• El nuevo presidente tratará de implicar a los socios con la bodega pues “deben sentirse dueños y parte de la misma”

Carlos Aristegui Diéguez, presidente de la Cooperativa de A Rúa

 

Las elecciones anticipadas de la Cooperativa Virxe das Viñas de A Rúa de Valdeorras, con motivo de la dimisión del presidente, José Fernández, y del vicepresidente y algunos vocales, tuvo como resultado el nombramiento de Carlos Aristegui Diéguez como nuevo presidente, con 32 votos a favor, 12 en contra y dos en blanco. Sólo había una lista, el voto fue secreto y en urna. La nueva rectora queda formada por Carlos Aristegui, como presidente; Maribel Losada Cao, vicepresidenta; Domingo Fernández Suárez, secretario; Ruperto López Ferrer, tesorero y, finalmente,  Jesús Fernández Macías, José Fernández Macías y José Manuel Fernández Cristobo, vocales.

Domingo Fernández Suárez, secretario, con Carlos Aristegui

 

Carlos Aristegui Diéguez, de Vilela (A Rúa) es socio de la Cooperativa desde hace 15 años y por tercera generación, es decir, ya lo fue su abuelo y su padre, dando continuidad así a una tradición vitivinícola en su familia. De hecho, hasta ahora era el secretario de la Cooperativa. Es vocal del Consello Regulador de la Denominación de Origen Valdeorras desde hace cuatro años y concejal, desde hace seis años, en el Ayuntamiento de A Rúa por el PSOE. Además, está prejubilado, desde hace dos años, del sector del transporte de viajeros.

Carlos Aristegui comienza ya con un nuevo proyecto que persigue evitar el abandono de los viñedos y que consiste en que la Cooperativa trabaje con sus medios  los de los socios no puedan o no quieran trabajarlos por un período de tiempo que fijen ambas partes. Será, por tanto, la primera vez que la Cooperativa se encargue de producir uva.  Además, invita a los viticultores de la comarca a hacerse socios de la bodega.

 

¿Le hace ilusión ser presidente de la cooperativa?

Sí, claro. Estoy ilusionado. Me gusta ayudar en todo lo que pueda. Además, la cooperativa está muy arraigada en A Rúa, cuenta ya con 54 años de antigüedad y es una bodega emblemática del municipio con larga tradición. En cada familia ligada a la viticultura siempre hay socios de la cooperativa. Llegamos a ser 800 socios y ahora quedamos unos 400. El descenso tiene qué ver con que hay socios que se van haciendo mayores y los descendientes a veces se hacen socios y otras veces abandonan esta actividad.

 

¿Pensó que llegaría a ser presidente algún día?

No. Nunca antes lo había barajado. De hecho en toda la historia de la cooperativa ha habido presidencias con estabilidad. Estuve 15 años de secretario y nunca antes me lo había planteado.

 

¿Cuáles son sus objetivos al frente de la presidencia?

Tiene que haber unos reajustes en algunas áreas de la cooperativa, tanto en política de ventas, personal, compras y otras, porque a mi entender creo que hacen falta. Pero, sobre todo, queremos tener nuevos socios. Invitamos a los vecinos de la comarca y especialmente a los de Larouco,  a que se animen a ser socios. Y si los socios no quieren continuar, y van a abandonar  sus viñedos, nosotros estamos dispuestos a trabajarles las tierras, sin cobrarles ni pagarles nada, pero manteniéndolas en perfecto estado.

 

¿Quiere decir que la cooperativa asumirá  viñedos, por primera vez, de las personas que vayan a abandonar la viticultura?

Es una iniciativa nueva, sí. Los viñedos que la gente no quiere o no puede trabajar, los trabajaría la Cooperativa que, con su personal, se ocuparía de las viñas y  recogería las uvas como producción propia por primera vez.  Es una forma de frenar el abandono de los viñedos. Cualquier persona que esté interesada puede pedirnos información. En este momento, ya están apuntadas tres personas a este proyecto y hemos asumido cinco o seis hectáreas.

Carlos Aristegui Diéguez

 

Además, la idea es implicar más a los socios con la Cooperativa…

Sí porque la cooperativa somos todos los socios. Para que funcione tienen que implicarse los socios, pero individualmente, es decir, que cada uno de ellos piense que es el presidente de la bodega, que piense que la bodega es de su propiedad, que es el dueño, que se sienta parte fundamental de la misma. Porque sólo así se puede mejorar, sólo así no la dejarán caer nunca.  Además, por mi parte, va a haber transparencia absoluta. Cada vez que haya que tomar una decisión, voy a consultar a los socios, a convocar reunión, no como hasta ahora que sólo se convocaba durante fechas señaladas como la vendimia o para asuntos de balance.

 

¿Los reajustes son motivados por la falta de uvas este año debido a la climatología atípica?

Vienen motivados porque en los dos últimos años, efectivamente, apenas hubo cosecha. Hay un pequeño bache debido a ello, a la falta de vino, pero también a otros motivos externos. No obstante,  pienso que podemos salir adelante.

 

En este momento, hay vino blanco del Ribeiro y tinto de Camponaraya, de El Bierzo (León),embotellado bajo la marca Rua de la Cooperativa…

Esto está permitido por la Ley. Al no tener vino suficiente para servir a nuestros clientes lo planificamos así, hablando con las partes implicadas, también con los clientes. Esto se traduce en una ayuda complementaria para mejorar la economía de la cooperativa.

Carlos Aristegui

 

¿Qué destacaría de los vinos de la cooperativa de A Rúa?

La relación calidad-precio y que son cada vez más reconocidos. De hecho, el vino blanco obtuvo en su día el reconocimiento del crítico estadounidense Parker mientras que, en general,  la Cooperativa ha sido distinguida muchas veces con premios, incluido un Zarzillo de Oro. Además, hay que destacar la calidad de los vinos,  teniendo en cuenta la larga tradición vitivinícola de los socios, los viñedos centenarios que trabajan y la apuesta también por la restructuración.

 

¿La mayor parte del vino de la cooperativa a qué mercados se destina?

A España, principalmente Galicia. Tenemos mercado. Lo importante es mantener los clientes.

 

Este año fue de los peores para la viticultura…

Sí. La climatología jugó una mala pasada. Esperemos que la próxima campaña sea muy buena. Como curiosidad, hay que decir que hubo gente que este año se dio de baja en el Consello Regulador argumentando que no tenían uvas por la sequía y las heladas y, después, vendieron lo poco que tenían y, lógicamente,  fueron sancionados. No querían pagar tasas del Consello  y acabaron siendo multados.