Foto euroSiguiendo el famoso principio de la energía que ni se crea ni se destruye sino que solamente se transforma, podemos decir que con el dinero en este país pasa algo similar.

Salvo que el Banco de España nos esté engañando y se dedique por las noches a darle a la manivela de los papelitos de colores, la cantidad de dinero en circulación en España es la misma que la que había al comienzo de la crisis.

No obstante, aunque sea de forma meramente contable, los sucesivos gobiernos que hemos tenido durante esta crisis se han dedicado a emitir deuda, o sea, a crear dinero ficticio, en papel, el cual hay que devolver con sus correspondientes intereses.

Hemos asistido recientemente a la presentación del indicador del Banco de España en el que se indica que la tasa de ahorro de las familias ha caído desde el inicio de la crisis. De esta forma, los reembolsos netos de fondos de inversión llevan tres años cayendo, el volumen que se negocia en la bolsa anda en niveles de 1993 y hasta ha caído la cifra de negocio en el volumen de depósitos bancarios tradicionales. ¿Dónde se ha ido el dinero de los españoles si se consume menos y se ahorro menos?

¿Más impuestos? ¿Más gasto público? ¿A dónde ha ido o va?

A tenor de los recortes que estamos experimentando, parece ser que a más gasto público no va. Viendo las necesidades de liquidez que tienen las entidades financieras, presumo que tampoco está en los bancos precisamente. Viendo que estamos refinanciando emisiones de deuda pasadas con nuevas emisiones pero que debemos de pagar sus correspondientes intereses, solo me quedan dos explicaciones para decir a dónde se destina nuestro dinero: o bien a pagar intereses de deuda o bien a dar dinero público a las entidades tóxicas del sistema financiero español.

Lo primero es sencillamente doloroso, pero lo segundo creo que es sangrante.

Si las familias consumen menos y ahorran menos, quiere decir que están usando sus ahorros para los gastos corrientes de la vida diaria, incluido el soportar más impuestos. Estos impuestos, en forma de dinero público, que como dijo un día una ministra ‘no es dinero de nadie’, parte se destinan al pago de intereses de la deuda emitida por el Tesoro Público y otra parte, que ha fecha de hoy ronda los 24.000 millones euros, se ha destinado a regalar dinero público a las entidades financieras que no han trabajado de forma correcta, como un justo premio por ello.

Por lo tanto, una gran parte del ahorro de las familias en los diferentes productos financieros pasa de las manos ciudadanas a las manos de políticos y de aquí a la entidad financiera de donde salió, pero con el agravante de que ya no es del ahorrador inicial sino que es un regalo que el ciudadano le hace vía políticos de turno. ¿No sería mejor para eso que se lo dejásemos directamente los ciudadanos y les cobrásemos a las entidades un tipo de interés por ello?

Lo peor es que si ese dinero público volviese a retornar a la ciudadanía en forma de financiación de proyectos empresariales o crédito a las familias, podríamos decir que contribuye al crecimiento económico. Pero como no es el caso, solo acierto a decir que el dinero público que procede de nuestros ahorros sólo vale para tapar agujeros en las entidades financieras a la vez que su pérdida los produce en las familias y en el tejido empresarial español.

Conclusión, en este país, el dinero ni se crea ni se consume, solamente cambia de manos.