• Retomamos un tema interesante para la economía familiar
  • En un ‘tono’ cercano, repasamos el concepto

 

refinanciacion

Cuando las cuotas que debemos de afrontar de nuestros préstamos a final de mes suponen un porcentaje importante de los ingresos que tenemos la cosa comienza a tener muy mal color. Una reducción de los mismos o un incremento en las cuotas a pagar puede ser la gota que colme el vaso de muchas economías domésticas.

Ante esta situación, lo más normal es que nos replanteemos el reestructurar nuestras finanzas personales, y dado que no podemos incrementar los ingresos, la cosa deberá de ir por contener los gastos.

Los tipos de interés unidos a la imposibilidad de generar más ingresos, lleva a muchas familias, si es que ya no lo han hecho, en estos momentos, a plantearse la reunificación de deudas.

Cuando hay pago de hipoteca, préstamos personales, tarjetas, …, la suma de las cuotas se verá afectada por la subida de tipos, llegando incluso a suponer el 100% o más de los ingresos de la unidad familiar (y ya no digamos si por desgracia el desempleo cae o está en la familia).

La cosa pasa por reducir al máximo las cantidades que se deben de devolver al mes en cuestión de pagos de deudas. ¿Cómo?

Lo más habitual, cuando hay hipoteca que pagar, es reunificar todas las deudas pendientes en una sola con la garantía real (propiedad inmobiliaria) como respaldo. Se solicita más importe que el que haya en la hipoteca actual con el que se cancelan el resto de deudas y se negocia ampliar el plazo de la hipoteca, con lo cual el efecto de reducir las cuotas a afrontar mensualmente es considerable.

Con esto no decimos que sea un proceso barato, ya que por un lado, ampliar el plazo de devolución significa pagar más cantidad de intereses, y por otro, la cancelación de los préstamos para unificarlos en uno sólo conlleva una serie de comisiones y de gastos. No es barato pero sí necesario.

Cuando lo único que se tiene es la cuota de la hipoteca y se necesita pagar menos al mes, hablar con la entidad financiera en la que tienes firmado el préstamo hipotecario se hace necesario. Puede que una ‘novación’ (cambiar alguna de las condiciones del préstamo, como ampliar plazo o reducir tipo de interés) contribuyan a la estabilidad de las finanzas familiares, pero no lo sabremos hasta que hablemos con nuestra entidad. Debéis de tener en cuenta que lo que seguro que no quiere la entidad es aumentar la morosidad que ya poseen, con lo cual seguro que están en actitud de buscar una solución beneficiosa para ambas partes.

En otras ocasiones, si no existe hipoteca, sino que la deuda la componen diferentes operaciones de préstamos personales o tarjetas de crédito, la situación pasa por poner una propiedad en garantía y renegociar a más plazo las deudas actuales, poniendo la citada garantía real avalando la operación. Se consigue periodificar la deuda y reiteramos que puede que no sea algo barato, pero sí que es algo necesario.

Lo que si podemos decir como un consejo generalizado, es que cada cual analice sus finanzas personales en estos momentos teniendo en cuenta unos cuantos años y tener previsión de que las cuotas de las deudas van a ir en aumento (salvo que tengan los préstamos a tipo fijo) con lo cual, como más vale prevenir que curar, mejor será saber que opciones tenemos en caso de que debamos de acudir a ellas.