Drusila

Drusila

 

 

Nació en el año 1923, el la ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires.
De origen humilde, padre carpintero, madre modista, creció en un barrio apartado, de inmigrantes, un sitio donde el campo era más contundente que la ciudad.

A pesar de carencias económicas, sacrificios y todo lo que significa luchar para salir adelante, el niño tuvo una infancia bella. Jugaba al fútbol con pasión en potreros embarrados, correteaba por las calles de tierra con sus amigos, y, era un buen estudiante. Curioso y aplicado.

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En esos duros tiempos la niñez tenía también responsabilidades, y el niño debía ayudar a su padre en las labores de carpintería, desarrollo gran habilidad manual, y aprendió en la práctica los principios que hacen funcionar a un elemento, principios simples, palanca, la utilidad de un nivel de agua, el perfecto encastre gracias a un correcto ángulo.

En su temprana niñez, recibió también la potente enseñanza de su abuela, humilde inmigrante con el don de la sabiduría de la mujer de campo.
Ella entendía el idioma de la naturaleza, poseía una pequeña granja que le daba su sustento.
Cultivaba su huerta con callosas manos expertas, y le mostraba a su nieto la maravilla de la germinación de una pequeña semilla, dominaba el arte de injertar, y el pequeño presenciaba fascinado como de una higuera conseguía diversas variedades del fruto, o como de un duraznero injertado maduraban además ciruelas y damascos.
Su abuela le enseño ” a ver belleza en una simple rama seca”

Su madre modista le dio amor y tranquila rutina, su padre el oficio práctico y creativo de hacer funcionar a los objetos, su abuela misterios de la naturaleza.
Y así creció, en un ambiente familiar, simple y profundo.

Con el paso de los años se recibió de médico en la Universidad Nacional de La Plata, ya en su época de estudiante, mostraba fuerte interés por los pacientes, los visitaba asiduamente fuera del horario académico para dialogar con ellos. El veía a la persona, no a una enfermedad.

No aceptaba interferencias políticas, para uno de sus primeros cargos debía firmar una cláusula aceptando la doctrina del gobierno de turno, y afiliarse al partido Justicialista. No lo hizo, no encontraba lógico la mezcla entre la medicina que a su entender debía ser equitativa para todos, y la política, que no suele serlo. Menos por imposición.

Por ello fue médico rural en la localidad de Jacinto Arauz. Junto a su hermano, también médico, fundo allí un centro asistencial. Desapareció la mortandad infantil en la zona, así como la desnutrición y muerte en partos. Realizaba charlas comunitarias para instruir a los campesinos.
Vivía de forma austera, consideraba que la medicina no era un negocio.

Gracias a sus logros profesionales, en 1962 se radicó en Cleveland, se interesó y especializó en cirugía cardiovascular.
A comienzos de 1967 estudio la posibilidad de utilizar la vena safena en cirugía coronaria, nacía el bypass, ¿ Cuántas vidas salvó ?. Nunca patento su método. Fue su regalo a la humanidad.
Su prestigio creció internacionalmente. Posteriormente actuó como pionero en angioplastia con stend, y surgió su sueño, de crear un centro de excelencia similar al de Cleveland que combinaba investigación médica, atención y docencia.

Vuelto a Argentina, y en el año 1975 levanto su fundación, invirtiendo en ella hasta su último centavo. Su vida seguía siendo austera.

La Fundación creció rápidamente en prestigio, excelencia, investigación e intervenciones médicas brillantes. No se hacía distinción alguna de clases o de creencias, fueron tratados y sanados desde los más humildes hasta los más encumbrados, el mismo gran médico trabajaba incansable tanto practicando medicina, como publicando ensayos, libros, cartas, y recaudando fondos para seguir su tarea.

En pocos años la Fundación se volvió referencial, casi mítica.

Sin embargo, salía más dinero del que entraba, se invertía mucho en equipamiento, tratamientos, medicina, cuerpo médico cuidadosamente seleccionado. Las donaciones y el apoyo estatal raleaba. Se cuenta la anécdota de una señora varias veces millonaria, Amalia Fortabat que acudió para una cirugía de cadera, su colaboración fue una caja de Champagne.

En el año 2000 la Fundación que trataba a pobres y ricos, en situaciones de vida o muerte, asistía con toda responsabilidad y maestría médica a personas con graves problemas de salud, que educaba a una generación de médicos dentro de los conceptos del Gran Médico fundador, se encontraba con una terrible crisis económica.

El Gran Médico veía desmoronarse el mejor centro asistencial del país, escribió cartas desesperadas al gobierno de esa época, a funcionarios, a medios, pidiendo ayuda.
El entonces presidente De La Rua lo ignoró, los funcionarios lo ignoraron, el ministro de salud lo ignoró.
El Gran Médico se lamentaba de ser “Un mendigo en su patria”.
Podría haberse marchado a cualquier otro país, cualquiera, en el que sería recibido como héroe.
Podría haber privatizado la Fundación y cobrado la asistencia.
Podría haber hecho mucho por su propio bien.
Pero no era cualquier persona, era un humanista, un ser ético y moral, un ser extraño para nuestra sociedad.

Decidió que Argentina necesitaba una muerte para tomar conciencia. Y se inmoló.

Un certero disparo en un órgano que conocía muy bien, su corazón.
El Hombre Generoso, Brillante, y fundamentalmente Bueno se marchó.
No hay una calle con su nombre, ni una plaza, poco se habla hoy de el y su espantoso final.
La Fundación Favaloro sigue respetando el concepto de su fundador, los médicos siguen trabajando. Pero ese poderoso faro que iluminaba al país desapareció, como tantos otros.

Doctor Rene Geronimo Favaloro, 12 de julio 1923. 29 de julio 2000.

 

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y texto)