La inocencia de un pasado que no volverá es el dulce pájaro de juventud al que alude el título de la obra de Tennessee Williams. Chance Wayne, guapo y atormentado muchacho de pueblo huye a Hollywood persiguiendo sus sueños de gloria y vuelve al cabo de los años con las manos vacías, pero dispuesto a recuperar la capacidad para soñar que la cruda realidad (siempre más prosaica) se encargó de amputarle sin anestesia.

 

Aunque teniendo en cuenta la geografía nos pueda parecer que nuestra Comunidad se encuentra a miles de kilómetros del Saint-Cloud de finales de los 50 en el que se ambienta la obra (en Georgia – USA, no Georgia – “república de”) si atendemos a los datos proporcionados por el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, Castilla y León pierde población a razón de 50 personas, principalmente jóvenes, al día dotando de contexto a la densidad de población de 26 habitantes por Km2… y bajando.

Pero es que, además (siguiendo con las conclusiones del Observatorio) el factor más determinante para el retraso de la emancipación residencial de la población joven en Castilla y León es el “mercado laboral”, y eso en un contexto en el que beneficios empresariales y rendimientos de inversores ya están creciendo en términos anteriores a la crisis sin que por ello deje de aumentar la pobreza entre la clase trabajadora aprovechando la jugada para devaluar las pensiones en el mismo viaje.

La capacidad adquisitiva de los jóvenes asalariados en Castilla y León es inferior a la media del resto de las Comunidades de España, dato que se revela como lamentablemente coherente si introducimos el hecho de que el empleo que se les ofrece (contratos eventuales a tiempo parcial) implica unos salarios que les lleva de cabeza la categoría de “trabajadores pobres” y, ésta sofisticada modalidad de exclusión del mercado de trabajo, ha sido la causa de décadas de emigración de la población joven hacia otras Comunidades y países.

En la actualidad, más del 55% de las personas asalariadas de menos de 30 años tiene contratos temporales, el 53,9% de los cuales es de menos de un año de duración. La contratación indefinida en la Comunidad tiene un carácter residual (menos del 8%) y a pesar de estas evidencias hay, no obstante, quien viene a decir que el número de personas desempleadas según la Encuesta de Población Activa numéricamente se ha reducido ya que, avispadamente, omiten el dato de que al ser (la nuestra) una Comunidad con elevadísimas tasas de envejecimiento, baja natalidad y despoblación, la población en edad de trabajar y la población activa efectivamente disminuyen cada año de manera que esa “mejoría” consiste en una pirueta estadística y no en un retrato. Y para ejemplo, Soria que resulta tener la tasa de desempleo más baja (10,63%) y en cambio León (con el 18,42%) tiene la segunda más alta, cuando la realidad económica es completamente divergente del resultado que arroja la fórmula de cálculo empleada.

Retomando el fenómeno del éxodo juvenil, conviene recordar que en ese saltimbanquismo estadístico resulta muy fácil que determinados trabajadores (con contratos por una hora o que se encuentran realizando un curso de formación) salgan de las tasas de desempleo, cuando de pleno derecho les corresponde estar.

¿Pero qué clase de broma pesada estamos gastando a nuestros jóvenes en la época de sus vidas en la que precisamente les corresponde desarrollar su autoestima, su personalidad, y encontrar su lugar en el mundo y en la sociedad?… Primero les enviamos a todos a la Universidad prometiéndoles una vida de éxito sin que la apuesta saliera bien y sometiendo al “mercado de abastos laboral” a una saturación de profesionales; después proponerles que se hicieran funcionarios nos pareció una solución, pero no hubo función pública para todos, y ahora les decimos que tienen que ser emprendedores, crear su negocio, cumplir sus sueños, como el Chance Wayne de la obra de Williams.

Pero ese conjunto de iniciativas que denominamos “emprender”, que vinculamos con los “sueños cumplidos”, y que engloba un espectro tan amplio que va desde el autónomo dependiente (o “de pega”) hasta un personaje tan siniestro como Henry Ford (pregúntenle a Albert Rivera) para muchos jóvenes está siendo menos una alternativa que un último recurso ante la falta de expectativas; jóvenes que exponen lo poco que tienen porque el sistema les niega una existencia digna basada en Derecho al Trabajo que recoge incluso el Artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1.948 (diez años después de que el “emprendedor” Henry Ford fuera condecorado por la Alemania Nazi)

Desde 2009 y la apertura de compuertas de la crisis económica, el número de emprendedores por necesidad se ha duplicado en Castilla y León siendo el perfil predominante el de autónomo, varón, mayor de 40 años y del sector servicios: un colectivo que no es que haya descubierto pasados los 30 sus cualidades para el emprendimiento sino que roza las fronteras del “riesgo de exclusión”.

Por si fuera poco, cada día “mueren” de media en España casi 180 empresas, más del 70% de los negocios no llega a los cuatro años y en el medio rural castellanoleonés, esa “esperanza en el emprendimiento” no puede seguir limitando la “economía rural” a la agricultura extensiva, sino que tiene que ampliarla de manera efectiva y no sólo posibilista a la industria agroalimentaria en general, a la hostelera, al ocio, a la gastronomía… como parte esencial del desarrollo económico y de la pervivencia de las áreas rurales que en nuestra Comunidad son múltiples y variadas.

La Agenda Territorial Europea dice, de forma grandilocuente, que “las zonas más competitivas son aquellas capaces de responder más eficazmente a la globalización” y lo dice en un mundo donde el dinero y los mercados son globales y los derechos de las personas… ya hablaremos. Pero en lo que sí estamos de acuerdo es que, en este nuevo contexto global, son los jóvenes quienes tienen que liderar el proceso de transformación de la economía castellanoleonesa. El apoyo que existe (escaso y desorientado) y debido a la sed de oportunidades, parte de cierta estética rentable a efectos publicitaros, si bien en la práctica (y ahí están los resultados) hay que ir más allá.

Si no atajamos esta situación con vocación de “salvamento” corremos el gravísimo riesgo de perder a toda una generación para el empleo y para la participación plena en la sociedad, lo que impone una toma de medidas inmediatas y decididas como reconoce el propio Ministerio de empleo y Seguridad Social.

La Junta de Castilla y León destinará más de 181 millones de euros hasta 2020 para facilitar una oportunidad laboral a los más de 73.000 menores de 35 años que actualmente se encuentran en situación de desempleo, pero a pesar de estos esfuerzos, es la segunda comunidad que más activos jóvenes de 30 a 34 años ha perdido a consecuencia de los flujos migratorios entre regiones, siendo la Región con el tercer saldo migratorio interautonómico negativo más abultado en el tramo de edad de 16 a 29 años y es segunda región española que más activos de entre 30 y 34 años ha perdido a consecuencia de los flujos migratorios dentro del país.

Para remate se da la paradoja de que la población joven de la Comunidad se caracteriza por un nivel formativo por encima de la media española, siendo el 58% de los menores de 30 años titulados medios o superiores, y el porcentaje de los que siguen formándose también es superior a la media.

Una vez analizadas las cifras de mercado laboral juvenil, el desempleo y la precariedad del empleo de las personas jóvenes es un problema estructural (así lo califica el CES en su informe anual) es responsabilidad de quienes están al frente de la toma de decisiones políticas, que ese dulce pájaro de juventud (el que susurra el mantra del “prepárate y llegarás muy lejos”) no eche a volar y haga el nido, por tiempo indefinido, a 2.500 Kilómetros de casa.

 

  • Artículo elaborado por Santiago Molina Jiménez

Santiago Molina Jiménez