Manipuladores. Parte I

Drusila

Drusila

Dos relativamente modernas sub- profesiones medran progresando velozmente en la sociedad occidental. Los «Formadores de Opinión» y los «Creadores de Mercados». Aunque la primera existió siempre, quizá no con la desfachatez actual. Íntimamente asociadas por vínculos de beneficio, suelen interactuar entre si, o no, indistintamente.

Se analizará a los «Formadores de Opinión» en primer lugar y con limitaciones ya que este artículo sólo pretende mostrar lo que esta tan a la vista, que no se ve.
Los «Formadores de Opinión» poseen una extensa escuela, múltiples próceres, pero, el más significativo e influyente en nuestra época es sin dudarlo el Gran Maestre Goebbels de quienes copian métodos sin importar ideologías ya que estas son lo de menos, a no ser que respondan a los intereses que se pretenden imponer.

Estos trabajadores del pensamiento ajeno poseen excelentes medios de desarrollo, donde se crían como bacterias, en la prensa desinformativa, el cine, y en el gran caldero de internet. Comparten esos sitios generosamente con los «Creadores de Mercados».
La materia prima a manipular es la masa, no la encefálica individual, la masa lisa, llana, sin circunvalaciones que porta el vulgo atontado. Fácil de trabajar.

Los principios son simples. La propaganda no debe parecer propaganda, debe parecer opinión certera y fundamentada. Debe ser popular, fácilmente comprensible aunque, el mensaje tiene que pulirse un poco en los casos que se traten de convencer a algún referente cultural, siempre bienvenido para subirse al Caballo de Troya.

Las opiniones por lo tanto surgen desde distintas fuentes, distintos puntos de vista, pero, convergen en el mismo punto.

El resultado deseado es lograr el acuerdo generalizado sobre el punto impuesto, de tal manera se crea el pensamiento políticamente correcto. El segundo triunfo es que todo aquel que no concuerde, se convierta en enemigo, porque en cierta forma lo es al rebelarse y pensar,y sera denostado, diabolizado, y expulsado de la manada.

Es interesante ver como la masa, que esta compuesta por individuos, se presta encantada a que otros formen sus opiniones, que serán futuras decisiones personales, y se traguen sin pestañear el insulto de ser modelados como si sus sinapsis no funcionaran, aceptan ser tratados como discapacitados mentales en áreas de criterio individual, raciocinio, capacidad de deducir, poseer ideas propias. Nadie arroja un zapato a la testa de quien se presenta a si mismo como Formador de Opinión, dada que esa misma definición es un insulto al derecho básico de expresión personal.

Estos pseudo profesionales surgen especialmente de sectores populares, el espectáculo y el deporte son quienes más aportan, sin embargo no es raro que un perfecto desconocido se convierta en mediático de un momento al otro gracias a algún incidente y comience rápidamente a defecar su tendencia.

Actúan con la similitud que da una bien aprendida lección. O quizá un reflejo condicionado ya que al colocarseles delante un micrófono derraman una increíble cantidad de palabras por segundo, impidiendo la introducción de siquiera una letra ajena, eso hace meditar por donde respiran esas gentes ya que el aliento no se les corta en el frenesí de su discurso.

El personaje tampoco destaca como pensador, esta entrenado para, a cambio de la dádiva correspondiente, machacar, encuadrar y empaquetar al oyente. No importa que sus argumentos sean falaces, ridículos, o imposibles, están sólidamente sostenidos por la repetición.
A quienes responden es un casi un misterio, se sabrá el día que se sepa a quienes responden los poderosos líderes políticos del planeta, quienes, no seamos ingenuos, son títeres de otros grandes poderes.

También existe el «Gran Formador de Opinión» indiscutible, supremo, Hollywood.

Más sutil, más cuidadoso, la industria del cine maneja los hilos de la historia a placer, las justificaciones a guerras, asesinatos en masa, y cuanto asqueroso suceso le interese modificar.
Relatar la intencionalidad de industria fílmica lleva bibliotecas enteras, ya escritas por cierto. Sin embargo, y para poner un ejemplo básico a citar están las películas del lejano oeste Norteamericano. Los Western, hoy por suerte extinguidos al menos en su esencia.

Hubo en América un genocidio de magnitud colosal, y sobre ese crimen aberrante se cimentó una nación poderosa, supuestamente embanderada de democracia y libertad.
Injustificable, impresentable, y encima con una par de guerras y una de ellas la mentada guerra fría se hizo necesario un relato, que de paso sirviera para rechazar pueblos diferentes.

A saber, los indígenas era malísimos, salvajes y crueles, y el hombre europeo que invadía, perdón, colonizaba esas tierras debía defender la civilización de la barbarie. No le quedaba más remedio que matar a esos humanoides emplumados, protegiendo sus bienes y familias cristianas y bondadosas de los sanguinarios cortadores de cueros cabelludos especialistas en asesinar niños mujeres y ancianos.

Varias generaciones crecieron con esa imagen, creyéndola, y apoyando la matanza porque encima de malvados, los indígenas eran estúpidos, cabalgando a los gritos delante de los fusiles, empuñados por los buenos hombres blancos que sólo buscaban paz y libertad.

Misteriosamente y con los indígenas ya convenientemente diezmados, Hollywood hizo un mea culpa, porque, paradójicamente, no hay nada más originario de América que los pueblos originarios.
Y se re escribió la historia, parcialmente claro, el indígena paso a ser sabio, de alma pura, valiente, bueno, noble, casi el ideal popular del norteamericano medio. Y, casualmente, todos los norteamericanos declaran tener un antepasado originario. Se entiende el mensaje. Eso se llama manipular, sutil y eficazmente.

Sobre la otra sub profesión, los «Creadores de Mercados» nos ocuparemos en otro artículo…

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