• Por el sumiller José Luis del Campo

 

Hoy quiero daros algunos consejos para la elección del vino o vinos que queréis poner en las mesas en las próximas comidas y cenas de las Navidades. Más que nada por qué hoy esta semana mismo, me encontraba en un supermercado cuando dos mujeres estaban discutiendo sobre qué vino tinto llevar, una vez que ya habían elegido el blanco que tenían en el carrito. Sin entrar en muchos detalles, les di unos consejos que hoy quiero compartir con vosotros para que os orientéis algo y, aunque no sean los vinos perfectos, al menos evitéis equivocaros en la elección del vino.

Lo inicialmente importante es tener claro dos cosas: qué platos se van a comer y qué personas van a estar sentadas a la mesa. Lo primero es fundamental. Aunque no tengas decidido concretamente los platos, seguro que ya sabes si es un entrante, un pescado, un marisco, una sopa,… En función de esto, ya podemos pensar en qué vinos nos pueden ir mejor o peor. Lo segundo, es saber quienes serán nuestros comensales, ya que eso nos puede indicar las preferencias de los vinos a servir. Si son 8 personas a las que solamente una le gusta el vino blanco, aunque le pegue mejor a nuestros platos, puede que escoger un vino de este tipo no sea una decisión acertada.

El segundo paso a tener en cuenta, es si queremos hacer una comida o cena con un solo vino o con más de uno (no incluimos el espumoso de los postres). Mi consejo es, que si queréis optar por un solo vino para toda la comida o cena, ir hacia los vinos tintos, principalmente los jóvenes o los de crianza no muy  larga. Ir con un blanco en los entrantes, primeros y segundos, habiendo algo de carne, es ‘jugársela’ mucho ya que puede que a los primeros les vaya bien pero en la mitad de la cena o comida nos hemos quedado sin ‘chicha’. Un blanco con crianza podría ser una opción si el segundo plato no tienen presencia de carnes potentes o mucha salsa. Otro consejo es el de escoger un solo vino e innovar: ¿por qué no hacer toda la comida con un solo vino y que sea un rosado con algo de crianza de una uva fresca, como por ejemplo Garnacha? ¿O por qué no hacer toda la cena con un vino espumoso? Son opciones atípicas pero que he probado con muy buen resultado en ocasiones y, dependiendo del menú, puedes quedar como un auténtico especialista.

Pero vamos a lo más habitual, que es lo de escoger dos vinos para las mesas de Navidad. Un blanco para entrantes y primero y un tinto para el segundo. Y prefiero indicaros los consejos y que los meditéis en conjunto:

  • Cuidado con empezar con un blanco potente. Un blanco con crianza, de volumen en boca, potente, pone el listón muy alto para el resto de la cena. Puede que sea perfecto por ejemplo un Chardonnay para nuestro primero, pero tener en cuenta que luego vienen los tintos. Quien se haya pasado con el blanco, va a tener serios problemas con el tinto y el segundo plato.
  • Como casi todo en esta vida, la comida o cena debe ir ‘in crescendo’. No empecéis con vinos complejos y potentes para luego pasar a vinos más suaves y sencillos. La sensación en la comida y el maridaje os puede fastidiar el menú que habéis preparado con tanto esmero.
  • Si habéis optado por un vino blanco potente primero, no forcéis al comensal a cambiar al tinto, ofrecerle continuar con ese vino en el segundo plato. Puede que el tinto fuera mejor, pero si se encuentra a gusto, que siga con el vino blanco.
  • Si en el primero habéis ido por un vino blanco, fresco, afrutado, para el segundo se abre un abanico muy amplio de opciones. No optéis por un vino joven tinto sin crianza, del año, salvo que el segundo plato sea muy ligero, cosa que no suele ocurrir.
  • Tras un blanco suave, llega el momento del tinto con cuerpo. Roble, crianza, reserva y gran reserva. Todos son buenos dependiendo del tipo de plato que hay delante. Si quieres no cometer errores, lo mejor es escoger vinos de entre 6 y 12 meses de barrica. Todos los platos se defienden bien con estos vinos. Puede que un asado, un cordero o algo similar, vaya mejor con un reserva o gran reserva (de 15 meses de crianza para arriba), pero recordar que hay más comensales a la mesa y puede que vean en ese vino un obstáculo para maridar con el plato.
  • La preparación del plato, o sea, forma de cocinarlo (a la brasa, asado, al horno, en salsa,…) y los acompañamientos o guarniciones que lleve, condicionan mucho la elección del vino. A la parrilla o a la plancha, salsa ligeras,…, van bien con tintos más ligeros. Asados, salsas densas y de especias potentes, con una guarnición de pimientos asados por ejemplo, sin duda prefiere de vinos tintos potentes.

Pero bueno, en este primer artículo que os dejo para las navidades, lo importante no es sacar un 10 en la elección de vino, sino que es evitar suspender y obtener buena nota. Además, recordar que esto es cuestión de gustos y no todos los comensales van a pensar igual.

Por eso, si no queréis esforzaros mucho y no quedar mal, con un solo vino para todo el banquete, mejor un vino joven tinto o de corta crianza; con dos vinos, el primero un blanco joven y el segundo un tinto de media a larga crianza