Drusila

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Gran parte de las naciones, este año, han llamado a sus ciudadanos a votar.
¿De verdad los ciudadanos deciden quienes serán responsables de dirigir esas naciones?
No se trata de caer en teorías conspirativas fáciles, se trata de una pequeña reflexión, hasta qué punto el bombardeo de propaganda, el marqueting, y tanto aparato inductivo bien afilado hace creer que, quien se presenta con sus propuestas, es representante de esas propuestas y, no de otras que, hábilmente camufladas, son las que en definitiva regirán.

Supongamos un vasto escenario, supongamos que los escenógrafos trabajan febrilmente acondicionándolo con el fin de crear las condiciones necesarias para que los actores se luzcan.
Por ejemplo, una buena cantidad de atentados, problemas económicos serios, desempleo, carencias, desabastecimiento, esos son algunos elementos que decorarán el escenario.

Lleva tiempo, hay que tener en cuenta que son expertos quienes deben preparar minuciosamente la puesta. Un año, dos, tres, diez.
Cuando las leyes disponen del momento de votación, el escenario está a punto.
Ahí, suben nuestros actores, con sus libretos bien estudiados, pero, lamentablemente, nunca se sabe quién es el autor de la obra, merecería figurar, sea uno sean muchos, porque el despliegue de talento literario merece reconocimiento.

Nuestros actores comienzan su número, denostando, criticando, y proponiendo soluciones para ordenar ese caótico escenario (recordemos acondicionado para ello), frases altisonantes, sentencias apocalípticas, demonizar a los otros actores, dramas, discursos, arengas decimononicas o tercermilenistas, apocalípticas y toda la comparsa. Con música y todo, show completo.

La gente entonces, presa de la febril y efímero acto de poder, va a votar.

Gana uno, cualquiera, con el correr de los meses la gente ve, casi con un poco de estupefacción, que en realidad todos los actores ganaron.
El escenario se monta otra vez.

Sonia Drusila Trovato Menzel