• Por Santiago Molina

Todo pasa y todo queda. Pasaron las Generales, pasaron las Europeas, Autonómicas y Municipales… pero nosotros nos quedamos.

Al parecer (según quienes se dedican a contar manifestantes) decenas de miles de personas (algún número impreciso entre los 50.000 y los 100.000) se manifestaron en Madrid a finales de marzo exigiendo (o suplicando o sugiriendo -qué sabe nadie si muchas veces ni yo mismo sé qué quiero-) un Pacto de Estado contra la Despoblación. Todos los partidos políticos (y es que estábamos justo un mes antes de las Generales) llevaban en sus programas (imposible jugársela a pasar de puntillas sobre ese asunto sin correr el riesgo de políticamente morir en el intento) “soluciones” dirigidas a paliar ese “inconveniente” y que en cuanto consiguen gobernar, en un alarde de “aquí no ha pasado nada”, descaradamente olvidan o posponen.

Y es que, total; en la “España vaciada” “sólo” hemos bendecido con nuestro voto a un tercio (casi cien) de los diputados y diputadas de entre los que componen la cámara, a quienes con independencia de su partido de origen tenemos la obligación ética de exigir que se partan el pecho, se batan el cobre y se abran la cabeza, para cumplir sus promesas, sin que podamos bajar la guardia ni en lo que se refiere a los cómos ni en lo que afecta a las causas o por qués.

Curioso que, en una apuesta por ampliar el marco, las organizaciones convocantes de la manifestación de marzo apostaran por la “neutralidad suiza” evitando “politizar” la manifestación, como si la política (herramienta con la que socialmente nos hemos dotado para resolver este tipo de problemas, pudiera desvincularse de la ciudadanía o fuera ajena a la pérdida de habitantes) Y es que “política” se refiere tanto a la actividad de quienes gobiernan los destinos del Mundo como a los instrumentos con los que cuenta la ciudadanía para dar respuesta colectiva a los problemas colectivos. Y precisamente, el problema de la despoblación si bien exige que se escuche a los afectados directos (las personas que dan vida y latido al mundo rural) tenemos que “colectivizarlo” asumiendo todas y todos el compromiso (ético) de defenderlo como si fuera propio. Resumiendo: la manifestación contra la España vacía, en sí misma, consistió en una acción política.

Mes y pico antes, a finales de enero, se dieron cita en Valladolid más de cien autocares en defensa de la Sanidad Pública. Una vez más, y a decir de quienes van por la vida contando asistentes “no faltó nadie” en defensa de una Sanidad que es de todos y que, al grito de “nos sigue doliendo la sanidad”, daba la réplica al grito de guerra del año anterior en el que la sanidad ya nos dolía. Personas y Organizaciones participantes reivindicaron que se pusiera fin a los recortes que cierran ambulatorios, que se recuperara el empleo destruido pero necesario para la realización efectiva del Derecho Fundamental a la salud, la necesidad perentoria de reducir las listas de espera e incrementar el presupuesto en atención primaria… entre una lista más amplia de reivindicaciones tendentes a que, más pronto que tarde, se aprueben las iniciativas legislativas que permitan resolver estos problemas.

Las imágenes eran verdaderamente impactantes y aunque el comunicado decía expresamente “nos queda la esperanza”, si sólo fuera cuestión de “esperanza”, poco saldo a favor nos dejaría una reivindicación respecto de la que ésta va a dejar de ser lo último que se pierda si no se dan respuestas políticas.

Encontramos todos los lunes en las grandes ciudades (lunes al sol y a la sombra, llueva o escampe), con la movilización de pensionistas convocados por la Coordinadora Estatal para la Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE), otra actuación reivindico-preventiva derivada de la amenaza que se cierne sobre el Derecho Fundamental a las pensiones (derecho conquistado por el movimiento obrero después de huelgas, represión y cárcel -a ver cuando asumimos que, cuando de Derechos se trata los regalos no existen-) y que también ha tenido sus 15 minutos de fama durante las últimas campañas electorales.

El Seguro Obligatorio del Retiro Obrero que el Gobierno de Antonio Maura aprobó en 1919 cumplió 100 años marzo y coincidiendo con este aniversario, Radio Bilbao entregó al Movimiento de Pensionistas de Bizkaia el Premio a la Excelencia en Impacto Social en reconocimiento a su lucha por la defensa de las pensiones (“gobierne quien gobierne las pensiones se defienden”) reconociendo por fin que necesitamos la política (tanto la callejera como la institucional) para garantizar la defensa de nuestros Derechos Fundamentales. Y es que nunca nos hemos podido relajar con las pensiones porque las intentonas de ponerlas en cuestión o de reducirlas a términos asistenciales han sido constantes desde su origen, y eso que nunca hemos andado cortos ni de sangre ni de sudor ni de lágrimas.

Y no podemos dejar de referirnos a la Lucha Feminista. Nuestro país se ha convertido en un referente mundial de las reivindicaciones que cada 8 de marzo lanzan a la calle a cientos de miles de mujeres, hartas de padecer el ritmo cansino al que se van produciendo los avances hacia un modelo social verdaderamente igualitario. Por segundo año consecutivo, la convocatoria de concentraciones y manifestaciones se ha visibilizado con una jornada de huelga (laboral, de cuidados y de consumo -Manolo hazte la cena solo-) dirigida a las mujeres y que cuenta con la participación masiva de jóvenes estudiantes, que también han tenido su reflejo en la adopción de determinadas medidas en pro de la igualdad efectiva. Una vez más la política queda acreditada como el mejor instrumento para avanzar en una sociedad sin diferencias entre hombres y mujeres.

En una Comunidad despoblada y envejecida, después de tantas elecciones, es necesario pensar en los jóvenes ya que, si desde 2009 hemos perdido más de 150.000 habitantes, tres de cada cuatro tenían entre 25 y 44 años y la mitad de ellos entre 25 y 34 años (no son las personas pensionistas y jubiladas quienes se están yendo) de manera que estamos perdiendo la apuesta de futuro más valiosa.

Y si no tuviéramos ya bastantes preocupaciones, las previsiones que realiza el Instituto Nacional de Estadística apuntan a que, en los próximos 15 años, en Castilla y León seremos entre 225.000 y 250.000 habitantes menos poniéndonos a la cabeza del mayor retroceso poblacional de toda España en términos absolutos.

¿Y qué decir de la precariedad en el empleo que se genera -temporal, a tiempo parcial y con sueldos que, en muchos casos, no permiten salir de la pobreza- y que brota con especial virulencia (las cepas son así) en los periodos interelectorales?

No nos engañemos. Todo esto tiene solución y esta solución se llama “política”. Pero no solo a la “profesional” sino sobre todo en “ciudadana”. Elecciones, política, problemas y soluciones; por muy devaluada que esté la política, las soluciones a problemas como la despoblación, la sanidad, las pensiones, la igualdad, los jóvenes y el desempleo se encuentran englobadas por ella, que no es sino compromiso con lo público y que indudablemente, es responsabilidad nuestra.

Todos somos Manolo conquistando la independencia de hacernos la cena solos, generando estabilidad en el empleo cuando nos toca jugar de ese lado, defendiendo la Sanidad Pública conscientes de que va en ello nuestra vida, tirándonos a la calle para defender las pensiones a sangre y fuego y cuando nos toca hacer política tradicional en periodo electoral, votando con la cabeza en lugar de hacerlo con los pies… gobierne quien gobierne.

 

  • Artículo elaborado por Santiago Molina Jiménez

Santiago Molina Jiménez