Alba Novoa

Alba Novoa

Hay maneras de viajar. Muchas maneras. Tenemos los pies, las bicicletas, los ciclomotores, las motocicletas, los coches, los autobuses, los autobuses con alas (cualquier aerolínea low cost. En especial, la amarilla y azul. El aire de Ryan. Sabéis de cual os hablo o os tengo que vender rasca y gana vestida de azafata a gritos mientras dormís?), los aviones, los barcos, los trenes…muchísimas. Todas nos llevan todo lo lejos que queramos. O que podamos – no es la primera vez que disfruto del paisaje que me ofrece el KM 458 de la A6. Es divino. Eso si que es ser hipster, nenes, no lo de las barbas y el café de €5 el vaso. Mucho Hemingway y Kafka, pero al ir de viaje a los sitios os metéis en McDonalds y Starbucks como todo el mundo.

Bueno, que me pierdo. Nos tienen acostumbrados a que viajar es subirnos a un medio de transporte y desplazarnos hasta otro lugar. De acuerdo. Es así. Punta Cana y su todo incluido, Londres es para ver llover, París es para enamorarse, Nueva York para vivir la libertad (vigilada, por supuesto), y China es para las imitaciones. Qué? Es verdad. Tengo miedo de ir a China y que me hagan una gemela.

De lo que quieren hacer que nos olvidemos es de que tenemos formas de viajar no tan comunes e igual de efectivas. No, no considero el teletransporte como opción y tú, querido lector, tampoco deberías haberlo hecho. Para. No lo hagas más, hombre. Que eso no puede ser. Deja de pensar en máquinas grises que producen halos verdes cuando entran los seres humanos. Ya? Venga, vamos a seguir.

El tema es que podemos viajar sin movernos de nuestra ciudad. A veces, podemos viajar incluso sin movernos de nuestro sillón, de nuestra cama (malpensado, eso tampoco es). Nos olvidamos de que hay viajes que se hacen a través de simples hojas de papel. A veces, no hace falta nada más que eso, una hoja de papel en blanco para empezar a imaginar. La imaginación es el medio de transporte más efectivo que hay – no hay retrasos, no hay volcanes que interrumpan el tráfico con sus nubes de humo, no hay precio que pagar por el billete, con algunas excepciones.

Esas excepciones son los libros, el teatro, la música. No, no me refiero a los libros que nos quieren vender por narices, o a los libros que tratan sobre princesas del pueblo (aunque mejor leerlos que verla por la tele, todo hay que decirlo), sino a los libros que nos trasladan en el tiempo sin quererlo, que nos enseñan nuestro mundo, ese mundo que muchas veces no podemos visitar por culpa del ritmo que llevamos en el día a día. No, no me refiero al teatro hecho y concebido para que el espectador admire la figura del actor famoso que está en escena y se pase la obra pensando en cómo va a pedirle el autógrafo a la salida, sino al teatro que hace pensar, al que llega al corazón, al que te mete en la historia, sin importar quien esté en escena. No, tampoco me refiero a la música con la que nos bombardean en las radios constantemente. Me refiero a la música que hace sentir, a la música que no está diseñada para hacerte sentir de una manera y vender, vender, vender.

Ojo, no pretendo que esto sea una oda hipster – soy como los padres ‘escuchad/ved/leed lo que os digo, no lo que yo escucho/veo/leo’. Pero, cada día que pasa, con cada viaje que hago (en avión o en mi sillón), me doy cuenta, cada vez más, de que estamos destruyendo nuestra cultura. De que nos quieren quitar las ganas de viajar en condiciones, con buen equipaje. De que prefieren que vayamos en la low cost, con equipaje de mano de medidas determinadas de las que no te puedes salir. De que nos quieren anular la imaginación (recordad, estamos en crisis, no hay hueco para cosas no reales. La cosa está jodida, pensad en eso. Pensad en eso todo el día. Sólo tenéis derecho a pensar en eso, porque nos vamos a pique).

Pues, sabéis lo que os digo? Merece la pena facturar equipaje. Por caro que cueste. Viajad. Viajad todo lo lejos que podáis. Imaginad. Leed. Escuchad música de todos los tipos y ved teatro, desde el raro que nadie entiende hasta el más tradicional. Todo vale cuando se trata de soñar. Y los sueños son lo único que no nos pueden quitar.