¿Cueces o Enriqueces?

  • Por Juan «El letrastero» desde su sección “Acuéstate y suda”

 

Que no parezca nada extraño, pero en ocasiones hay que despertar a la filosofía en plena madrugada, y tras lavarle la cara con la manopla empapada de realidad, contarle cuatro cosas acerca de lo perjudicial del adormilamiento en masa. Ya que no queda otra que llevársela de paseo por la periferia cerebral. Una vez acomodada en el taburete del pensamiento… nos bebemos unos tragos de relativismo “12 years old” a modo de tertulia filosófica. Unas noches brindamos por Aristóteles, otras por Platón. Y entre tanta reflexión, acabamos en una timba de esas de arreglar el mundo. Configurando un combo inicial con las pocas neuronas que han sido seleccionadas para el “draft”  de la veterana franquicia pensativa: “La cabeza nunca para All Stars”. Ese equipo, que compite con más moral que destreza en la Conferencia Este del hemisferio derecho.

Y así salimos por la puerta de la corteza prefrontal: improvisando un baile sincronizado con las cavilaciones garantizadas y los razonamientos vestidos de hipótesis. No debería decirlo tan a la ligera, pero sobran razones de peso para afirmar que a la conciencia reposada y pulquérrima, le roban su calma tensa frecuentemente; encestando a mano cambiada y sin intimidación alguna. En una de estas acciones, le van a dar un palo que “te avío” a Pepito Grillo, cuestión de tiempo, o sea… de cuartos.

Sucede también, que cuando la conciencia las sorprende en plena algarabía; entonando el totum revolutum del mea culpa, son ellas… las neuronas, las primeras en experimentar afonía crónica. A la vez que sin rubor alguno, se gesta una conga de Jalisco, de las que van divagando. Que además de saltarse el confinamiento, con el vacuo fin de hacer memoria fuera de la corteza cerebral, se dedican a la contemplativa acción del embobamiento, despachado en palabras tan manoseadas, que hasta el esmalte desiste de su propio brillo. “Duele pensar en limpios de condición”… que cantaba Rosendo.

Pero realmente, lo que más me gusta es la filosofía de la gente de la calle. Esa forma de encarar, esquivar, e intentar salir airosos de los problemas. Y si no se sale, pues no se sale, pero se intenta. Que de los cobardes nunca se escribe ni tan siquiera una peñolada.

La filosofía popular a pie de calle es sabia e ingeniosa. He tenido la suerte de conocer a verdaderos maestros de dicha sabiduría. Que traducen en reflexiones ideas dispares, que bien podrían derivar en conferencias interminables. A estas personas, que tienen el don de la reflexión, las definiría con el nombre de: “La sabia congregación de los dos dedos de frente”. A expensas eso sí, de que su pensamiento baile arrítmico y sin titubeo alguno en la cuerda floja del humor negro, supuestamente empanado con una masa de crítica. Siempre cotejando conclusiones en pro de una solución, o en su defecto, de una búsqueda eterna de ella.

El preguntarse por el porqué de las cosas, es algo que ningún ser humano debería dejar de hacer nunca. El reflexionar acerca de todo lo que le preocupa. Puesto que el simple hecho de cuestionarse hasta su propio razonamiento, es ya de por sí, un mero ejercicio filosófico.

Pero eso, lo dice uno que desde niño se empeñó en comprobar las siete vidas de su gato tirándolo por la ventana. Que puso a prueba la idea de hinchar con agua las ruedas de su Beistegui Hermanos. Aire, agua y fuego… existía otra opción más incendiaria, pero a falta de mechero. Por lo tanto, no sé si soy un buen ejemplo.

Y sí, seré sincero, hay noches que me desvelo. Momento en el que deambula la santa compaña del atropello por toda mi masa cerebral. A la vez que veo retozar al sueño y a la utopía, sin más pijama que un impulso febril. Con muchas ganas de cambiar el mundo, pero sin embargo, veo que el mundo no cambia. Que  a aquel niño, que veía un “informe semanal” de los ochenta, y no paraba de preguntar: cómo podían estar muriendo de hambre aquellos esqueléticos niños etíopes cubiertos de moscas, le sigue sin entrar que eso ocurra a día de hoy en otros puntos geográficos, y no hace falta irse muy lejos tampoco. Pues porque no tienen recursos ni dinero, era la respuesta. Y el pequeño “Erre que Erre” seguía cuestionando: ¿Por qué no fabrican más dinero y lo reparten? Eso no lo pueden hacer .Y aunque lo pudieran hacer… no lo harían. Esa era la respuesta de mi madre. Lo que viene a ser un: “Por desgracia en el mundo hay injusticias. Entérate cuanto antes. Toma conciencia, y no seas indiferente ante ellas”.

Por todo ello. Por la que está cayendo. Por la que  nos pueda venir. Por las que nos van a echar “los de arriba” (vaya… otra vez tenían que salir). Nunca viene mal seguir cuestionando lo incomprensible, y adoptar distintos posicionamientos filosóficos. Pensando seriamente en lo de cambiar el mundo, porque si no… se viene abajo la carpa, y nos precintan la función.

No es cuestión de dejar en cueros a la alegría, ni mucho menos. Tampoco, que los que mueven los hilos del mundo -“habelos hainos”-, expongan a la intemperie nuestros derechos y las tan despeinadas libertades. No vaya a ocurrir que se nos resfríen las sonrisas; que no desgravan, pero son necesarias.

“La única manera de lidiar con un mundo que no es libre, es llegar a ser tan completamente libre, que tu propia existencia se convierta en un acto de rebelión” (Albert Camus. Filósofo y escritor francés).

 

  • Por Juan «El letrastero»