Veinte años de compromiso con Ourense, ¡Feliz Cumpleaños! Ponte Vella

  • Más de medio centenar de empresarios locales cambiaron la historia del comercio local
  • Un importante salto en la modernización de la ciudad y del comercio local
  • El Centro abrió la ciudad al río
  • El conselleiro de Industria lo calificó como “símbolo del progreso del pequeño comercio”
  • Ha programado un mes de octubre cargado de actividades para celebrarlo

 

Hace 20 años que entró el primer cliente en el Centro Comercial Ponte Vella. Desde esa apertura al público, recibe cada año más de cuatro millones y medio de visitantes.

El edificio comercial fue inaugurado oficialmente un día antes, el 4 de octubre, en una jornada festiva con el sonido de la Real Banda de Gaitas de la Diputación y fuegos pirotécnicos nocturnos como colofón de un gran paso en la modernización de la estructura comercial de la ciudad.

Se materializaba así un proyecto cuyas primeras reuniones -allá por 1994- tuvieron como escenario las instalaciones de la Cámara de Comercio, presidida entonces por Jorge Bermello, y como protagonistas a más de medio centenar de empresarios ourensanos. La apuesta empresarial se plasmó en un proyecto que se presentaría en 1997 y, tras dos años de trámite, sería aprobado en 1999, dando luz verde al inicio de las obras.

El Centro fue inaugurado por el entonces conselleiro de Industria y Comercio, Juan Rodríguez Yuste, quien lo calificó como

símbolo del progreso del pequeño comercio.

 

Y es que detrás de este complejo comercial estaba el esfuerzo y la cooperación de un amplio grupo de comerciantes ourensanos que no dudaron en dar un paso al frente y apostar por la unión. Así, crearon la sociedad mercantil UCOSA (Unión de Comerciantes Ourensanos) para convertirla en un hito histórico de la economía colaborativa en la actividad minorista. Y aquí radicaba otra de las singularidades del nacimiento del Centro Comercial y es que, contrariamente a la tendencia general, los promotores eran mayoritariamente empresarios locales.

Surgía así el primer centro comercial urbano de la capital a la vez que el mayor proyecto constructivo de la ciudad durante mucho tiempo. Su singular pirámide se integraba así en el paisaje urbano de la ribera del Miño y marcaba una nueva etapa de cambio en la historia del comercio minorista local.

Espacio de ocio-compra: variedad y comodidad

Con el paso de los años, el complejo comercial se ha convertido en el punto de encuentro habitual para los ourensanos y los residentes en su área de influencia, principalmente del sur de Lugo y del norte de Portugal. El potencial de atracción del centro gira en torno a tres de sus principales locomotoras, con raíces netamente gallegas: Gadis, Zara, Galicine.

Pero Ponte Vella es más que un Centro Comercial. Además de sus 13.000 metros cuadrados de terrazas con singulares vistas al río Miño, concentra la única oferta comercial de la ciudad en cines: sus ocho salas, equipadas con los últimos avances en proyección y sonido, tienen capacidad para 1.356 espectadores. Una continúa e intensa programación de actividades -sobre todo para los más pequeños- mantiene su pulso atractivo completado por la amplia oferta de los locales de restauración.

Otra de las ventajas que contribuyen al poder de atracción del Centro es la comodidad en el acceso de vehículos. Sus dos plantas de parking -con accesos desde la N-120 y desde la calle Sáenz Díez- tienen capacidad para albergar a 680 vehículos. Desde hace unos años ofrecen la opción de aparcamiento gratis todas las noches, desde las 23:00 horas hasta las 12:00 del día siguiente. 

Salto cualitativo en modernidad

La construcción del complejo comercial proporcionó a la ciudad un elemento más de modernidad en las riberas del Miño, sumándose al Puente de Milenio, también inaugurado en 2001.

El diseño arquitectónico del Centro quedaba singularizado por sus rampas, las amplias plazas en diferentes niveles (13.000 metros cuadrados en total), las vistas sobre el río Miño y la pirámide que corona la edificación. A ello habría que sumar la pasarela sobre el río Miño y la escalera metálica que lo une con el Parque Miño.

Así, además de adaptarse al relieve del terreno, se buscaba una integración ambiental y, sobre todo, poner fin a las anteriores tendencias de «vivir de espaldas al río».

 

Otro de los aspectos destacables en el diseño de la edificación comercial son la fachada acristalada (muro cortina) en la que se empleó vidrio reflectante y de baja transmisión, lo que le proporcionaba un innovador estatus en eficiencia energética. Los amplios lucernarios -a una y dos aguas- permiten la entrada de abundante luz natural frente a los centros comerciales hormigonados y con estructuras cerradas.