Drusila

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Carl Sagan, científico y divulgador de ciencias, hace interesantes comentarios sobre el canto de las ballenas. Un sistema de comunicación creado por incontables milenios de evolución.
La ballena yubarta emite sonidos de tan baja frecuencia que apenas son absorbidos en el océano, lo cual permite que dos de ellas podrían comunicarse entre sí en una frecuencia de veinte herz desde cualquier lugar del mundo.
Sagan apunta que ” quizá las ballenas, durante la mayor parte de su historia, han dispuesto de un sistema de comunicación global”.

Con la aparición del buque de vapor, en el siglo XIX, comenzó una época de gran polución sonora en los mares, lo cual produjo, sin lugar a dudas, un grave problema en ese sistema, los mares silenciosos desde el inicio de los tiempos se llenaron de ruidos y, el diálogo de quince mil kilómetros se redujo notablemente.
No se puede mensurar el desastre que eso causó entre las ballenas.
Ni hablar, porque de mas esta, la gran cacería que el hombre desató sobre ellas para obtener aceites y grasas para candiles.

Pero el punto es el que luego aborda el científico, “Los seres humanos como especie estamos interesados en comunicar con inteligencias extraterrestres. ¿ No sería un buen principio mejorar la comunicación con inteligencias terrestres … especialmente estos dueños de las profundidades, las grandes ballenas ?”.

Toda vida en la tierra está fuertemente emparentada, la química de nuestros organismos, el almacenamiento de información en nuestros cerebros sean grandes o pequeños, ya que todos venimos de un tronco común, pero, estructura mental, sentidos y comprensión del entorno entre otros detalles importantes ha de ser, por fuerza, increíblemente distintos.

Una ballena, quizá, no pueda imaginar el desierto del Gobi, su aridez y sequedad, quizá esté fuera de su posibilidad de comprensión, y, si fuera posible mostrárselo, tendrá que tomarse su tiempo para asimilarlo.
Tampoco le sería fácil entender nuestra mecánica de desplazamiento, caminar solo se trata de ir parando impulsos de caída hacia adelante.
Quizá le sea harto difícil entender nuestra gestualidad, y mas aún, de como nuestras manos nos hizo lo que somos.
Esa parte de la anatomía humana nos permitió encender fuegos, levantar estructuras, escribir nuestras memorias culturales en libros, y fabricar armas.

Pero, ¿cuanto habrá en lo que las ballenas consideran natural y cotidiano que para nosotros es inimaginable en el sentido literal de la palabra?.
¿Podemos imaginar de que manera se siente el magnetismo terrestre?. ¿Qué colores ven ellas en donde para nosotros es absoluta oscuridad?, o quizá, no vean colores, vean otra cosa.
Si pueden escuchar sus cantos a una frecuencia de veinte herz, ¿qué más escuchan?.
Y si el lenguaje está basado en experiencias sensoriales, entonces, aunque podamos traducir ese diálogo, es seguro que no podríamos comprenderlo.

De que hablan las ballenas es mas interesante que entender el lenguaje.

Allí, en las heladas profundidades donde se desplazan no hay guerras, no hay limite territorial ya que todos los mares son su territorio, y, salvo el hombre, no tienen enemigos naturales de los cuales preocuparse.
Quizá ahora hablen de nosotros, pero, ese lenguaje tiene unos cuantos milenios de elaboración, desde mucho antes que el humano fuera para ellas un peligro serio.
Entonces, saber de que hablan las ballenas esta tan fuera de nuestra concepción sensorial que jamás podremos conseguirlo.
Como un ciego no puede comprender de que se trata la palabra “azul”. Ya que una cosa es saber, y muy distinto es comprender.

Y no son las ballenas los únicos seres que desarrollaron un complejo sistema de comunicación, los delfines, los grandes simios.
Y los perros, nuestros habituales compañeros. Escuchemos con atención los ladridos, muchos sabemos cuando ladran a un gato, a otro perro, o a un ebrio dando tumbos en la calle de noche.
También sabemos cuando están furiosos, o asustados, y hasta frustrados. Cuando ladran de alegría, jugando, o ese rugido profundo previo a un ataque.
Pero, ¿qué dicen en realidad?.
La omnipresente homo mensura traduce esos sonidos a conceptos humanos.

Una hormiga quizá no sea inteligente, pero, un hormiguero si. Y esta aun mas lejos de nuestro entendimiento que la amable ballena, ya que ella al menos, es mamífera.

El hombre, de un modo u otro, tiende a ignorar o minimizar lo que tiene al alcance de su útil mano, y con la obsesión hacia el horizonte que poseen los lobos corre esperando que lo extraordinario este más allá, lejos, sin darse cuenta que en su alocada carrera pisa y destroza maravillas.

Sonia Drusila Trovato Menzel