• La directora de Producción de la película señala que “es una mirada cinematográfica de hechos reales, no es un juicio ni un reportaje policial”

José María Rodríguez y Cristina de la Torre, antes del pase de la película para los periodistas

 

El Teatro Lauro Olmo de O Barco de Valdeorras fue la localidad elegida para el estreno comercial de “Santoalla”, la película-documental  de los directores neoyorkinos Andrew Becker y Daniel Mehrer, que narra una historia real, con el trasfondo del crimen del “holandés de Petín”.  El relato discurre contado a través de los ojos de la viuda de Martin Verfondern , de las dos familias que habitan en la aldea,  de las estampas del paisaje, de la relación con la tierra, de las relaciones vecinales…

Cristina de la Torre, periodista e historiadora natural de A Rúa, ha sido la productora de  “Santoalla” (Santa Eulalia), contada en tres idiomas (inglés, gallego y castellano).  Es la persona que se ha volcado en reunir todos y cada uno de los detalles de la historia, “buceando” en archivos, además de pasar muchas horas en la aldea y hacer de intérprete a los directores, entre otras muchas tareas.

Nos ha invitado a ver la película, cuya proyección también ha sido destacada por el presidente del Cine Clube Groucho Marx, José María Rodríguez,  y a buen seguro será un éxito pues no deja indiferente al espectador, mantiene  suspense y “tensión” hasta el último minuto del documental, desbordando en el espectador todo tipo de emociones.

A la puerta del Teatro Lauro Olmo de O Barco

 

¿Cuál es el objetivo de esta extraordinaria película?

 La película  no es recreación en ningún caso. Todo lo que aparece son hechos reales y escenas reales, todo sucedió de verdad. Fue rodada de 2013 a 2016. El objetivo inicial es retratar la aldea y el conflicto cultural que existía entre dos familias muy diferentes. Se encuentra la desaparición del holandés Martín Verfondern como trasfondo, pero tampoco es el protagonista. La verdadera protagonista es Margo Pool, la mujer de una persona desaparecida que sigue viviendo en una aldea en la que vive la gente que cree responsable de la desaparición de su marido. Eso es muy interesante desde el punto de vista cinematográfico, pero a medida que se avanza en el rodaje de la la película, los acontecimientos cambiaron, hubo detenciones y entonces  la película es casi un thriller en el que se van desvelando los hechos y se van conociendo un poco a cada uno de los protagonistas. Utilizamos muchos archivos que existían en la Televisión de Galicia (TVG) y también en el periódico La Región, además de la familia Rodríguez, que tiene su protagonismo.

¿Es un retrato de la “Galicia negra y profunda”?

Yo espero que no sea una Galicia muy negra. Sí que es verdad que todo el mundo después de verla en Ourense,  hace unos meses, les sorprendió la manera en que la película captura una esencia un poco atávica de país que tenemos: una relación un poco difícil con el entorno y la tierra. Somos un país de emigrantes y aún así, aún cuando seamos hospitalarios, la gente de fuera da igual cuánto tiempo pase en un sitio, consideramos que sigue siendo de fuera. Y esa relación con la tierra y con la gente que viene de fuera queda muy bien retratada, además de los silencios, la manera de hablar, la manera de comunicarnos, la inteligencia emocional que podamos tener como sociedad… Hay gente que me comentó que se nota que la película la hicieron personas  de fuera pues la mirada de los dos directores de Estados Unidos  es capaz de recoger una esencia que a los que somos de aquí nos cuesta narrar.

¿Se recogieron muchos testimonios en esta película?

Entrevistamos a periodistas, a la Guardia Civil, a Margo, vecinos. Al principio era una historia más coral, pero a medida que avanzaron los acontecimientos, ya no necesitamos todos esos testimonios pues la doble visión del mundo que tenían las dos familias de Santoalla eran suficientes. En la película salen principalmente Margo, Martin y la familia Rodríguez.

¿Qué repercusión tiene el documental esté en el sumario del crimen del holandés?

Para nosotros ninguna. No es una prueba. Está incorporada una especie de separata en el procedimiento judicial pudiendo utilizar la película para contextualizar el conflicto delante del jurado popular, porque en la película nadie se declara culpable de nada. De alguna manera, no nos hizo ninguna ilusión que nos pidiesen la película porque entendemos que es una mirada cinematográfica. No es un juicio ni un reportaje policial. No se trata de desvelar un crimen sino de contar unos acontecimientos.

José María y Cristina de la Torre

 

¿Qué ha sido lo más complicado del rodaje?

Lo más complicado del rodaje fue mantener la discreción. Estuvimos tres años con el proyecto y conseguimos mantener la discreción, que era fundamental y por muchos motivos como, por ejemplo,  no interferir en la investigación; y por otro lado, para mantener los temas de la manera más pura posible.

¿Cuál ha sido tu tarea como productora?

No soy productora en el sentido de aportación de fondos económicos.  He tenido que concertar las entrevistas con la gente, resolver la logística (equipos, viajes etc), estar con ellos en los rodajes,  y como traductora, pues los directores tampoco hablaban español ni gallego.

¿De quién partió la idea de la película?

La idea de la película surgió porque Margo tiene una granja agrícola-ecológica que recibe voluntarios y el día que desapareció Martin, ese día apareció para trabajar en la granja el hermano de uno de los directores. Llegó y se encontró con todo despliegue policial, se quedó impresionado . Pasó 10 días en Santoalla. Así que llegó a Brooklyn con esta historia de las montañas ourensanas y, dándole vueltas a la historia,  tomaron la decisión de hacer la película.

¿Cuál es la parte más positiva para tí desde el punto de vista profesional?

Lo más positivo profesionalmente fue arriesgar, es decir, creo que los periodistas a veces pecamos de demasiada cautela porque todos nos conocemos en una comarca, en un pueblo. Y al final, la de Santoalla es una historia que ningún periodista o ningún documentalista se animó a hacerla. Considero que esta película es una lección en ese sentido. Tenemos historias muy grandes que nos rodean, que pueden contar mucho y que pueden ayudarnos para mostrar cómo somos como país y, a su vez, a mejorar como sociedad. Fue toda una oportunidad que contasen conmigo.

“Santoalla” sigue proyectándose, el 8,9 y 10 en O Barco (sesiones de 20,30 a 22,30 horas) y el 11 de septiembre (a las 22,30). En A Rúa, será el 14,15 y 16, en el Centro Cultural Avenida.