• El abono de invierno se inicia con una saga griega convertida en dislocado, atrevido y talentoso culebrón ibérico

La compañía madrileña Teatro Defondo abre el programa de abono de invierno del Teatro Bergidum con Los atroces, un texto escrito y dirigido por Vanessa Martínez que transforma una saga griega en dislocado, atrevido y talentoso culebrón ibérico. La función tendrá lugar mañana sábado, 27 de enero (21:00 horas).

 

Teatro Defondo parte de la historia de la saga griega de los átridas para transformarla en un culebrón ibérico. Los atroces es una historia de fantasmas, la tragicomedia de una familia española a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días. En un pasodoble que cruza el tiempo, los personajes tratarán de sanar los errores de esa familia.

A través de la comedia y el drama, Orestes conocerá a todas las generaciones de su familia para caminar libre en el presente. Los atroces representan con sus errores todo aquello que deberíamos resolver con nosotros mismos y con las personas que más nos han marcado en nuestras vidas: nuestras familias.

Estamos ante un texto inteligente, una dirección con las ideas muy claras y unos intérpretes que no se salen del carril ni un milímetro, con un planteamiento casi de exhibición actoral que hace que la función crezca imparable hasta el final. Vanessa Martínez encaja la tragedia con habilidad en un planteamiento de comedia en el que brilla el virtuosismo de los seis intérpretes, que se hacen cargo de catorce personajes y saltan del humor a lo trágico, del disparate al drama, con elástica cintura.

 

La crítica ha señalado que “Vanessa Martínez hace contrastar lo cómico y lo trágico, y logra dar coherencia, profundidad y vigor a la formidable apuesta”, calificando la pieza como “una dislocada, atrevida y talentosa propuesta. Una entretenida y aguda función en clave de comedia negra que recuerda por momentos a Chéjov, Lorca, Benavente y Galdós”.

El crítico de la Guía del Ocio señaló que “Los atroces, obra con mayúsculas, conmovedora, escalofriante, monumental en su sencillez escenográfica, sorprendente. Tremenda, descomunal, atroz”