Manuel Guisande

Manuel Guisande

Yo hay deportes que no entiendo; de ese de partirse la cara en un cuadrilátero ya no hablamos, vamos, que lo tenemos todos bastante claro. Iba a decir ni federación ni leches, bueno leches sí, y todas. Pero tampoco comprendo todos esos que terminan en hat-ching- flin-kin- hin-tinkin, que a mí a lo único que me suena es a una patada de bemoles en los dientes y nada más, pero por lo visto es una filosofía… sin libros, claro, por eso hay tantos seguidores.

Además es curioso porque en todas estas prácticas que terminan en chin o fling siempre hay un maestro; pero el fenómeno de turno, a diferencia de otros deportes, no es un joven de 23 tacos, fornido y atlético… no, es un pavo de entre 80 y 90 años que, para mí, lo mejor que hace es saludar con las manos juntitas como si fuera a misa a comulgar y no es por presumir, pero antes de que salude, y mira que yo no soy nada, le pego una patada y lo desatornillo, sí hombre lo desatornillo y lo desmonto porque ese tío tiene todo el cuerpo pegado como un puzzle, vamos, ni lo dudo.

Lo del alpinismo también tiene lo suyo, que no sé a cuento de qué viene subir una montaña de 8.000 metros, pero es que además son pesaditos de narices. «Hoy la subo por la cara norte; mañana, por la sur, pasado por lo que llamamos Pico de la Esperanza, pero es más difícil con la cordada por la zona sur-suroeste», pero no des la vara chaval, sube y calla. Y sí, hombre, es mejor que calles porque la verdad es que yo creo que quienes realmente ascienden son los sherpas, que al resto os llevan de la mano, que deben de estar hartitos y hasta saber decir en más de cien idiomas «por ahí no bobín; por aquí, por aquí». Y como que me da que cuando un día haya una huelga de sherpas más que a ir a tomarse viento la tienda de campaña en el campamento base, lo que va a volar es el alpinismo de elite.

Claro que parar raros los que hacen la vuelta al mundo en solitario en un barquito de vela. Yo creo que la verdad es una excusa para largarse de casa y no volver porque, vamos, a mí me dice la sioux que se va a dar la vuelta al mundo a caballo… y te lo juro que lo último que oye de mí es darle con la palma de la mano al cuadrúpedo en la grupa y decir: «¡¡¡¡Arre!!!» porque luego, ni con un par de GPS de última generación me vuelve a encontrar.

¿La vuelta al mundo? Anda, date dos o tres, que para lo que vas a encontrar cuando vuelvas… Oye, que no es ir al polígono de al lado de casa o hacer el Camino de Santiago, no, que son casi 40.000 kilómetros, como de A Coruña a Valencia 40 veces. ¿Pero qué quieres hacer, dar la vuelta al mundo en caballo o matar al cuadrúpedo?. Y además solo. me lo voy a creer yo, sí neniño, solo… que somos parvos.

Y después hay una cosa que yo no sé si es deporte o está más cerca de las alucinaciones. Son los que van con un 16; o sea un 4×4, por la selva o por el desierto y que la mayor aventura que cuentan es cuando el vehículo quedó atrapado en un riachuelo y que con cuerdas, tablas y ramas que encontraron en la zona pudieron sacarlo y que tardaron 12 horas.

¿Pero es deporte estar 12 horas tirando de un coche para quitarlo de un barrizal?, ¿pero es posible, o es que yo me drogo, que tirar durante 12 horas de unas cuerdas es una aventura y una experiencia inolvidable? ¿Y por qué no piden trabajo en Mapfre o en la Asociación de Ayuda en Carretera y se dedican a sacar coches accidentados de la calzada? Hombre, a mí me dices, por ejemplo, que cruzar el Amazonas a la silla de la reina o en unas angarillas o literas tipo faraón… y, qué quieres que te diga, pues sí, mola; pero tirar de un coche 12 horas… tas de coña.

 

Manuel Guisande

http://manuelguisande.wordpress.com/