• Realidad y ficción, se mezclan en las historias que vuelca en Facebook cada noche como resumen de la jornada
  • Sus monólogos diarios sobre la cuarentena suman cada día cientos de seguidores

Malos tiempos para la lírica pero parece que buenos para la prosa, por lo menos para la prosa que usa Javier, “Achi” para los amigos, a la hora de confeccionar su diario de confinamiento.

 

Javier García es hostelero, viticultor y padre de familia en A Rúa (Valdeorras, Ourense). Como a todo hijo de vecino, la llegada del Coronavirus le ha cabreado mucho y repite cada día como un mantra “puto bicho, te vamos a ganar”. Nos cuenta que su decisión de cerrar O’ Retorno, al igual que hicieron otros establecimientos de esta localidad, fue tomada ya el viernes 13 de marzo, antes de la orden de confinamiento oficial por decreto. “Y qué bien hicimos”, nos recuerda, a sabiendas de que ese fin de semana llegó mucha gente de lugares de España donde había más contagiados y se encontró ya con muchos bares cerrados.

Cuando le preguntamos con el típico “¿Qué tal lo llevas?”, nos contesta que “jodido, pero hay que aguantar”. Compagina sus responsabilidades domésticas, con la atención de su padre y el cuidado de las viñas. “En estos momentos la venta está parada y el bar cerrado, con lo cual aprovecho para adelantar trabajos en la viña”, nos comenta.

Imagen de archivo del trabajo en la bodega

 

Quitándole hierro al asunto y quedándonos con lo más urgente ahora, reconoce que para comer no hay problema “tengo el arcón de casa a rebosar y podría estar sin ir al súper dos meses, no quiero imaginar cómo están los que viven al día en ciudades como Madrid”.

Con todas las responsabilidades comentadas, Javier aun saca tiempo al final del día para escribir en Facebook lo que ha dado en llamar “diario de confinamiento”. Dice que al principio la intención del diario era hacer reír pero con el paso del tiempo, y como los acontecimientos van cambiando, el relato también, con lo cual ahora ya introduce reflexiones serias y críticas para hacer pensar.

“La gente al principio se espapallaba de risa y al cuarto día me empezaron a enviar mensajes, públicos pero también privados, diciendo que se reían mucho, que se veían reflejados en muchas situaciones y que no dejara de escribir”, explica Javier. Confiesa que nunca ha escrito, que es más de leer que de escribir y no considera que sea una cosa que se le dé bien, que el éxito alcanzado con esta bitácora satírica se debe a que la gente está muy aburrida y tiene tiempo para leer y pasar el rato. Sus exitosos ‘monólogos’ -humorísticos y críticos- mezclan realidad y ficción en lo que sería una de sus jornadas en este confinamiento. En ellos podemos encontrar reflexiones, crítica política, ocurrencias graciosas, surrealismo, referencias cinéfilas y ochenteras… y todo ello con un relato espontáneo, natural y ‘retranqueiro’ que está resultando atractivo para cientos de seguidores de su perfil en Facebook.

Fuente: FB Coop. Virxen das Viñas

Hablando de todo un poco, pero referido a la crisis del coronavirus, le pregunto si ve a la gente con miedo y me contesta que “más que pánico, lo que creo que hay en la gente es impotencia. La población está envejecida en el rural y con el confinamiento encerrados en casa el único estímulo exterior que tienen es la televisión… imagínate, la información que reciben es de la televisión, noticias alarmistas y saturación de coronavirus”. Y como era de esperar sale el tema ‘política’, tema en el que Javier es muy crítico. Según él, de la clase política no se salva nadie, “ninguno me da confianza, los inteligentes y brillantes están en la empresa privada y los que quedan en política no son válidos”.

De cómo saldremos de esta, Javier considera que habrá un colapso económico y que tardaremos en recuperarnos, mientras que a nivel social cree que no servirá esto para cambios de mentalidad como se dice estos días, “todo seguirá igual, a los tres días de la recuperación estaremos todos criticando al vecino y comprando en los chinos y en Amazon”, sentencia.

Como remate a nuestra conversación le felicitamos por la iniciativa de varios viticultores, él entre ellos, al ofrecerse días atrás para usar sus pulverizadores y desinfectar edificios y lugares públicos en A Rúa. Nos cuenta que tras comentar la idea en foros con otros viticultores les pareció bien y él mismo coordinó un poco el tema al principio, reuniendo a unos 14 tractores que  realizaron labores de desinfección tras comentar el tema en el ayuntamiento con el alcalde, protección civil y la Guardia Civil. “Ahora ya realizan el trabajo de desinfección directamente desde el Ayuntamiento con una barredora”, matiza Javier.

 

Dos fragmentos de este diario tan popular:

 22/03/2020

“Otra cosa que no me explico es cómo es posible que no haya ni un solo monumento dedicado al pijama.

Hay monumentos a los gatos, a los cestos, a los afiladores, a las camelias, a las prensas hidráulicas, y no hay a los pijamas?, incomprensible, totalmente incomprensible. El pijama es una prenda atemporal, intergeneracional, internacional, interracial, contemporánea, que nunca pasa de moda y que a día de hoy ya es lo único que me vale, junto con el chándal de los veteranos. En este país se han hecho las cosas muy mal. ¿Cómo es posible que exista la calle de la pasa, la calle del abrazamoras, la calle del catahuevos, y no exista la calle del pijama? 

Un mismo pijama te vale para un lunes o para un viernes, para la cocina o para el salón, para desayunar o chatear, te da comodidad, ligereza, sosiego, y encima es tan agradecido que un solo pijama abarca 4 tallas distintas en función de la elongación de la goma de la cintura”.

 

En una aparición en Gol TV

 

26/03/2020

“Lloros, muchos lloros. En pie de un salto. ¡Me quedé dormido!,

¿¡Qué cojones pasa!?

El pequeño le pegó al grande con un Capitán América articulado en la cabeza. Más lloros. Diplomacia matutina, 4 gritos y cada uno para su cuarto. Castigados hasta nueva orden. Me doy media vuelta y vuelven a estar abrazados.

Aprovecho la tregua, para ir a la ducha. Me encuentro 8 botes distintos de champú, cada uno con unas propiedades distintas.

Cojo el primero que veo. No por osadía, sino porque sé a ciencia cierta que no se me va a caer el pelo.(ya estoy calvo). Aplico la técnica del enjabonamiento de manos a todo el cuerpo, me dispongo a disfrutar del pequeño placer del vapor del agua en el rostro y ZAS!… Se acabó el butano.

Toalla a la cintura, jabón en el pelo, la pirola encurrupitada y a cambiar la bombona. Y me pregunto yo, ¿quién fue el ingeniero que dictaminó que las bombonas debían colocarse debajo del fregadero, con 3 centímetro de margen por la parte superior, donde es imposible colocarlas sin hacer un movimiento tipo pinza desde abajo hacia arriba, que aumenta la posibilidad de hernia discal en 20 puntos?. Pues fuese quien fuese, Dios lo tenga en la gloria.

Vuelvo para la ducha y dejo el pasillo pingando. No pinta bien el día”.