Drusila

Drusila

Halloween, Samhain, o Noche de Brujas es una celebración de origen celta, marca el fin del verano, ya recogidas las cosechas, y la llegada del duro invierno.

Los antiguos celtas creían que en Samhain la frontera que separa los mundos se hace permeable y permite a los espíritus pasar. Era prudente protegerse y uno de los métodos considerados más eficaces era el pintarse o disfrazarse de formas tan horrendas que los entes malignos se asustasen y no provoquen problemas.

De esa raíz surgieron diversos ritos, festivos o de grave actitud.

La iglesia trato de erradicar esa costumbre, y no pudiendo lograrlo, la convirtió en una celebración cristiana, desde el año 700 d.c. se llamo Día de Todos los Santos, o Día de los Difuntos.

No fue la única transformación de la iglesia, muchísimas fechas relevantes para la cristiandad tienen su real origen en otras creencias, la Navidad en el 25 de diciembre por ejemplo, tiene su origen en el culto a Mitra.

En Argentina se celebra el Día de los Difuntos, despojado de todo pensamiento mágico nada tiene de festivo. Es un día solemne en el que las florerías agotan sus existencias porque mucha gente recuerda a familiares o amigos fallecidos y llevan flores al cementerio, sin más pasión que la generada por una obligación.

Pero, desde hace algunos años, tímidamente, en algunos sitios especialmente la cosmopolita Buenos Aires, comenzó a celebrarse Halloween con disfraces calabazas y fiestas.

Los acérrimos defensores de la tradición Argentina rugieron con máxima indignación, la furia se desata cada año porque consideran Halloween como una fiesta importada que nada tiene que ver con las auténticas tradiciones locales.

Si los estúpidos volaran, esta muy claro que aquí no se vería la luz del sol.

Porque casi nada es originario, ni nuestros idiomas, ni las tradiciones, ni los sistemas políticos, ni la religión, ni comidas, ni costumbres, nosotros mismos somos importados.

Aquellos que se desgarran las vestiduras por la invasión cultural deberían notarlo antes de perpetrar el ridículo, además, no poseen autoridad intelectual para trazar una línea en nuestra corta historia y clamar que detrás de ella es tradición, y por delante es contaminación extranjera.

Para ser adalides de la esencia local, al menos, deberían ostentar un mínimo de coherencia y actuar en consecuencia.

Dicho esto, la acción primera a tomar es devolver las tierras a sus ancestrales dueños, o a lo que queda de ellos. Es decir, los pueblos indígenas.

Acto seguido, quitar del calendario Noche Buena, Navidad, Reyes, Pascua, El 1 de Mayo ( la tragedia sucedió en América del Norte), San Cayetano, el Día de la Virgen, el Día del Padre, de la Madre, del Niño, del Amigo, la lista es enorme. Luego eliminar el propio calendario.

Siguiendo esa línea de férrea tradición con matiz xenófobo, desechar el Malambo ya que es un zapateo irlandés, la doma de potros, los indígenas los domaban sin violencia, las carreras de sortijas y a los caballos también, vinieron con los conquistadores, ni hablar del tango, creado por inmigrantes gringos que combina estilos de música extranjera.

Y, ya en pleno plan fundamentalista, el continente Americano entero debe dejar de hablar lenguas extrañas, como el español, el portugués o el inglés, y aprender las lenguas de América.

Basta de alimentos imperialistas, pizza, pastas, hamburguesas, panqueques, milanesas, pastelería, vinos, salchichas, bombones, cervezas et cetera.

Ah, el sistema político, eso sería una delicia, embarcar a todos los burócratas, funcionarios, gobernantes en su totalidad y enviarlos de vuelta con una nota de disculpas. Reimplantar los Consejos de

Venerables Ancianos que impartan con rigor justicia y sabiduría. Ese punto habría que estudiarlos seriamente.

Cumplido esto, practicar festividades o ritos como Naimatac, Chiwultun, Mamaquilla, Inti Raymi, Nguillan, Pucllay, Minka, y ofrendar a la Pachamama. Es posible que alguna festividad o rito local sorprenda por su similitud con Halloween.

Argentina es un país nuevo, nacido de las entrañas de la vieja Europa profunda, sufre problemas de identidad lógicos ante su diversidad cultural, una macedonia que no termina de crearse.
Eso si, la hipocresía en todas sus intrincadas formas, es indudablemente multicultural.