Alba Novoa

Alba Novoa

Tengo que escribir esto o reviento. Reviento mucho. Reviento más que una botella de cocacola después de echarle un paquete de mentos dentro.

Voy a confesar, aquí y ahora, algo que pocos saben. O a lo mejor lo saben muchos, pero yo siempre he defendido que, de pequeña, me cambiaron el cerebro por una memory card de 8 gigas, así que es probable que no recuerde cuán secreto es lo que voy a contar ahora.

 

Veréis, yo iba para cómica, pero me quedé en actriz. Sí, sí. Habéis leído bien. En ese orden. Esta vez no es que esté ante un caso de ‘dislexia salvaje apareció’ y me haya quedado sin pokéballs. Es así. Yo quería ser cómica. Y todavía quiero, mis intentos desesperados de hacer reír a la gente me delatan cada día. A veces salen bien, a veces fallan. Como el de ayer. Se ve que decirle a un sueco que una de las cosas que más te gusta hacer es clavar banderitas en las albóndigas suecas no está bien. Aún no entiendo por qué se fue corriendo. Con las manos en modo ‘protector de genitales de rugby’. No entendí nada. Meh. Suecos.

No me entendáis mal, no es que no me guste ser actriz. Me encanta, lo adoro y no lo cambiaba por nada en el mundo. Ahora mismo sé que algunos de vosotros estaréis muy preocupados pensando en mi futuro. No lo hagáis. No os molestéis. No me digáis que todo va a ir muy bien, que ya veré qué pronto estoy en la tele en el ‘Sálvame’. O en el ‘Gran Hermano’. Bueno, no. Decídmelo. Por favor. Así la idea de terminar trabajando en una cadena de comida rápida será mucho más digna en comparación con acabar en un plató vestida de mercadillo y rajando de la gente pensando que soy una persona culta y tal. Así iré más feliz a poner MacHamburguesas de pollo de goma o Tacos de la diarrea infernal.

La cuestión, tuve unos padres un poco inconscientes que lo único que me prohibían ver eran los Power Rangers, Bola de Dragón y Sailor Moon (Doraemon si, porque Doraemon no tiene nada extraño. Sólo es un gato con un bolsillo de canguro del que saca mierdas para volar). ¿Os acordáis de cuando ponían Los Simpsons por la tarde? A las ocho, para ser más exactos. Pues yo si. Y me acuerdo perfectamente del día en el que, vestida de mini Britney Spears (no preguntéis, sois más felices sin saberlo), terminé de bailar en mi cuarto y decidí que era el día de hacer una meriendacena en condiciones, como Dios manda, de esas meriendacenas en las que untas el pan de nocilla y dices ‘y, ¿cómo sabrá
con mortadela?’ Y LE ECHAS DOS LONCHAS DE MORTADELA LA PIARA (señores de La Piara, esa mortadela es amor puro y ya no existe. Que vuelva) PARA VER COMO SABE PORQUE MOLAS QUE TE CAGAS.

En realidad no molas que te cagas. Molas que vomitas, porque aquello sabía a dolor menstrual, mezclado con huevo podrido y con un ligero aderezo de ‘me han puesto un 4,9 y no me suben a un 5, así que voy a septiembre’.

Terminé de vomitar y pensé que quizá sería mejor comerme un tomate aliñado de toda la vida y una tableta de chocolate y santas pascuas. Y así fue. Lo preparé todo, me senté en la mesa de la cocina y puse la tele. No estaban Los Simpsons, era muy pronto todavía. Hice zapping. En algún canal que no recuerdo bien, había un señor con un micrófono en un teatro.

Oh. ‘Esto es nuevo’, pensé. Oh. ‘Hace risa’, pensé mientras reía. Oh. Qué dolor, el día que descubrí El Club de la Comedia. Qué dolor el día que descubrí el ‘stand up’. Qué dolor para mis padres, que hasta el día de hoy están cansados de escucharme repetir los chistes de mis cómicos favoritos. Eso os pasa por no dejarme ver los Power Rangers. Toma ya.

PD: ¿Sabéis que ha vuelto Angel Martín a la tele y que ya no tenemos que ver a actores que ‘interpretan’ monólogos de stand up? ¿Sabéis que mola mucho su programa nuevo? ¿Que es en La2, los domingos por la noche? Prometo no volver a hablar de esto. Pero vedlo. Soy muy feliz. 

 

Alba Novoa

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