• Agricultores, ganaderos y viticultores de la comarca afirman que  la persistente sequía y las altas temperaturas arruinan el campo

Cepa seca por el calor

 

“No recordamos una sequía como ésta, el campo se muere”.  Así se expresan agricultores, ganaderos y viticultores de la comarca de Valdeorras, un fenómeno que está ocurriendo en buena parte de la geografía española.

Aemet y MeteoGalicia ya lo han ido valorando en sus predicciones e informes, argumentando el descenso de precipitaciones con respecto a los años anteriores.

Mario Nogueira, ganadero de A Rúa que tiene su explotación en el fronterizo municipio de Quiroga (Lugo), relata la repercusión negativa para la actividad ganadera: “No hay pasto, está seco, ni agua para el ganado.  El Ayuntamiento de Quiroga me lleva agua comprada. Hay que pagarla pues el manantial no da la suficiente, está casi seco. Esto no pasó nunca”, lamenta.

Mario Nogueira cuenta que el ganado de explotaciones extensivas “recorren kilómetros buscando pasto y comida, muy escaso y para beber, lo mismo”

“Valdeorras parece África, pasan las nubes, y nada, no llueve”, dice con tristeza.

Bueyes de Mario Nogueira

 

El mismo problema acusan ganaderos de Viana do Bolo, perplejos porque nunca antes habían vivido una situación similar.

Por su parte, agricultores consultados de A Rúa, explican que “las plantas de tomates han secado, no ha habido una buena cosecha de productos hortícolas, todo se seca. El calor arruina el campo, todo. Es una lástima. Se ha trabajado para nada”.

Este vecino de A Rúa, también de apellido Nogueira, muestra sus plantas secas de tomate

 

En la misma línea se pronuncian viticultores de la zona, que afirman que si en abril fue el mes de la gran helada que aniquiló los viñedos, ahora la sequía y las olas de calor han acabado con  cepas centenarias. La cosecha será pequeña y eso se traduce en pérdidas económicas. Lleva sin llover desde mayo”, argumentan.

A ello hay que sumar los problemas en las traídas de agua. Algunos pueblos de Valdeorras han tenido que recurrir a cisternas para el suministro y otros temen lo peor si no llueve, como es el caso de Vilamartín, cuyos manantiales se están secando.

Y lo peor, que la sequía se traduce en un verdadero polvorín para los incendios.

Tomates secos