A la ChicaLibélula no le gustan los cuentos. Si no, habría empezado esto con “Érase una vez…”

En realidad sí le gustan, pero es un secreto. Ella es una chica dura, de esas que un día se pusieron una armadura enorme, la cerraron con un candado y ahora no encuentran la llave. Una chica dura con un corazón de gominola.

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Se estira como mi gata y adora comer con las manos.

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Luego se lame los dedos y pone una sonrisa de pilla.

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Una de esas mujeres que seducen sin querer hacerlo. No se da cuenta, pero va por la vida enamorando a extraños que se cruzan con ella cuando va pedaleando entre los coches. A los mojitos le echa angostura y a la vida ganas. Creo que quiere comérsela. También con las manos,

Habla con pasión, prefiere hacer el amor, lleva colgado un pergamino a medias y le da miedo encontrarse con.

Toda ella es un misterio, pero un misterio con los calcetines bonitos. Es uno de esos misterios que te apetece resolver. Un laberinto por recorrer.

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Una espalda que escalar. Un sueño que velar.

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Es pequeña y tiene los labios rojosavecesazules y siempre mordisqueables.

Le gusta el chocolate y , si alguna vez se queda afónica, nos mandará callar a todos sólo levantando un dedo. Creo que sabe hacer magia. Pero seguro que eso también es un secreto.

Ella vuela. Aún no la he visto, pero es la ChicaLibélula. Seguro que sabe volar. Por eso también sabe escaparse. Y por eso tienes que acercarte a ella poquito a poco, como cuando te acercas a un gato callejero que no quieres que salga corriendo.

Poquito a poco.

 

Esther Estoa

Historia extraída del libro “Intranerso” de Carlos Miguel Cortés (@TuristaEnTuPelo).

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