Treinta años atrás se lo llamaba de distinta manera, Neurosis, Hipocondría, Histeria, los médicos miraban despectivamente o con pena a esa persona ingresada en Urgencias que, aseguraba, se estaba muriendo, y realizados todos los exámenes de rigor, nada demostraba esa certeza.

Y así se siente, la seguridad absoluta que la muerte está a unos minutos de distancia.

Quien lo padece transpira sudor frío y pegajoso, su corazón late acelerado, los objetos se tornan irreales, y el entorno se aleja, la sensación de hundirse en un pozo negro, opresión en el pecho, cuesta respirar porque el aire no parece llegar a los pulmones, pero no hay nada que justifique esos síntomas, luego de un tiempo, relativamente corto, todas esas sensaciones ceden, pero el individuo queda profundamente afectado, no comprende lo que le sucedió, se ve a si mismo abyecto, avergonzado, y sobre todo aterrado, no vuelve a ser quien fue.

Las sensaciones experimentadas pueden entenderse con una analogía, imagine que transita por una carretera a gran velocidad, un camión enorme se abalanza en sentido contrario, imposible eludirlo, en un segundo comprende que la colisión va a ser fatal. Entonces el cerebro manda desesperadas señales de supervivencia, una fortísima descarga de adrenalina que afinan sus sentidos para rápidas reacciones de escape, su corazón se acelera mandando sangre y oxígeno a sus miembros, la transpiración lo baña para enfriar la piel recalentada por la explosiva actividad interior, y para que se torne resbalosa por si debe escurrirse, la visión periférica desaparece, el miedo maneja todo el organismo pues es la clave de la supervivencia, la reacción básica de un animal frente a un peligro mortal.

Ahora, quite la carretera, el camión, el accidente, esta fuera de todo peligro, en un ámbito normal, pero experimenta repentinamente todas esas sensaciones.

Eso es un Ataque de Pánico.

La persona queda resentida, aparecen todo tipo de fobias, la más común es el miedo a salir de la casa, se encierra voluntariamente. Si bien el episodio no se repite con frecuencia, el temor a sufrirlo nuevamente es muy fuerte, tanto como el ataque en si mismo. Lo cual en muchos aspectos es invalidante.

Quien esta afectado intenta usar la lógica, entiende perfectamente que no existe en ese momento un peligro real, pero es difícil, si no imposible, razonar ante las reacciones intuitivas del animal que mora en el inconsciente humano.

Con el tiempo, alguna estrella de Hollywood declaró sufrir de Ataques de Pánico, inmediatamente y para no ser menos se sumaron otras, y ese estado alterado se puso de moda, dejo de ser vergüenza.

Se estudió los posibles desencadenantes tanto en psiquiatría como en neurología, pero no se pudo hallar un patrón. Ni drogas, ni alcohol, ni infancias desdichadas, ni clases sociales, nada era compartido en los distintos casos. Sólo sucede aleatoriamente.

Lo que si se descubrió que la mayoría de los casos eran trastornos de ansiedad, no verdaderos ataques de pánico.

Hoy en día los tratamientos suelen ser efectivos, especialmente los que utilizan temporalmente químicos que frenan los falsos avisos de alarma en el cerebro. Las terapias también se apoyan en la utilización de medicamentos.

En la mayoría de los afectados desaparece, aunque no del todo, íntimamente existe el temor a que se repita.

La palabra pánico deriva de la deidad menor Pan, quien, cuando era molestado en su descanso por algún humano distraído que paseaba por su territorio lanzaba un repentino y horripilante alarido, que aterrorizaba de tal modo al desprevenido mortal que este emprendía una enloquecida carrera, presa de un terror indescriptible, un terror en su más pura y salvaje expresión, causada por sólo un grito, por nada. Siempre en las leyendas se encuentran realidades.

 

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