productos de ahorroEl mayor problema que puede tener un pequeño ahorrador es el de no escoger el producto adecuado a sus características y verse obligado a deshacer posiciones antes de llegar al vencimiento acordado inicialmente.

Es un problema porque hay productos que no permiten la cancelación anticipada. Otros si lo permiten, pero a cambio de aceptar el pago de penalizaciones que, en muchos casos, no solo hacen perder los intereses devengados y no cobrados, sino que también afectan al capital inicial depositado.

Pero lo que está claro es que en algún producto hay que dejar nuestros ahorros, con lo cual, para evitar futuros dolores de cabeza, se hace necesario el hacer un estudio previo de las posibilidades en materia de productos que podemos contratar.

Desde este punto de vista, los errores más comunes en los que incurren los pequeños ahorradores suelen ser:

  • Comparar rentabilidades sin comparar plazos.
  • Comparar rentabilidades sin comparar la disponibilidad del dinero ahorrado.
  • Comparar rentabilidades sin comparar riesgos a asumir.
  • Comparar rentabilidades sin valorar el destino final del dinero ahorrado.

Mucha gente mezcla conceptos que son realmente incomparables. Hay gente que cuando ve la TAE de un producto, piensa que es el interés real que se le va a abonar por su ahorro, cuando lo que es realmente es la rentabilidad anualizada. Así, por ejemplo, cuando ING Direct ofrece actualmente el 2% TAE a 4 meses, no quiere decir que nos abonen el 2% al final de los cuatro meses indicados. La TAE nos indica que nos va a remunerar a un tipo de interés que, si el vencimiento fuese a 12 meses en vez de 4, equivaldría al 2%.

Hay ahorradores que mezclan conceptos comparando solo la rentabilidad y eso es otro error.

Comparar por ejemplo el depósito de ING Direct que comentamos anteriormente a 4 meses con el Depósito IN de La Caixa que también ofrece un 2% TAE, es un error si lo comparamos solo en base a la rentabilidad. El primero solo remunera 4 meses a ese tipo y el segundo remunera a esa rentabilidad durante 18 meses.

Pero a cambio, ING Direct permite cancelarlo de forma anticipada sin comisiones ni penalizaciones mientras que el segundo sí que tiene penalización por la cancelación anticipada.

En este ejemplo,  recurrir a la rentabilidad sin unirla a la disponibilidad es un craso error.

De hecho, a productos de ahorro con igual rentabilidad, en los tiempos que estamos, es recomendable decantarse por el que más plazo dé ya que, si optamos por el de menor plazo, cuando venza y toque renovar, difícilmente se conseguirá el tipo inicial.

Otro error radica en no comparar productos de idénticas características. Hay quién considera que una cuenta remunerada y un depósito bancario tradicional pueden ser comparados. En términos de rentabilidad está claro que sí. Pero en tema de disponibilidad son completamente distintos. La primera ofrece una liquidez inmediata y total disponibilidad de los saldos sin penalización de ningún tipo, mientras que el segundo probablemente sí que permita la disponibilidad pero unida a una penalización por ello. Son productos distintos, aunque ambos estén en el corto plazo y den la misma rentabilidad. Cada uno se adapta más al perfil de unos determinados clientes.

Otro error radica en fijarse exclusivamente en la rentabilidad sin fijarnos en el riesgo a sumir. Famoso fueron los depósitos referenciados hace una década o más recientemente las preferentes. La gente se cegaba por la rentabilidad ofrecida comparada por ejemplo con lo que se pagaba por los depósitos tradicionales, lo que hacía que mucha gente no quisiera o no pensara que había riesgo (sin contar con la omisión de toda la información por parte de las entidades financieras).

Cuando la diferencia de la rentabilidad entre dos productos de ahorro a un plazo similar es muy grande, eso quiere decir que uno de ellos debe de asumir riesgos que el otro no hace o bien que es imposible cancelarlo antes del vencimiento en ningún caso. Algo hay que sacrificar para que la rentabilidad sea esa.

Por último, un error también que se suele cometer es cegarse en la rentabilidad sin analizar bien si nuestro ahorro va a tener un destino concreto. Si ahorramos para cambiar de coche en un par de años, no es muy adecuado a contratar obligaciones o bonos a 10 años por mucha rentabilidad  que nos ofrezcan. Si el ahorro tiene un destino en el tiempo, lo suyo es adecuar nuestro producto de ahorro a ese plazo.