Drusila

Drusila

La necesidad de venganza es un sentimiento potente, y a veces absoluto, porque en determinadas ocasiones una parte importante de la vida de una persona es modificada en pos de satisfacerlo.
En pueblos como Japón y algunos del Mediterráneo llega a ser una cuestión cultural.
Sin embargo, muchas personalidades referenciales inducen a la idea de que la venganza es una bajeza, que la actitud correcta es ignorar la afrenta, renunciar con altruismo a cualquier devolución.

Némesis, hija de la Noche, es una deidad primordial, no sometida a ningún otro dios, y, su función principal es cuidar el equilibrio, quien lo desvalancee tanto por lo mucho o lo poco es castigado. También es deidad de venganza, es interesante como los antiguos griegos enlazan el equilibrio con la venganza. Se dice que todo lo que habría que analizar en cuanto a conductas humanos ya lo hicieron los griegos con sus mitos. Némesis, es necesario agregar, tiene entre sus atributos la justicia.

Sin embargo, ni la temible Némesis con sus Furias llegan al nivel de Jehová, quien con una reacción desmesurada de niño veleidoso, destruye a la creación entera, salvo a su fiel Noé.
Sobrepasa por mucho el ojo por ojo, actúa ojo por vida. Y así el Antiguo Testamento esta plagado de venganzas celestiales, donde más que buscar el equilibrio reparador, fumina al ofensor.
En otras creencias los dioses se muestran susceptibles en lo que ellos consideran actos injuriosos, como desobedecerlos, desafiarlos o ignorarlos.

Bajando de las alturas, para los mortales, la venganza es un acto personal, profundo, íntimo.
No es un acto de pueblos, hasta donde se sabe ninguna guerra se ha desatado por afán de venganza o justicia, siempre responden a intereses tangibles.
Si bien bramar venganza o justicia es un excelente aliciente para el ” público”.

Ahora bien, entendiendo a la venganza como una necesidad personal de obtener “equilibrio”, es decir, infligir al otro el mismo daño que causó, la pregunta consiguiente, a saber.
¿Es moralmente correcta?.

El terreno se torna resbaladizo, lleno de condicionamientos.
Volviendo a la religión de Abraham, en el Antiguo Testamento se declara un Si absoluto, en el Nuevo Testamento se induce a poner la otra mejilla, en el primero vemos un intento, desmesurado de justicia, en el segundo una actitud de mártir.
Extremos ambos que no sirven para dilucidar si la venganza es viable.
Némesis parece más racional. Equilibrio, justicia.

Se entiende que existen actos de venganza estúpidos, algunos no sólo no satisfacen el conflicto inicial, además lo agravan y extienden en el tiempo, otros, por el frenesí y la exageración, no distinguen al ofensor original y queman un bosque para derribar un árbol.
Ni hablar de aquellos en los que los destinatarios de la venganza ni se enteran.

En el Conde de Montecristo se aprecia y hasta se apoya esa venganza refinada, feroz, implacable, donde se golpea en el lugar que más duele a los culpables, si bien Dantes recibió ayuda importante de la diosa Fortuna. Aparecen víctimas colaterales, pero el lector, guste o no, disfruta del sofisticado engranaje de castigo.
¿Actuó bien Edmundo Dantes?.

¿Actuó bien Aquiles?, aquí nos topamos con una venganza discutible. Mata a Héctor enfurecido porque el príncipe Troyano había, a su vez, degollado en justo combate a su amante Patroclo, pero había un error de identidad, Patroclo se disfrazó de Aquiles, Héctor creyó entonces que eliminaba al original, no a la copia.
Y también es discutible la matanza por parte de Odiseo a los pretendientes de su mujer. Luego de veinte años de ausencia se lo creyó bien muerto, y los pretendientes actuaban en su derecho, más aún, cuando la mujer alentaba la boda.

Pero, que queda para quienes no son dioses, héroes o personajes de literatura.
Usted, imagine que un desgraciado asesina cruelmente a un ser querido, un niño por ejemplo, si sus primeros impulsos son el perdón, es usted un santo. Felicidades.
Pero, si a su vez usted asesina a un asesino se convierte también en un asesino.
Con una diferencia, equilibró la balanza.
No Matarás es un mandamiento loable, poner la otra mejilla requiere de un nivel de pensamiento inaccesible para el humano común.

Deducimos, un punto sencillo, la venganza es un resarcimiento y un correctivo, si se descarta el sistema venganza-equilibrio las cárceles desaparecerían.
Un golpeador de mujeres merece el perdón o, ser golpeado ferozmente por otra mujer.
Un torturador merece el perdón o, ser torturado sutilmente por un largo e inolvidable tiempo.
Un estafador merece el perdón o, ser estafado.
Un traidor merece el perdón o, ser vilmente traicionado.
Un dictador genocida merece el perdón o, bueno, lo que merece pasa a otro nivel.

Si, merecen el perdón, claro, luego de equilibrar el terreno.
En este artículo se apoya a Némesis.

 

Sonia Drusila Trovato Menzel