Alba Novoa

Alba Novoa

No soy una persona que sea fan de la gente. Llamadme amargada o lo que queráis. No me suele gustar la gente, así, en general. Me gustó durante un tiempo, pero con el paso
del mismo, he aprendido a sacar denominadores comunes y me he dado cuenta de que no me gusta más. No es por querer hacerme la ‘especialita de la vida que presume de
pasar de la corriente mainstream’. No. Es que el 75% de la gente con la que me voy encontrando por ahí necesita, urgentemente, un alpargatazo. Ya sea en la boca, en la
cabeza o en otras partes. Lo necesitan. Y pienso así por cosas como las que voy a contar ahora.

Por ejemplo, esta semana he ido a un concierto (conciertazo. Ed Sheeran es mi pelirrojo favorito para siempre ya y Saint Raymond ha sido todo un descubrimiento). Estaba en
pista, con mi hermana y su novio, en mitad del recinto. Cuando vas a un concierto, vas preparada para empujones, achuchones, medios litros de cerveza cayendo en tus
zapatillas y, obviamente, bien entrenada para aguantar de puntillas todo el concierto para poder ver que, efectivamente, el cantante por el que te has gastado el dinero está ahi y,
en este caso, no es un episodio de ‘Teo llena el Palacio de Deportes de Madrid’ lo que estás viendo. Una vez asumido esto, vas al concierto, ilusionada y de buena gana. Hasta
que, después de ver que se te ha puesto medio equipo de baloncesto femenino delante (cada recinto contrata a uno para que se pasee de un lado a otro en la zona de pista.
Ningún espectador se queda sin la experiencia ‘me cago en mi vida, que ahora no voy a ver porque a ésta le dieron muchos petit suisse de pequeña’), llega la ‘eh, tengo codos y
quiero que seas consciente de ello’. ‘Tengo codos’ espera a que empiece el headliner para invadir tu espacio vital y clavarte el codo en la espalda. Cuando te giras para preguntarle
que si es que quiere parte de tu médula espinal, te responde, con cara de indignación máxima: ‘es que no paras de bailar y saltar y no veo’. ‘Amor. AMOR DE MI VIDA: estoy en
un concierto. Estoy en EL concierto. Llevo dos horas aquí de pie, oliéndole el sobaco a la de delante y con los brazos en jarra para proteger mi pedazo de oxígeno. Bailo, salto o
saco mi Tejenova para hacerle una bufanda al pelirrojo y dársela a la salida. Hay un espacio a mi lado libre. Muévete, amor’. Se movió. Es un decir, porque lo más dinámico
que hizo en todo el concierto fue levantar los brazos para dar dos palmas (dos, contadas. Dos. Una y dos).

No hablo ya de la pareja que tiene complejo de castellers. Son esos que se echan encima de la persona que tienen delante, aunque estén al final de la pista y tengan todo el
espacio del mundo detrás suya. Queridos amigos, cariños míos, por más que os echéis encima del pobre espectador que tenéis delante, no vais a tocar al que está en el
escenario. Cuanto antes lo entendáis, menos sufriréis. Es una movida para los fisioterapeutas, pero ellos lo entenderán. Tampoco os van a subir al escenario porque
mováis mucho los brazos y se los metáis en la cara a la persona que tenéis al lado. Para resumir, sois un punto más en la foto que va a sacar el pavo desde el escenario. No sois
más guays que los demás. De hecho, no sois nada guays. Seríais un poco más guays si dejáseis vivir a los que tenéis alrededor. Al cani de blanco y pendiente de coco y a la lista
de azul que confunde a los seres humanos con poyetes, un beso y un grato recuerdo desde el sur. Espero que hayáis dejado de sangrar después de la puñalada que os
metieron en el bar cuando os gastásteis 10 € en el medio litro de cerveza.

En resumen: Ed Sheeran y Saint Raymond molan mucho. A mí no me gusta la gente.

Pero lo importante es lo primero. Escuchadlos ya si no lo habéis hecho ya.

 

Alba Novoa

http://albanovoaf.wix.com/albanovoaf