Por si las moscas

  • Reflexionando sobre la vida y la muerte
  • Por Juan «El letrastero» desde su sección “Acuéstate y suda”

 

Debo confesar, que en innumerables ocasiones dejo a las canciones de mis artistas favoritos danzar desbocadas por la pendiente de la imaginación; ya sea conduciendo, caminando, o cuando mi pupila lanza su ancla a un ángulo muerto sin sentido aparente. Es ahí, el enclave sobre el que las reflexiones pedalean con la ligereza que el triciclo de las cavilaciones sin sentido les concede. El instante justo en el que llaman mi atención. Allí, bien lejos… diviso a la vida ajustándose el garfio del desapego. Aquí, justo en esta mesa, cerco y aprisiono con un vaso vacío a una mosca veraniega, y dejo que me cuente, que me hable de lo patéticos que podemos llegar a ser. Pero principalmente, ordeno sus vuelos de libertad frustrada, y le cedo la opinión.

Me cuenta, que fueron aquellas sombras nuestras las que se desvanecieron a la par; sembrando al presente de una inerte voluntad. Que las frases lapidarias que nos cedió el desasosiego adulterado, eran meras ilusiones irreales. Que las fuerzas de flaqueza se ponen a dieta sin pedirnos permiso, atiborrándose de vértigos superfluos que trepan por los muros de este camposanto.

Aprisiono con un vaso vacío a una mosca veraniega, y dejo que me cuente

 

Los seres como ella, interaccionan directamente con los huéspedes de este complejo rodeado de cipreses. También, relata sin titubeo alguno, el epílogo final. Nos conoce tan bien, que se juega hasta el último de los pliegues cilíndricos de sus vecinos (los gusanos), a que somos incapaces de saber a qué huelen las nubes, ya que salvo las aves, nadie sube al cielo, si no es con la ayuda de un motor a reacción.

Piel contra piel. Así se pasean otros seres vivos por nuestro cuerpo. De esta manera interactúan entre los siseos que llevan a cabo por este epidérmico caminar. Lentos. Entre los resquicios mezclados que imperan a lo largo del peregrinaje necrófilo por laderas cartilaginosas, u oasis porosos, cual hidratantes pozos… tal vez, sea entonces cuando nos damos cuenta, o no, que nos ha llegado la hora. Que ni tan siquiera contamos con un mísero minuto para salir a saludar a nuestros allegados. Ahí entra en escena el brillo de nuestros órganos ausentes; quedándose el encofrado (el esqueleto) al desnudo… literalmente.

Ni tan siquiera contamos con un mísero minuto para salir a saludar a nuestros allegados

 

Dentro de ese grupo de limpiadores hay uno muy especial: se trata del Pepito Grillo post-mortem. Un granuja que se erige en erudición filosófica a modo de concienzuda larva. Nos hilvana sin compasión todos los pasajes de nuestras vidas, con el fin de pintar un lienzo colorido o grisáceo, dependiendo del caso. En ocasiones, nos observa con un notable desdén cadavérico, mientras desconfía de las siluetas engalanadas en sábanas sedosas. No le agrada nada la fanfarronería en tercera persona, lo sé de buena tinta. Me lo confiesa dentro de su presidio acristalado, que hace apenas diez minutos albergaba una cerveza espumosa y bien fresca. Tampoco son de su confianza la altivez que cotiza siempre al alza. Afirma con fino acierto, que se mueven emulando a las anémonas marinas, puesto que se bañan en la presunción de inocencia… perdida.

Deduzco por sus alas transparentes, que desiste de juzgarnos por alguna causa.

¿Qué más da ser ángel o demonio, cuando los latidos en diferido se encuentran en tiempo añadido?

 

El tan manoseado Carpe Diem, no deja de ser una frase molona que se plasma sin análisis previo en cualquier red social. O que te lo encuentras reflejado en una cita, a lo largo y ancho de un arrugado sobre de azúcar, reposando en el plato minúsculo que sirve de base a tu taza de café. Porque cuando sentimos que luchar contra gigantes a lo largo de nuestra existencia, se puede compatibilizar con una buena androlla con cachelos residiendo en el estómago… quedan atestiguados nuestros bobos principios de cabo a rabo, y con un toque de pimentón.

Tal día… se cumplirá un año, advierte la mosquita. Y así sucesivamente. Y seguramente, nadie te llevará flores, porque no se acordarán, o tendrán otras cosas más importantes que hacer. Pero bueno, no lo tengas en cuenta. Sin embargo, no te detengas a pensar. Mientras nos consumimos, el pasado nos clavará su minúscula e inocente mirada repetitivamente. Nos sugerirá con tono irónico, que disfrutemos de la vida, sí… nosotros, los humanos.

Ya tendremos tiempo de ser manjar de gusanos, pero no de ella, que es vegetariana por convicción, y no por moda.

Palabra de larva… te alabamos mosca.

¡Venga!… vuela, que levanto el vaso