Drusila

Drusila

Desde que el hombre tiene memoria histórica, y mucho antes también, sintió interés por su destino personal, además de temor primordial, temor a lo desconocido.
El futuro imaginado como una barca a la deriva, merced a los caprichos de los elementos, al azar, coloca a las personas en una situación de precariedad y desamparo absoluto.

 

 
En pleno horror vacuis, los augures podrían dar un vaticinio, pero, la idea de que el destino implica responsabilidad personal, que una mala elección, un titubeo, una certeza equivocada cambie radicalmente un proyecto de vida era tan pesada antaño como lo es hoy.

Nada mas difícil que no tener a quien responsabilizar de un grave error, nada más difícil que asumir las consecuencias no sólo ante los demás, si no ante uno mismo.
La mitología brindó tempranamente una excusa, un relevo de responsabilidades, la predestinación.

Por cierto, una daga de doble filo, por un lado libera de culpas personales, el otro filo marca que se haga lo que se haga, el destino es inexorable, imposible de cambiar.
Los antiguos griegos utilizaban una palabra, atribuyéndola a ciertos héroes épicos que levantaban en rebeldía contra su destino, esa lucha contra lo imposible, perdida de ante mano, era llamada pathos, ( pasión ), defecto o enfermedad, es decir, solo un enfermo de mente podía creer en cambiar lo ya establecido. Gracias a la predestinación no hay libertad de construir o destruir.

Las Moiras eran entes primordiales, encargadas de hilar, medir, y la temible Atropos, de cortar el hilo de la vida, toda decisión estaba en su huso, su vara y su cuchillo.
En la mitología nórdica eran llamadas Nornas, en muchos sentidos más complejas que sus pares mediterráneas, vivían en las raíces del gran fresno Yggdrasil, el árbol del cosmos, encarnaban pasado, presente y futuro, en su lana blanca enlazaban hilos negros o dorados, marcando momentos felices o amargos, además de dar fin a una existencia, sea de mortal, sea de dioses.
Las Nornas tenían hasta ese poder, sesgar vidas de deidades.

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En el judeo-cristianismo la predestinación esta en el pecado original, que ni siquiera el libre albedrío puede limpiar, no existe una clara deidad o ente encargado del destino, salvo Javhe.
En ese estado de situación surgen multitud de corrientes filosóficas, psicológicas, teológicas o híbridos, proclamando justamente lo contrario.
Que cada cual es dueño de su futuro, dependiendo de su fuerza de voluntad, de su pasión, o tozudez. Para mucha gente, sin embargo, tal como fue en el pasado, sigue siendo una pesada mochila.

¿Hasta qué punto el hombre es responsable de su destino?.
Lo más sencillo es decir que la responsabilidad es absoluta, lo más sencillo es decir que el ser humano está tan limitado que no puede decidir nada. El caso es que no es sencillo.
Hay muchos factores externos e internos que influyen, personalidades diferentes, el individuo como tal no sale de un huevo ya formado y listo, las corrientes van moldeando, profundizando o borrando rasgos, existen elementos ambientales que distintas personas las metabolizan de distinta manera.
Así como un abusado puede terminar como abusador, también tiene la chance de terminar como un gran defensor de los desamparados, un maniaco puede terminar encerrado en un hospital psiquiátrico o ser un puntilloso científico.
Una personalidad adictiva puede morir joven de sobredosis de cualquier sustancia, o un exitoso profesional abocado incesantemente a su trabajo.

Dicho esto, esta claro que el destino no depende totalmente de la personalidad, ni siquiera del pathos de una persona, entonces la siguiente pregunta a saber ¿ Depende el destino de algo en particular?.
Desde este artículo se opina que todo presente, pasado o futuro es debido sencillamente a la suerte, en cuanto a éxitos o fracasos, es decir, al azar. Nadie puede saber por cada gran músico, poeta o científico que llegaron a podio cuantos quedaron en el camino.
No es regla que los hijos de un matrimonio desamorado tengan a su vez amores desventurados, ni que los hijos de intelectuales sean intelectuales a su vez, o, por rebeldía, burros totales.

Y eso hace que el juego de la vida sea a la vez divertido y aterrador, la falta de reglas, la falta de certezas. Todo es dual, en parte el hombre decide, y en parte no.
Lo cual lleva a pensar que el destino es claro una vez que se tránsito, solo al final, junto a la fosa, los deudos pueden ver que había algo inexorable, o no tanto, un simple hilo conductor.

 

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y Texto)