La letra… con guitarra entra

  • Por Juan «El letrastero» desde su sección “Acuéstate y suda”

 

Hace poco me preguntaron por mis influencias literarias, y no dudé ni un segundo en poner en el mismo escalón a Rosendo Mercado, Enrique Villarreal “El Drogas”,  “Yosi”, Roberto Iniesta, o Josele Santiago…  junto a escritores de la talla de Juan Marsé o Roberto Bolaño, y me quedé tan ancho. A esto voy, porque siempre que puedo hago hincapié sobre la importancia que puede tener la letra de una canción. Seguramente a todos nos ha cambiado el estado de ánimo una, seguro. Y no es un asunto baladí el hecho de que en más de una ocasión, en el coche, en casa, o paseando, nos haya hecho compañía; hasta nos habremos aventurado a canturrearla más de una vez. Creo firmemente que existen canciones que en su letra comprimen un mundo. Sucede que en no más de cinco minutos, las hay que podrían ser largometrajes o novelas, con personajes incluidos.

 

Creo firmemente que existen canciones que en su letra comprimen un mundo

 

Cuando las empiezas a escuchar y procesar en plena adolescencia, como fue mi caso… devienen en una especie de escuela literaria alternativa. De ideales reflexivos, bailando sin descanso con la retórica en plena juventud, para yacer filosóficamente en una exposición de ideas, que se plasman, o no. En ese intento de no rendirse seguimos.

Yo considero que mi “Manifiesto Rockerista” bien podría ser la letra del “Maneras de vivir” de Leño. Que mi regocijo en el doble sentido, desprendiéndose de prendas hasta la cruda desnudez del suicidio estudiantil… podría tomar forma en “Septiembre” de Los Enemigos. O que cada canción de “La tierra está sorda” de los insustituibles Barricada, son gajos de nuestra historia, y una lección de documentados párrafos, que acaban formando esas letras, que ponen al alcance de otras generaciones la desmemoria histórica y las injusticias sufridas (Gracias  por todo Enrique). También me gusta confabular en que “Pardao” de Los Suaves,  encajaría como un personaje adulto en algún cuento de Dickens. O que “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?” de los vigueses más agudos (Siniestro total), sonaría de fondo mientras observamos con atención el cuadro con el mismo nombre de Paul Gauguin. O degustando un buen Mencía (barriendo para casa), apremiados por un “Hermano bebe”… que la vida es breve.

 

También me gusta confabular en que “Pardao” de Los Suaves,  encajaría como un personaje adulto en algún cuento de Dickens

 

 

Podría citar infinidad de frases que forman parte de alguna estrofa, pero iba a faltar espacio y tiempo, y si lo pienso bien… ni así. Las hay que son poesía pura: “Vamos a trepar a la copa de este sol de enero y hacer un nido en su ramaje…” (Marea). Otras son poesía de latido y adoquín húmedo: “…Como busco tus ojos cuando siento la derrota, como abrazas mi cuerpo sólo con un par de notas” (Txarrena). Las hay que son un puro ejercicio de vocabulario: “Hondo y sentido, como el cante como el vino… haces el camino por el lado más ladino…” (Rosendo). Tampoco se pueden dejar pasar las que te llevan a parajes reconocibles: “Los largos dedos del sol, apartan el banco de niebla, en este país que por siglos fue el final de la tierra” (Los Suaves).  Las hay introspectivas, que bien podrían rebañar el plato de alguna reflexión bergsoniana: “Cómo voy a escapar de ti, si tú eres mi disfraz… querida soledad no me tapes más con tu sábana” (Barricada). O citas dignas de figurar en lápidas con mucha elegancia: “…Que el infierno me espere largos años y la muerte me perdone por mi ausencia. Que me tengan los banqueros en sus cuentas…” (Ilegales). Otra de epitafio: “Hay que dejar el camino social alquitranado, porque en él se nos quedan clavadas las pezuñas” (Extremoduro). Y paro, porque sinceramente, no acabaría nunca, dada la extensa pléyade de joyas literarias que se acoplan entre los acordes de muchas de las canciones de nuestro rock, formando un encofrado de prosa y notas al que acudir en las penas y en las alegrías.

Por todo ello, no debería extrañarnos que muchos de los citados tengan también su espacio literario a modo de libro. Lejano queda aquel disfrutable: “Corre rocker” de Sabino Méndez, el que fuera letrista y compositor de los mejores temas de Loquillo y los Trogloditas. O el sorpresivo por su desmarque estilístico: “Viaje íntimo de  la locura” de Roberto Iniesta. Además de que la gran mayoría de los anteriormente citados letristas, tienen en su haber algún que otro brillante libro de relatos, poesía, vivencias, haikus, etcétera.

A este servidor también le remueven la sesera algunos que otros letristas, que aunque no se posicionen dentro de las lindes del rock, disponen de toda mi atención. Entre ellos me gustaría señalar a Javier Corcobado, o el incomprendido Albert Plá. Del cual siempre digo, que escribió la letra con la que transportarse a un cuento tan real como fantasioso. En el que definir a los humanos en la piel de los animales, se torna tan agreste, que te deja las neuronas colgadas boca abajo del poste del surrealismo. “El gallo Eduardo Montenegro” de Albert es un cuento hecho canción que debería cantarse en las guarderías antes de empezar a moldear plastilina. Transcurren los años y me sigo quedando absorto con el “Romance de Curro El Palmo” de Joan Manuel Serrat. Pues ahora mismo, me veo con diez años, en el asiento trasero  de un R-5 camino a Galicia, imaginando a Merceditas la del guardarropas, al Curro, a la Patro… a Frascuelo. Menudo ejercicio solemne y bordado de narrar una historia. Siempre nombro a esta canción como la chispa que alumbraba la cueva donde invernaban mis insomnes tecleos.

 

Transcurren los años y me sigo quedando absorto con el ‘Romance de Curro El Palmo’ de Joan Manuel Serrat

 

Ahora… que son malos tiempos para la lírica, siempre podremos recurrir a esas gemas musicadas que hemos cantado en la ducha, al oído, y hasta en el garito con menos oxígeno por metro cuadrado de cualquier pueblo o ciudad.

A Bob Dylan se le concedió el premio nobel de literatura. Y a Leonard Cohen el Príncipe de Asturias de las letras. Sin embargo, me consta de muy buena tinta que, a algunos de los nombrados anteriormente, el mejor premio que se les puede ofrecer es el reconocimiento de su público, de la gente de la calle. Y ese galardón lo tienen de por vida, al menos por este que escribe.

Así que, concedámonos un plus de positividad ante la que está cayendo, y demos rienda suelta a la imaginación, que es lo que nadie nos podrá arrebatar.

 

“No sé si estoy en lo cierto… Lo cierto es que estoy aquí”

(Maneras de vivir)