Menos mal que se me fue la pinza y he venido. Estoy en un tren, cruzando Escocia. Llegué anoche a Glasgow y voy camino de Aberdeen. Los paisajes son preciosos. Los riachuelos se funden con la nieve entre los árboles y las casitas son las que dibujábamos todos en el cole. Yo, que soy del equipo ‘subir a un medio de transporte X y ponerme los cascos antes de respirar’, no he podido hacerlo. En estos momentos me da coraje que mi cerebro esté más seco que un pistacho y no retenga información por culpa del cansancio vital. Estoy pegada a la ventana como una ventosa. Eso sí, de vez en cuando se nos cruza un tren y me asusto. Mucho. Así de saltar en el asiento.

 

No llevo ni un día aquí, pero ya he descubierto cosas: el frío no es tan frío como imaginas desde tu casa mientras preparas la maleta; hay hoteles que se mantienen en pie gracias a un milagro divino; y tengo un canal de televisión (‘BBC Alba’. Pasa que hablan en escocés. Es como la TVG de aquí. El karma me ha devuelto lo de no haber salido en el Xabarín Club el día de mi cumple. Mal, pero me lo ha devuelto. Yo, feliz). Acabo de ver caballos con abrigo. Creo que ya me puedo ir. Expectativas superadas.

Hay algo en este viaje que me hace sentir diferente. Tengo la misma sensación que cuando me subo a un escenario (lo que tiene sentido, porque actuar es como viajar, pero por dentro). Pero esta vez no viajo con compañeros, viajo sola. Creo que es la primera vez que viajo sola al cien por cien, sin nadie esperándome en destino.

El subidón de adrenalina es real. El disfrute, también. El ataque de nervios de mi madre (que le dura desde reyes, que me dio la pájara y me compré los billetes, hasta que vuelva), es más real todavía. Acabo de ver un rebaño de ovejas. Soy enormemente feliz.

¿’Sola? Qué vas a hacer sola?’, ha sido la respuesta que más se ha repetido durante estos dos meses. La prevista al estribillo. Peor que ‘La bicicleta’. Peor que ‘Despacito’. Que qué voy a hacer? Ver acantilados, castillos y, si el universo (y las nubes, que aquí son más importantes que el universo) me lo permite, ver alguna aurora boreal.

¿’Y por qué no vas con algún amigO?’. Así, con ‘O’. Ea. El estribillo. Como si ir con un tío me diera toda la seguridad del mundo (entiendo el punto del argumento ‘no es que no puedas como tal, es que es menos probable que te pase algo’, pero no lo comparto. Ni que yo no pudiera repartir ostias como panes por ser mujer. Para qué pago el gimnasio entonces?). No es necesario. No debería ser necesario tener que llevar a alguien al lado con un pene para ‘sentirme segura’. Un momento, creo que el amor de mi vida se acaba de bajar en Dundee. A la vuelta me paro ahí, me compro un huerto y el resto será historia. Madre mía con las Highlands.

La cuestión es que este viaje, programado como autohomenaje por mi, para mi, porque sí, se ha convertido de repente en algo con mucho significado. Cuando me enteré de la huelga del 8M, quise hacerla pero me di cuenta de que no iba a poder porque estaría en un avión – pero, no es esto una manera alternativamente fantabulosa de manifestarse? (Obviamente, lo que ha pasado en las calles ha sido maravilloso y la sensación de llegar al ‘medio norte’ de Europa y ver España en los periódicos por eso es brutal).

Ser independiente y conseguir hacer lo que quieres sin necesidad de apoyarte en ninguna figura masculina para nada. Lo veo como una manera de defender mi percepción del feminismo y de la figura de la mujer: somos iguales y por ello, debemos ser capaces de hacer las cosas con la misma libertad y el mismo miedo. Que si un tío puede acostarse con siete y ser un héroe, una tía también. Que si una tía puede mostrar abiertamente su sensibilidad, un tío también. Si un tío puede viajar solo sin peligros adicionales, una tía también.

Este viaje se ha convertido en mi manera de manifestarme. De decirle a la gente que tengo cerca que se puede. De contarle a mis alumnas que pueden. Que nosotras podemos. Que vosotros podéis.

Que todos podemos por igual, pero no todos somos igualmente conscientes.

Que hasta que lo seamos, nosotras podemos. Que se enteren: nosotras, también.

Dios mio, ovejas y caballos pastando todos bajo un faro.

Me muero.

Esto es el paraíso.

 

Por Alba Novoa 

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Alba Novoa