• Por Juan “El letrastero” desde su sección “Acuéstate y suda”

Se dice que se tiene morriña cuando se extraña un lugar al que se le profesa cariño. Yo añadiría que para que este estado o sensación se manifieste, hacen falta también un buen puñado de nombres que aporten esas dosis de fraternidad, para que a posteriori se “sufra” (es un gustazo), de esta añoranza mirando ese calendario; restándole semanas, cual entrenador primerizo hace cuentas para afrontar la temporada.

Este sentimiento, al igual que esa sensación de plenitud que te invade cuando sales enderezando el volante, una vez rebasada la última curva, y a unos segundos escasos de visualizar el letrero de: “Pobra de Trives”… es algo inexplicable. Confieso que lo intenté transmitir el día 8 de agosto en a Praza do Reloxo de Trives, mientras presentaba mi novela “La sonrisa de la huida”; pero debo reconocer que estaba más nervioso que un flan sin su flanera.

 

Debo reconocer que en una semana y poco… he comprimido tantas sensaciones, que aún a día de hoy me cuesta digerirlas

 

Y es que el tiempo que va desde que mi familia y yo nos bajamos del coche, con los: “Ya llegasteis” y los no menos curiosos: “¿Y cuándo os vais?, hasta que te empiezas a encontrar con esas amistades forjadas más a fuego que las espadas que someten a pruebas de todo tipo en un programa de la televisión, vives literalmente en una nube. Qué extraño, ahora sí, fue eso de no poder dar ni un abrazo.

Sin embargo, en mi caso, debo reconocer que en una semana y poco… he comprimido tantas sensaciones, que aún a día de hoy me cuesta digerirlas. Y lo expreso de manera positiva.

Me veo en la obligación de dar las gracias a todas las personas que acudieron esa tarde calurosa de sábado a lo que se denominó como presentación, y que realmente para mí, fue un sueño hecho realidad. Un sueño de esos que agarras al vuelo camuflado en la emoción, y lo guardas en el zurrón de las alegrías perennes. Un sueño por el que únicamente tuve que trepar, pues los verdaderos protagonistas de ese acto fueron los que con su presencia, colaboración y ayuda; tejieron la tela por la que intenté explicar lo que representaba para un servidor estar ahí acompañado.

Me veo en la obligación de dar las gracias a todas las personas que acudieron esa tarde calurosa de sábado a lo que se denominó como presentación, y que realmente para mí, fue un sueño hecho realidad

 

Dar las gracias al Concello de Trives y a las personas que montaron y se preocuparon por el desarrollo del acto, con una disponibilidad que me parece digna de mención. A Cristina y Fernanda Paz (madriña): por llevarme a una abrumadora tranquilidad (aparente), con sus prologadas y prosaicas palabras. A Xosé Manuel Fernández (Hermanager Producións): porque de la amistad perpetua, hizo todo un ejercicio de profesionalidad, al gestar y conducir el evento desde meses atrás. A J.B. da Enciñeira: que se encargó de templar los nervios y cuidar por la hidratación de las gargantas. A Mamen, Miguel y Andrés: por soportar días atrás ese nudo de emociones que cada vez se apretaban más. Y ante todo, a las personas que me arroparon con su presencia durante la presentación: conocidos (Pena Folenche ,Cova ,Navea presentes), y no conocidos. A todos por igual, les muestro mi agradecimiento más sincero y humilde. Porque si se hicieran una mínima idea del surtido de emociones y recuerdos que cruzaron mi mente tomando asiento posteriormente en mi corazón esa tarde de agosto, sabrían que lo que estoy intentando expresar, no es producto de una accidental ingesta del bote de “Mimosín”, sino la sonrisa más franca barruntada con la estrofa no menos explícita del maestro Rosendo: “… Prometo estarte agradecido”.

Ah! Y hablando de accidentes, y ahora que miro de soslayo el título de arriba y mi tibia a la vez, no podía pasar por alto a David, Bea, Mar… y demás, que me van a perdonar porque no es que no recuerde sus nombres, es que ni los sé. Pero lo que sí sé, es que ellos también formaron parte con su HUMANIDAD de la presentación. Pues este grupo de personas, y a los que acudieron a socorrerme, sin pensárselo ni un segundo, cargando al estilo costalero casi un kilómetro conmigo, hecho un cristo, nunca mejor dicho, por las pasarelas del Río Mao. Y a los cuales puse perdidos de sangre y sudor. Esas PERSONAS que con una empatía total me rescataron; me hicieron un torniquete; se preocuparon por los míos… y hasta le quitaron hierro al accidente con alguna que otra broma. A esas personas, si tuviera que aplaudirles, me quedaría sin manos.

La frase de: “Porque llevas una camiseta de Motörhead, que si llegas a llevar una de Mecano te dejamos aquí eh” era digna de figurar. Pues pasé de ir por una hemoglobinosa Highway to hell, a ser cosido con un puntilloso souvenir made in Galiza 2020. Keith Richards nos bendiga.

Graciñas a tod@s.

“Morriña Letrastera”

 

  • Por Juan “El letrastero”