Llevo un rato dándole vueltas a algo que tuve que solucionar ayer, pero no lo hice: ¿por qué tengo en mi mesa de 50×50 una bandejita de bombones del super vacía de bombones pero llena de servilletas de Peppa Pig? ¿Por qué mi mano no cogió las servilletas de una capa, de las de marca blanca? ¿Por qué mis oídos se marcaron un Beethoven y no escucharon a mi hermana diciéndome ‘ALBA, ESAS NO’? No entiendo nada. Lo único que sé es que ahí están, junto a los mantecados, mirándome.

Al otro lado, tengo el árbol de navidad, ya adornado. Involuntariamente, la amiga de mi hermana me ayuda a darme cuenta de que los dos adornos de Disney que hemos comprado nos han salido más caros que el árbol en sí. El resto de adornos no están incluidos en el precio final del susodicho.

Quiero aprovechar la ocasión para dejar constancia de mi opinión sobre el tema de la decoración del árbol: si no parece que le ha potado un unicornio encima, no cuenta como árbol de navidad. ¿Qué paparruchada es esa de decorarlo todo combinado? ¿Qué felicidad es esa? Todo el mundo sacando el Pantone en el Primark para comprar los adornos, como si fuera a venir el ‘Hola’ a hacernos fotos como si fuéramos la Preysler. Pues me niego – si dicha revista viene a hacerme un fotorreportaje navideño, me pillará en bata, con un moño mal hecho y una torre de pañuelos en vez de bombones. Y mi árbol de todos los colores, rollo que duela cuando lo mires. Y con villancicos cantados por Andy y Lucas (siguen vivos, el otro día los vi) por banda sonora.

Ahora que he empezado con lo de la navidad quiero tratar otro tema: las luces. Leo mucho que por arriba os quejáis de que faltan, preguntáis al aire que dónde están, que ya no hay – No os preocupéis, que es que se las han traído aquí a Málaga. Tenemos un alumbrado en la calle principal que ni la Torre Eiffel y Disneyland juntos – eso sí, con una temática religiosa que da gusto. Yo, desde mi punto de vista de niña que siempre estuvo en ética y no confió en creer a ciegas porque sí (hasta que llegó ‘La Bella y la Bestia’ y me enseñó que detrás de los gañanes hay belleza – mentira. Muy mentira), creo que eso de darle el toque religioso (católico) a todo está de más. Sin ánimo de ofender a nadie, pero está ‘ranciete’. Ahora, también os digo, tenemos un espectáculo de luces de la leche: dos minutos y medio de luces que se encienden y se apagan al ritmo del ‘Feliz navidad – I wanna wish you a merry christmas’ (ese que cantan unos guiris con acento de guiris). Te pone los pelos de punta.

Alumbrado cale Larios (Málaga)

 

Sé que estáis pensando en que estáis desperdiciando vuestras navidades si no bajáis a ver el espectáculo, pero oye, que no hace falta que vengáis. Que si la calle Larios tiene 350 metros de largo, calculo que puede haber como 1050 vídeos del momento por pase en YouTube. Si tenemos en cuenta que hay dos pases por día desde el viernes pasado hasta el día 6, podemos concluir que las luces de calle Larios en Málaga son el espectáculo más visto después del ‘Antes muerta que sencilla’ de Mª Isabel en Eurojunior. Si tenéis un cuñado manitas con esto de los ordenadores, puede hasta reconstruiros el alumbrado de manera digital para que paseéis por él en casa.

La navidad me gusta pero me parece muy aleatoria también. Yo es que soy una chica sencilla, de costumbres simples. Lo de regalar así porque sí y recibir de vuelta el mismo regalo en reyes, no me va.

Prefiero liarme en una manta, salirme a la terraza en pleno diciembre y meterme en mi carpita de circo del Ikea con mis mantecados, mi té, mi moño y mis servilletas de Peppa Pig a escuchar villancicos de Michael Bublé mientras miro la luna llena.

Aún sigo sin saber por qué tengo estas servilletas tan ‘chachis’.

No tiene sentido.

Pero me da igual.

Por Alba Novoa 

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Alba Novoa