Susana Prieto

Susana Prieto

El campo apenas existe, sí. Si pasea por zonas verdes, agrestes y  que cree en estado puro, desconfíe y abandone de inmediato esa idea. Si  mira atentamente a su alrededor descubrirá  la huella mortal de pesticidas, que los agricultores echan en sus cultivos contra las plagas, así como herbicidas para acabar rápido con lo que llaman las malas hierbas.  Y ni se le ocurra hacer lo que hacían nuestros abuelos en su niñez, echar a la boca un  brote de pámpanos de las vides porque  estará tragando sulfato a mansalva.  Hay que desconfiar hasta de las graciosas, bellas e inofensivas florecillas silvestres.

Florecillas silvestres en Valdeorras

Florecillas silvestres en Valdeorras

Los viticultores deberían reflexionar sobre esa obsesión maldita de estar fumigando los viñedos continuamente y utilizar todo tipo de herbicidas en el suelo donde crecen.
Si la calidad de la uva es indiscutible en la comarca también, al menos para mí, queda mermada por esas prácticas. Porque digan lo que digan, esos productos químicos para matar bichitos pasan a la tierra y de la tierra al fruto y del fruto a su estómago. Está demostrado. En otros lugares España, además de abusar de los plaguicidas, tienen la mala costumbre de regar con aguas fecales y, ya se sabe, la huerta tendrá sabor a water.

Viñedo de Valdeorras

Viñedo de Valdeorras

Seamos un poco más responsables con el entorno. Habría que empezar a emplear remedios más naturales como alternativa a los fungicidas. Y para ello hay, menos mal, varios ejemplos a seguir, algunos de ellos Navarra, donde triunfa  el vino ecológico.

En cuanto a los herbicidas, veneno potente en toda regla, lo más ecológico es tan sencillo como  desbrozar las hierbas que crecen al pie de los viñedos, pero claro, eso supone mucho más tiempo, un esfuerzo e incomodidad que la mayoría de los viticultores y bodegueros  no parece que estén dispuestos a emprender.

Uvas en un viñedo de Valdeorras

Uvas en un viñedo de Valdeorras

Los vinos de Valdeorras son de calidad, sí, pero ésta sería infinitamente mayor si apostasen por la naturaleza, lo natural, el sabor puro del fruto; si se percatasen de que además de mejorar el paladar en la degustación de las uvas, los productos de huerta y el vino,  también revertiría en nuestra salud.

 

Susana Prieto

http://valdeorrasdecerca.blogspot.com.es/