras. Es que no puedo aguantarlas. Es que no me cabe en la cabeza cómo hay gente que puede ver creíble que una Mujer de 18 años acceda a tener relaciones sexuales con cinco desgraciados (por favor, por favor, por favor, que a esos ni con un palo, señores. Ni con un palo), sin preservativo, en un portal cualquiera. Que lo del móvil y lo de la ropa fue por despecho. ¿Qué esperaban ellos de ella entonces? ¿Matrimonio y no se lo propuso? Lo de grabarlo todo lo pasamos por alto que no tenemos como rebatirlo, ¿verdad? No hubo violencia. Ella no se resistió. No pegó, no arañó. Ellos, a ella, tampoco. Como si no fuese lo suficientemente violento pensar que te vas con un chico (que, por supuesto, no tiene nada de malo) y que te aparezcan cuatro más. No hubo intimidación aunque la acorralaran en una esquina. No le dijeron ‘ten miedo, te vamos a hacer polvo’. Ella entró en el portal voluntariamente. Y yo no puedo hacer otra cosa que ponerme en su lugar: llevo a cinco tíos a mi alrededor, me llevan agarrada de la muñeca, borracha (seguramente ni pueda correr, ni sea consciente del todo de lo que está ocurriendo). ¿Qué hago? ¿La lío parda y me arriesgo? La respuesta dejó ojiplática a mi madre: ‘me dejo y que sea lo que Dios quiera’. Lo peor es que mi madre, después del mini shock, tuvo que darme la razón.

No podemos seguir sin aclarar una cosa, que son ellos cinco y los que están en la cárcel, nada más. Los que pegan, los que matan, los que tienen la mirada sucia y pinta de malvados. Ellos son los malos, no metamos a más hombres en el saco. No metamos a los chicos que nos cruzaron el coche cuando íbamos haciendo jogging por la playa. No metamos al amigo que se aprovecha de la situación cuando llevamos un par de copas. No metamos a la pareja que nos fuerza a hacer el amor (violentamente o no) habiendo expresado una negativa clara. No metamos a los familiares que se aprovechan de la coyuntura. No metamos a los desconocidos que te dicen cosas por la calle. No metamos a los que te tocan el culo en los pubs. Pero lo más importante, no metamos a los amigos de los que no pueden ser metidos, por defenderlos.

No sé qué me asusta más, si el hecho de que me pueda ocurrir a mi o a cualquier otra mujer o el hecho de que haya gente en este siglo que siga sin aceptar que existe un problema de fondo, educativo en su mayoría (curioso como la mayoría de los problemas se arreglarían con una educación en condiciones. Parece ser que en el gobierno no se dan cuenta). No sé si es peor que un amigo de los acusados defienda que ha participado en orgías de 10 contra 1 y que es algo normal, o que los jueces les den la razón, tanto por acuerdo como por falta de empatía.

Pero ya está bien de hablar de ellos, que bastante protagonismo tienen ya. Que ya llega. Que nosotras tenemos que poder salir solas a la calle. Que tenemos que poder emborracharnos sin que nadie se aproveche de nosotras. Que tenemos que poder llevar puesto lo que queramos sin que se nos diga que ‘vamos provocando’. Que tenemos que poder acostarnos con quien queramos sin correr peligro. Que tenemos que poder volver a casa sin llevar las llaves como un puño americano. Que tenemos que poder ir por la acera que queramos sin tener que estar pendientes de quién viene detrás. Que tenemos que dejar de ser vistas como un objeto follable. Que tenemos que poder dejar de tener miedo porque no os podáis aguantar. Que tenemos que dejar de tener culpa. Que tenemos que poder tener el mismo poder.

 

Ahora, y sólo ahora, el subnormal de Twitter que me llamó ‘feminazi’ puede tener razón.

Pero me la suda.

#YoSiTeCreo 

 

Por Alba Novoa 

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Alba Novoa