Drusila

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No es intención reivindicar a Cayo Julio Cesar Augusto Germánico, conocido como Calígula, ni darle un significado más trascendente del que pudo tener, o habría tenido de no ser asesinado a muy pocos años de reinado.
No era totalmente justo, ni totalmente injusto, ni totalmente bueno ni totalmente malvado,era, si, un producto cabal de la época y circunstancia que le toco vivir. Quizá, de haber gobernado Roma durante más tiempo se habría desarrollado o como monstruo, o como gobernante extraordinario, Caligula prometía cualquiera de los dos destinos, sin embargo, el de monstruo es el menos probable.
Muchos detalles de su pensamiento nos llegan a pesar de la oscura neblina de degradación a la que fue objeto, si se hila fino hasta es posible sorprenderse.

Es claro que intento gobernar apoyándose en el pueblo e ignorando al Senado, el pueblo lo amaba, el Senado lo detestaba. Recordemos que esa institución era una complicada corporación aristocrática con fuertes intereses económicos y de poder repartido en pocas familias patricias.
Tanto Suetonio como Dion Casio, sus principales historiadores y detractores, recogieron el guante del ofendidisimo Senado, amplificando hasta el paroxismo todo tipo de defectos, sean reales o inventados, la catarata de horrores que le adjudican es tal que hace recordar a lo que puede decir una esposa enfurecida con la traición de su marido gritándole todo tipo de calamidades.

Y, es cierto, Calígula fue una calamidad para la aristocracia en general y sus distintas órdenes.
Sus historiadores vivieron uno ochenta y otro ciento ochenta años después de su muerte, en la era de la familia Flavia, y estaban por demás interesados en mostrar las bondades de esta familia en perjuicio de la Julia-Claudia a la que pertenecía Calígula.
Es larga la lista de personajes tanto contemporáneos, anteriores o posteriores y en el puesto de mando supremo que han cometido crímenes de perversidad increíble.

La moral en Roma hacia años estaba entrando en franco declive, en la ciudad imperial excesos de todo tipo eran vistos con tolerancia y, hasta indiferencia. La sordidez era regla, el gusto por extravagancias sexuales era moda, y llegaban a a degradaciones increíbles, tortura, violaciones, zoofilia, no había limites para conseguir algo de retorcido placer.
Salvo por algunos pocos que clamaban por la vuelta a la vida sencilla y recta de los primeros habitantes. Llenos de virtudes y despojados de todo vicio. Un modo de vida idealmente sano.

Todo imperio en decadencia afloja esfínteres.

No es descabellado pensar que Calígula era consiente de ello, aunque su propia vida no se diferenciaba de sus contemporáneos de clase alta en nada.
Más su encono contra los políticos de alta cuna era in disimulable, los veía y trataba como asesinos, inútiles y dilapidadores de los fondos públicos.

Tan es así, que en su afán de humillarlos y al mismo tiempo que sean productivos en algo, convirtió el palacio en un gigantesco burdel, obligando a esposas e hijas de los senadores a prostituirse y recolectar fondos para el imperio, ya que a su modo de ver las cosas, eran para lo único que servían. Las esposas e hijas de senadores cumplieron con la tarea, y hasta Suetonio debió reconocer que muchas quejas departe de ellas no se escucharon.

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Presenció todo tipo de contubernios, complots, envenenamientos y ejecuciones sumarias desde su niñez. Más, por haber sido su padre asesinado y él mismo víctima de un intento de envenenamiento seguramente tenía un talante desconfiado, la traición es eso mismo, traición, y procede del que menos se espera. Evidentemente era un ser solitario, por tanto no podía confiar sus ideas a nadie.

Es posible quizá que maquinara una solución para la salvación del basto imperio cuyo mantenimiento se vislumbraba en esa época ya difícil, y el modo satisficiera inclusive sus aspiraciones personales, no es un razonamiento descabellado, sólo se trata de seguir algunas pistas que dejó.
El gigantesco imperio necesitaba a futuro ser gobernado por un proporcionalmente enorme poder. ¿Que mayor poder que el de un dios?.

Tal vez inspirado en el sistema por demás exitoso por milenios de los faraones decidió erigirse a si mismo como deidad, casándose con su hermana, erigiendo una estatua a su imagen en el templo de Jerusalem, y aquí debemos detenernos.
Tuvo, justo es decirlo, una fina intuición sobre el sitio donde realizar su apoteosis, ya que Jerusalem fue el sitio que originó la religión mas importante de occidente. Paradójicamente esa religión permitió que sobreviviera hasta nuestros días casi todas las instituciones de Roma, costumbres, arquitectura y hasta idioma.
En definitiva no hay demasiada diferencia en términos políticos firmar como Júpiter en la época pagana, o ser rey con la Gracia de Dios en la era cristiana.

Quizá se vea indicios de extrema lucidez o al menos, cierta premonición de como debían sucederse los hechos y en realidad nada de eso había, pero, son llamativas algunas coincidencias.
La palabra “loco” deriva de “iluminado”.

Siguiendo con la historia de este Cesar, su final fue predecible.
Ningún noble por mas alta que fuera su cuna podía sentirse seguro o tranquilo en el reinado de Calígula, y aquel quien exclamó ” Que me odien con tal de que me teman”, no pensó que el temor en los poderosos es letal.
Casio Querea, prefecto, recaudador de impuestos incompetente y sospechado de corrupción, encabezó con otros tres el atentado, si bien en la conspiración homicida estaban involucrados cantidad de senadores y guardia pretoriana.

Fue apuñalado junto a su esposa, y a su pequeña hija, de no más de tres años, se le reventó el cráneo contra una pared. Suetonio justifica el asesinato de la niña diciendo que a pesar de su corta edad era un prodigio de maldad.
La guardia germana que siempre lo acompañaba no reaccionó a tiempo, Calígula, como sus antecesores, prefería ser cuidado por extranjeros mas que por sus conciudadanos, así era la desconfianza.
El ejército no apoyo a los senadores, al igual que la plebe, siguieron siendo leal a su emperador muerto, tan así, que Claudio, su tío, que lo sucedió en el trono, debió ejecutar a los asesinos.

En la memoria de los tiempos quedo como el perfecto rufián, el gran degenerado, el blasfemo, el monstruo, mientras que el Senado volvió a sesionar tranquilamente.
Queda claro que todo lo que aquí se especuló sobre un Caligula distinto no tiene ningún asidero histórico serio, ningún documento que avale las intenciones del Cesar, como tampoco sobrevivieron documentos que no sean tan tendenciosos como los de Suetonio, o Dion Casio, salvo algunos escritos de Seneca entre otros, quienes, por cierto, tenían un fuerte tinte político.
Roma hacia tiempo había dejado de ser una República parecida a lo que en estos tiempos se entiende como tal, Roma era un enorme organismo que se caía por su propio peso.

Si Calígula hubiera triunfado en su reinado, si hubiera impuesto su punto de vista, quizá, hoy, la iglesia y los papas serían muy distintos y no habría cruz alguna en los altares. Pero, seguirían siendo indudablemente romanas.

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y texto)