Si decían los egipcios que “sólo existe lo que se nombra” y, tomando al diccionario de la RAE (el mundo al alcance de todos los. hispanoablantes) como heredero de esta misma vocación en tanto que sistematiza el máximo número de “realidades” en Lengua Española, podemos decir que: conciliar” es “conformar dos o más proposiciones o doctrinas al parecer contrarias”, resultando “contrarias” en el ring de la vida en este caso, las facetas personal (o familiar) y profesional, haciendo referencia la “conciliación” a la necesidad de armonizarlas, por el bien común.

La, a estas alturas, tan cacareada “conciliación de las vidas personal, familiar y laboral” que, conceptualmente parte (no lo digo yo, lo dice la RAE) de su respectiva autoexclusión (de ahí que haya que recurrir al auxilio de la “conciliación”) desde una perspectiva sociológico-política (que viene a ser lo mismo que aplicarle levadura a los conceptos de la RAE) ha alcanzado unas cotas de autodefinición bastante complejas:

“La participación equilibrada entre mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo, conseguida a través de la reestructuración y reorganización de los sistemas, laboral, educativo y de recursos sociales, con el fin de introducir la igualdad de oportunidades en el empleo, variar los roles y estereotipos tradicionales, y cubrir las necesidades de atención y cuidado a personas dependientes”.

Cuando el pasado mes de diciembre (tempus fugit) la Ministra de Empleo y Seguridad Social, compareció en Comisión ante el Congreso de los Diputados diciendo que el Ejecutivo buscaría un pacto nacional para la conciliación y racionalización de horarios “con una jornada laboral en España que acabe a las 18:00 horas“, incluyendo además otras fórmulas como el teletrabajo o la creación de una “bolsa de horas” para la gestión de asuntos propios, no olvidó mencionar ese cliché tan manido de que “evidentemente las empresas grandes y medianas pueden hacerlo de manera más fácil mientras que las pequeñas tendrán que ir arbitrando modelos para hacerlo posible”.

¿En serio alguien se fía de que a esas “empresas grandes” que en España soportan una carga fiscal media del 6% frente al 14,9% sobre beneficios de las empresas pequeñas, nuestra conciliación les importe algo? ¿Siguen confiando en que aún no nos hayamos dado cuenta de que si tributaran como las pymes, España podría cumplir los objetivos de déficit con Bruselas? ¿Alguien se sigue creyendo – la Ley para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras es de 1.999- que esas empresas “grandes” van a aprobar políticas (de empresa) acordes a las políticas (estatales) referidas al controvertido asunto de la “conciliación”? Visto lo visto, como para fiarse, y en lo que respecta a ese pacto que institucionalice la salida a las seis de la tarde que mencionaba la Ministra, entendemos que dejando a salvo la, en su caso, “condición más beneficiosa”, mirando a los ojos a la realidad tangible que nos rodea, lo que les gustaría a muchos trabajadores de este país es poder estar trabajando a las seis de la tarde” e incluso si se tercia, un rato más.

Y claro que ha habido empresas “grandes” que han puesto medidas para facilitar la conciliación, aunque lo simpático del asunto son los beneficios indirectos (capital no cuantificable) que le han atribuido los gurús del marketing empresarial destacándose el aspecto económico (o mercantilista) en detrimento del sociológico (o de cambio de modelo productivo) y que por lo visto se materializa en presuntas mejoras de imagen ante clientes, proveedores y accionistas; en el acrecentamiento del liderazgo y de la cultura de empresa; en el incremento de la competitividad y del acceso a subvenciones y desgravaciones, así como en la reducción de costes de supervisión, de rotación y de baja de los empleados, complementada por una mayor facilidad para retener el talento, al entenderse que el sueldo no va a ser el único criterio de fidelización del trabajador.

¿Pero no será justo al revés? ¿No será en la pequeña empresa, donde cada persona cuenta, donde el éxito parte de que el proyecto sea compartido y donde la participación de todos es imprescindible para que la empresa se consolide y adapte a las necesidades, donde el compromiso con la igualdad y con el desarrollo personal y social tiene más posibilidades de asumirse de manera natural?

Conciliar las facetas personal, familiar y laboral es un derecho y una condición fundamental para garantizar la igualdad entre mujeres y hombres aunque, a pesar de los casi diez años de vigencia de la Ley, la crisis económica ha provocado una regresión en este aspecto resurgiendo planteamientos que van al rescate de los valores de la familia tradicional y del equilibrio de fuerzas entre lo masculino y lo femenino en el que siempre pierden las mismas.

España está a la cola de Europa en conciliación y junto con Portugal somos el país de Unión Europea con menos flexibilidad laboral. Con una media de 1.665 horas al año, España lidera el ranquin de los países que más trabajan de la Unión Europea. A esto hay que añadir que, la “Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles” nos define como un país “patriarcal” y “machista”, de manera que no debemos caer en la autocomplacencia dando por hecho que con un “pacto nacional” el cambio ya está hecho, puesto que agazapadas hasta el tuétano de nuestro inconsciente siguen existiendo desigualdades que nos parecen tan “normales” que hemos dejado de verlas. Y eso sin tener que renunciar a sentirnos privilegiados puesto que esta misma reivindicación, en muchos países se encuentra todavía en la fase de conseguir igualdad en el acceso a la educación de hombres y mujeres.

¿Cómo podemos conciliar nuestra vida familiar y laboral cuando el 94% de los contratos que se firman en España son temporales, cuando la media de los de salarios han disminuido un 30%, y cuando hay trabajadores que no saben si van a trabajar mañana o dentro de 8 días porque están sometidos a la demanda de las empresas de trabajo temporal? ¿Alguien cree que con estas condiciones es posible que las sociedades avancen? Que se sepa, hasta la fecha no ha habido una verdadera política de fomento de la conciliación y racionalización de los horarios y menos aún en los últimos años marcados por la crisis económica, en los que este tema se ha considerado secundario si no terciario y, para ejemplo ahí está el vapuleo presupuestario al que ha sido sometida la Ley de Dependencia.

No obstante hay quien habiendo conseguido pasar a la parte consciente de su cerebro lo relativo a estas desigualdades, lejos de reaccionar contra una estructura social que lleva miles de años agazapada bajo el ala de un machismo que se asume sin complejos, incluso la promociona. El Partido Popular ha pretendido concienciar a las mujeres de que su mejor contribución para salir de la crisis es echar una mano en el cuidado de la familia, regresando por lo tanto a las estructuras patriarcales más escalofriantes que atribuyen al hombre el sustento económico y a la mujer el emocional y que, por otro lado, se ven “promocionadas” por el contexto salarial.

Ejemplo extraído de la realidad empírica de por qué muchas mujeres dejan de trabajar al tener hijos: si una guardería privada viene a costar unos 400 euros al mes y hay sueldos de menos de 400 euros, la compensación del presupuesto familiar pasa porque la perceptora de un salario que se destinaría de manera íntegra al abono de un servicio que le permitiría trabajar (las puertas del abismo) deje de trabajar, situación que sólo podría corregirse si todos las madres y padres que lo necesitaran tuvieran acceso a guardería públicas, gratuitas y de calidad. Y lo mismo podría decirse respecto de las renuncias (en detrimento de la conciliación, porque “renunciar” es “elegir” pero nunca “conciliar”) que supone el cuidado de mayores o de personas con diversidad funcional.

Ciudadanos fue el único partido que se mostró satisfecho con la propuesta de la Ministra porque ya era una de sus reivindicaciones que los españoles teníamos que empezar a acostumbrarnos a un modelo de horario más compacto y flexible sin atreverse a protestar que estos “presuntos avances” en forma de “hipotético pacto” no son más que un tratamiento cosmético pero nunca quirúrgico.

Por supuesto que debemos plantearnos la racionalización de horarios y la conciliación como instrumentos de mejora de la productividad, de un desempeño más eficiente del trabajo basado en objetivos y no en las horas que se pasen en la empresa para, de esta manera, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos al facilitar la compatibilización de sus facetas laboral y personal, igual que debemos fomentar el papel de la mujer incrementando el número de cargos políticos y decisorios para modificar las actitudes y que a diferencia de los “pactos nacionales” sí tendrían la capacidad de implantar, por interiorización, un nuevo modelo social.

A diferencia de esas Ministras que son madres durante el desempeño del cargo y se reincorporan al trabajo en tiempo récord estableciendo una referencia –hasta cierto punto publicitaria- que hace un flaco favor a las demás mujeres, tenemos que irnos acostumbrando a la imagen de un Diputado o Diputada que lleva a su hijo o hija al Congreso con la finalidad de visibilizar la generalización de los problemas que cualquiera tiene para poder compatibilizar sus distintas facetas. Los comportamientos ejemplares (y ser “ejemplar” no es sino un compromiso de responsabilidad con los demás que te importan lo suficiente como para esforzarte en darles siempre tu mejor versión con el objetivo de inspirar que cada uno, en su individualidad, sea también su mejor versión) tienen mucha más fuerza para empujar la rueda del cambio de lo que pueda parecer (“largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos”) en palabras de Séneca.

Trabajar por la modificación de los roles tradicionales de mujeres y hombres respecto de su implicación en la familia, hogar y trabajo, en el marco de empleos dignos y justamente retribuidos también es política para la conciliación. Pero el tiempo vuela (tempus fugit …otra vez) de manera que todo aquel que como ciudadanos dejemos de aprovechar para poder educar a nuestros hijos y atender a nuestros mayores; para avanzar en nuestro desarrollo personal o social contribuyendo a la consecución de una sociedad más igualitaria y comprometida, mucho más cívica y solidaria con un mayor respeto y comprensión de los diversos roles en el trabajo, aumentando el grado general de satisfacción, también se irá (el tiempo es así de rencoroso)…para no volver.

  • Artículo elaborado por Santiago Molina Jiménez

Santiago Molina Jiménez