“Mala baba para buenos baberos”

  • Por Juan «El letrastero» desde su sección “Acuéstate y suda”

Fugas

Recuerdo muy bien la primera vez que vi: La fuga de Alcatraz. Aquella película protagonizada por Clint Eastwood me impactó, aunque también le di unas mil vueltas a la determinante escena en la que el protagonista dejaba en la celda un muñeco, el cual le cubría en su ausencia; persuadiendo así a los guardas de la prisión. Qué grande Clint, pensaba yo, con siete u ocho años. Y confieso que durante un buen tiempo, cuando abría la nevera y veía ahí un melón… me rondaba la idea de hacer algo similar que el protagonista del film: poner el cucumis melo a modo de cabeza, y dibujarle la mejor sonrisa, con el fin de escaparme de las clases de catequesis previas a la primera comunión. Y es que un sábado después de comer, tener que ir a la parroquia del barrio, se antojaba una obligación… difícil de digerir. Más todavía, cuando sabías que un balón de fútbol aguardaba escondido en los bajos de un Seat 850, que teníamos localizado, y que sabíamos que su dueño únicamente lo sacaba los domingos por la tarde. Qué mejor que tener un buen escondite para nuestra arma, pensábamos. Curiosamente, al cabo de muy poco tiempo, tuve un juego de mesa que me regalaron y que se llamaba: “La fuga de Colditz”. Y así, entre las tiradas de dados, te sumergías en la trama. Me encantaba ser el recluso aliado, mientras iba confeccionando la pertinente huida en el tablero.

Qué grande Clint, pensaba yo, con siete u ocho años”

 
Evolución

Luego, según fui creciendo, pude ver que lo de las fugas en estos lares, era algo más frecuente que las que se subsanaban con estaño y soplete. Era ver un telediario, o un informe semanal, y darte cuenta de que en este país, el escapismo tendría que haber sido considerado deporte nacional. Desde la de un guarda de seguridad, que se llevó el efectivo del furgón y se largó a quemarlo a Brasil; hasta la de un director general de la benemérita, que se puso al mundo por tricornio, y… tres cuartos de lo mismo. Ahora, hago un flashback rápido, y recuerdo fugas sonadas a unas manzanas de casa, como las que protagonizaban los modelos a no seguir de la Modelo (nunca mejor dicho). Por ejemplo, la del “Vaquilla”. Cuando todos pudimos presenciar en la telefunken de casa la ausencia de betún en el mocasín del policía nacional que le pisaba el cogote.

Lo curioso, es que lo de las huidas no ha decaído, ni mucho menos. Con el paso de los años se ha perfeccionado,  puesto que ya no es que no se les dé caza a los que se van de rositas, no… es que ni se les persigue. Resulta irrisorio, que esas huidas, tengan hasta escoltas velando por el fugitivo en cuestión. Y es que hoy en día, parece estar de moda lo de esfumarse, sin hacer mucho ruido… con campechanería, que diría el  “Papasmoscas”. No se puede negar, actualmente, se lleva mucho eso de guillárselas  con corbata, con condecoraciones, con yate, con un club náutico que los recibe con los brazos abiertos, etcétera, etcétera.

Con el paso de los años se ha perfeccionado,  puesto que ya no es que no se les dé caza a los que se van de rositas, no… es que ni se les persigue.

 

Luego también está el tema de las fugas de… capitales; lo que mi abuelo calificaría como “os cartos”. Y ahí se envían, ya sea rumbo a Panamá, Andorra, Islas Caimán, o las Seychelles… o cualquiera de los infinitos paraísos fiscales que un servidor desconoce (huelga explicar el motivo ¿no?), pero que existen. Sí, habelos hainos, y los que “manejan”… lo saben, por eso me la ponen al pie y a puerta vacía para citar de nuevo al gran Rosendo Mercado: Montan la barraca y venga tiroriro, y toma traca y daca… y luego yo no he sido”.

Evidencias

Y es evidente, no lo niego… me cabrea, y mucho. Porque aquí estamos los ciudadanos de a pie, pagando nuestros impuestos; no lo hagas… y verás. Cuando otros con grandes fortunas y posesiones, se las llevan a Suiza. Y mientras… el país está patas arriba, con las UCIS saturadas. ¿Las vacunas?, ahí van. Pues por lo visto, son  ellas las culpables de su impaciencia. Las dosis, que son así de caprichosas. Que entienden de jerarquía militar, católica, y de ediles raudos y sagaces a la hora arrojarse a sus brazos, nunca mejor dicho.

No hay camas libres. ¿Y qué hacen nuestros sanitarios, por poner un ejemplo? Pues no darse a la fuga. Y no será por motivos, porque les sobran.

Pues eso. A ver si la próxima vez, que el día de nochebuena pongamos la tele, no se nos cae tanto la babilla, porque cualquier petimetre nos exprese con cara afligida lo mal que estamos ¿todos? O que debemos estar unidos y salir de esta situación con más fuerza. Así, cerrando los puños y frunciendo el ceño, para que nos vengamos arriba. A ver si entonces hacemos memoria, y dejamos al borreguismo colgado del perchero y a dieta de alcanfor. Y puesto a creer en las utopías, pongámonos a ejecutar el tan manido: “todos somos iguales ante la ley”, y que de una vez se cumpla. Porque esas fortunas no declaradas, esas tramas con tintes sicilianos, etcétera, se traducen en menos recursos públicos. ¿En fugas? también, pero desgraciadamente de otro tipo: de cerebros.

Y puesto a creer en las utopías, pongámonos a ejecutar el tan manido: “todos somos iguales ante la ley”, y que de una vez se cumpla.

Me sigue pareciendo muy macabro, que el virus nos atrape de nuevo con un colapso sanitario y un personal exhausto, que está dando de sí lo que puede y mucho más. Pero eso… los coches oficiales sin una mota de polvo.

Saldremos mejores…  no sé yo Clint, no sé.