• Por el sumiller José Luis del Campo

 

Elegir un vino blanco para las cenas y comidas de Navidad puede que no sea algo tan sencillo como parece a priori.

Lo que sí está claro es que cada bebedor de vino tiene sus preferencias en cuanto al estilo de vino o tipo de uva de sus vinos blancos favoritos. Incluso hay quién nunca prueba un determinado vino (uva) porque no le gusta.

Estas cosillas son muy útiles a la hora de elegir un vino blanco para las próximas mesas navideñas. Pero si no tenemos predilección por algún tipo de vino blanco en concreto y tenemos libertad, además de que no sabemos nada de las preferencias de nuestros invitados, la mejor opción para escoger el vino blanco en cuestión, pasa por saber qué platos vamos a poner.

Y es que no todos los blancos son iguales, ni por la uva que se emplea en su elaboración, ni por esta en si misma, vinos jóvenes, sobre lías, con crianza en depósito, en ánfora, en barrica, …. Incluso, un vino elaborado con una determinada uva blanca, dependiendo de su elaboración, da sensaciones muy diferentes con un mismo plato.

Voy a daros unos consejos que espero que os ayuden a escoger el mejor vino blanco para vuestros platos.

Si buscamos un vino fresco, afrutado, ‘chispeante’ ligero, yo me decantaría con un vino elaborado con Sauvignon Blanc o con Albariña. También es muy posible que de sensaciones similares un Txacolí, pero estos son vinos con un poco más de acidez para mi gusto que los dos primeros. Ojo con los Albariños, ya que pueden tener crianza y eso va a alterar la idea inicial que tenemos de estos vinos. Esto no suele ocurrir con los Sauvignon Blancs, ya que no es habitual que tengan crianza.

Son vinos ideales para primeros con mariscos ligeros, a la parrilla o a la plancha. Su frescura, carga salina (mineral), ayuda mucho al paso del plato por el paladar, dándole viveza e intensificando las sensaciones del mariscos. Valen también para platos de pescado que preparados de forma similar que el marisco que os comentábamos. Ojo si los pescados los hacéis en salsa, ya que dependiendo de como sea esta´puede echar por tierra la elección de nuestro vino,

Si buscamos un vino blanco con algo más de cuerpo y sensaciones frutales e intensas en la cata, nos encontramos con vinos como los Chardonnays, Godellos, Verdejos, Treixadura o Albariños con algo de crianza.

El vino blanco más potente puede que sea el Chardonnay, que ofrece una untuosidad casi masticable en algunos vinos, ya que suele ser un vino con algo de crianza, aunque sea poca. Con mariscos potentes, muy mastibcables, no pega porque se une la densidad del marisco y la del vino y corremos el riesgo de montar una ‘bola’ en el aladar. Por lo tanto, evitar la langosta, las cigalas, langostinos grandes, y decantaros más por almejas, mejillones, percebes,…, donde la carga marina esté más presenta. Godellos, Treixadura y Verdejos, son vinos con bastante carga de acidez, con lo cual debéis evitar el que acompañen a platos (con o sin salsa) que tengan carga ya de acidez en su elaboración. Evitar platos en los que los cítricos estén presentes, porque se unen acidez del plato y del vino e igual no hay quien puedo comer el conjunto. Yo buscaría un plato con mariscos o pescados que tiren algo a dulce, es complicado, pero el contraponer acidez y dulzor puede dar una explosión de sensaciones en el paladar espectacular  (me vale un marisco o pescado en el que la salsa que le pongáis permita este acompañamiento).

Una elección que me parece muy acertada es elegir un Riesling por ejemplo. El problema está en que hay muchísimos tipos de vinos con esta uva. Seco, semiseco, dulce, frizzante, con o sin crianza,…. No obstante, si conseguís la combinación perfecta entre vino y plato, puede que sea el que mejor sensaciones de maridaje os deje. Los Rieslings tiene gran mineralidad, frescura, presencia de fruta y acidez. En base a esto, imaginaros las múltiples combinaciones. Uno con algo de dulzor sería ideal con un plato que tenga acidez o carga cítrica por el choque de sensaciones.

Pero si sois de los que preferís no equivocaros en vez de experimentar y buscar, sin duda, el vino que no falla con ningún plato es el elaborado con Gewurztraminer. Puede que no sea el mejor para un tipo de plato o elaboración, pero nunca nos va a dejar mal. Es un vino ‘neutro’ pro definirlo de alguna forma y, donde se muestra mejor incluso, es en aquellos platos donde haya muchas especias. Ahí no falla.

Por último si optamos por uvas blancas menos predominantes como la Palomino, la Doña Blanca, la Albillo, la Albarín Blanco, la Garnacha Blanca o la Airén, que sin ser abundantes a nivel internacional si están bastante presentes en algunas zonas de nuestro país, debemos de hacer alguna prueba antes de decidirnos, porque estas uvas pueden unirse a algunas de las anteriores y dar como resultado un vino con un coupage muy interesante y ser una buena opción frente a un vino monovarietal que os comentábamos anteriormente.