..cada vez que un salvaje rastrea la caza emplea una minuciosidad de observación y una precisión de razonamiento inductivo y deductivo que, aplicado a otros asuntos, le darían una reputación de hombre de ciencia… el trabajo intelectual de un «buen cazador o guerrero» supera de manera considerable el de un inglés ordinarioTHOMAS H. HUXLEY, Collected Essays, vol. II Darviniana

Drusila

Drusila

Para comenzar a hablar de este tema es necesario dejar en claro que no se basa aquí en ningún estudio serio, ni científico ni psicológico, por ende, es claro que es material de discusión y, seguramente, contenga errores importantes, solo se trata de una reflexión.

Sin embargo, a veces, desde el “neofitismo” pueden surgir razonamientos libres de cierta contaminación de diversos preconceptos y, por eso mismo, portar un pequeño grado de acierto.

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando de las artes adivinatorias, desde la denostación hasta la aceptación casi religiosa.

Aquel que lee su horóscopo del día en cualquier periódico no hace más que repetir lo que el humano viene haciendo desde que entendió su propia finitud. No importa que sepa claramente que un distraído redactor dictamina que le pasará a sagitario, siendo de sagitario millones de personas e improbable que a todas les pase algo similar ese día. Saber ese detalle no invalida cierta idea de exclusividad.

Existe un gran número de personas desde los albores de la humanidad que se proclamaron portadores del don de la adivinación, famosos oráculos, profecías misteriosamente cumplidas al detalle, y no hablamos de aquellas oscuras y tortuosas que permiten que pase lo que pase los hechos encajen.

Se habla de profecías exactas, con tanta meticulosidad que asombran.

Ahora bien, yendo a lo cotidiano, más de una persona tuvo alguna vez en su vida la experiencia de sentarse frente a un adivino o adivina, quien, mediante tarot, hojas de té, mano extendida, caracoles arrojados, o sea cual sea el medio, se encuentran con que lo que esa persona le dijo se cumple.

Por supuesto, existe un bien estudiado método para llegar a tal espectacular fin, y es que el mismo interesado brinda todos los datos para que el que lo está examinando exprese sorprendentes conclusiones. Con entrenamiento es relativamente fácil divisar vida y obra de quien consulta, gestos, afirmaciones o negaciones dan todas las pistas necesarias, sumado a la credulidad, el supuesto adivino relata lo que el que consulta sabe, ni más ni menos.

Ahora, ¿Cuándo el adivino dice cosas que el que consulta ignora totalmente?, ahí la cosa se pone interesante.

Sí, claro, alguien acota sobre las profecías auto cumplidas, esto es un tema que compete a la psicología, que van haciendo que el individuo se acomode consciente o inconscientemente a un mandato, u orientación. Harina de otro costal.

Hablemos sobre un suceso que un individuo ignora totalmente y tampoco puede actuar para propiciarlo o evitarlo, algo totalmente fuera de su control.

La pregunta es en esos casos ¿Percibió el o la vidente lo que iba a pasar?

Se ensaya una respuesta por demás temeraria, sí.

18

 

La frase que sirve de introducción a esta reflexión es sin dudas orientativa a la respuesta de la segunda pregunta obligada ¿Cómo lo supo?

Razonamiento deductivo e inductivo, supongamos que ciertas personas verdaderamente están dotadas de una capacidad de razonar correctamente a partir de una pista, y con una velocidad tal que ni ellas mismas puedan entenderlo.

Así como unos   granos de tierra sobre una huella puede indicar al cazador avezado cuantos miembros de una manada de ciervos pasaron por allí, en qué dirección iban, cuantos animales enfermos, cuantas crías, a que distancia se encuentran en ese momento, cuantos machos, cuantas hembras, y demás datos que para el que no es cazador es inconcebible puedan deducir.

Si este cazador sigue estudiando las huellas puede fácilmente afirmar si hubo una pelea de machos, cual es el porte del vencedor, y si otro macho le disputará el liderazgo en cuanto tiempo. Así encadenará una sucesión de hechos como si los viera, deduce con poco margen de error, inducido por el aprendizaje de estudiar otras manadas similares.

¿Puede del mismo modo una persona, viendo como es aquél que se sienta tras su mazo de naipes, deducir que según su postura corporal, tono de piel, color en la córnea, si padece de alguna dolencia que seguramente desencadenará otra? Lo cual influirá notablemente en su vida personal, ni hablar del cuidado o no con el que este vestido, peinado, perfumado, manos cuidadas o no, le indicará sobre su personalidad más que un test psicológico, lo cual uniendo cabos con otras pistas mínimas lo irá guiando en sus rápidos razonamientos distintos hechos y desenlaces. El observador ve rastros, igual al antiguo cazador que leía en la tierra, que lo van llevando a sorprendentes y atinadas conclusiones con vistas al futuro.

Sería más fácil de creer o entender si ponemos como ejemplo un programa de computación que se lo cargue con una impresionante cantidad de datos destinados a relacionarse entre si mediante unos pocos disparadores, muchos pueden aceptar que una computadora llegue a una conclusión estadística, sumando y restando probabilidades, pero no aceptan que el cerebro humano es, hoy por hoy, mucho más complejo y eficaz que el ordenador más avanzado.

Igualmente, el Dr. Isaac Asimov tantea este mismo tema en uno de sus cuentos de la serie Yo Robot, cuenta de un robot intuitivo que deduce de detalles nimios, una circunstancial charla entre astrónomos, que cenaron, que bebieron, que animo prevalecía entre ellos, la exacta posición de un planeta habitable para el hombre. Asimov con su habitual humor, da sexo a este robot particular, es un robot femenino.

Volviendo a la premisa de este comentario, nada es concluyente, es… intuición.

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y Texto)