La Ira

Drusila

Drusila

Es el sentimiento humano capaz de derribar naciones, capaz de masacres inauditas, y, capaz de generar tragedias anónimas tan penosas que, a veces, el recuerdo se torna en leyenda de terror.

La auténtica ira, sea de un individuo, sea de muchos, raramente se deshincha sin consecuencias, una vez prendida la mecha, es cuestión de tiempo para la explosión.

En los textos religiosos, las pautas morales enumeran los pecados capitales, siendo la ira uno de los peores, y, por menos creyente que se sea debe admitirse que mucha sabiduría almacena ese concepto.

A quien o quienes caen en ella literalmente se les rompe algo en su mente. Un estado alterado, locura impredecible, detonante de males mayores que, al abatirse sobre quien la desata y su víctima el resultado, invariablemente, es un desastre.

Volviendo a creencias religiosas o leyendas, se encuentra que el poder destructivo de ese estado es tal, que se desdibuja al único responsable, esto es, el ser humano, y se lo asocia con demonios, la Cabalgata Infernal, el Hellekin, Huestes Antiguas y otros nombres se le han dado a este mito presente en casi toda Europa, parece responder al recuerdo atávico de acciones de crueldad extremas ejecutadas en viejas batallas.

Se trata de un ejército de demonios que literalmente baja cabalgando desde los cielos, arrancando la vida de los infortunados que se topan a su paso, y corren con suerte si solo son asesinados por estos espectros, las mas de las veces torturan horriblemente destrozando el alma de quien, lamentablemente, estaba en el camino.

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En rigor de la verdad, este mito en particular cambia según la época y la zona, la cabalgata se ha asociado con Odín cazando en su caballo de ocho patas u otra casería emprendida por el fantasma del Rey Arturo y sus caballeros, hasta se ha trasmutado al guía infernal en el personaje caricaturesco del Arlequín. Y este detalle es por demás interesante de destacar, lo que tanto horror ha causado sufre el viraje hacia el ridículo, un modo de exorcizar el miedo.

Volvamos al Hellekin primigenio, tropa fantasmal, caballos y jinetes muertos arrasando todo a su paso, a la indefensión, a la carrera demencial ciega y sorda, a la persona hecha un ovillo esperando que pase la tempestad de muerte, eso es la metáfora perfecta de la ira. O, lo que genera.

No es una emoción personal, fácilmente y la historia así lo ha registrado, sucumben a ella multitudes, igual sea uno, sean cientos, tanto la víctima como el victimario de algún modo mueren. El que alza el garrote en ciego frenesí no vuelve a ser el mismo, siquiera vuelve a “ser”.

No se trata de una perorata pacifista, lejos está de un estudio psicológico, es solo recurrir a los mitos como aleccionadores, sabiendo que la ira es inherente al hombre, sabiendo que soltarla causa mas perjuicios que los imaginados, en el Hellekin los verdugos están muertos. Y no es casual, además de imagen atemorizante y poderosa, se entiende que no razonan, no pueden sentir piedad, difícil como decíamos asociar con gentes comunes y corrientes a quien es manejado por la ira.

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y Texto)

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