Me hago mayor (todo el mundo muestra su sorpresa ante este hecho en el foro con un gran ‘OOOOOOH’). Ya no me gusta tanto salir de fiesta y emborracharme, porque al día siguiente tengo que currar. Ya como verduras. Ya no voy a la feria sólo por los columpios.

Mentira. He mentido. Corro como una hija de puta hacia los columpios cual cría de cinco años al Scalextric. Cuantas más vueltas den, mejor.

Es curioso como llega un momento en el que miras para atrás y dices ‘joder, hace 10 años de los Backstreet Boys’ y para ti, fue ayer ese día en el que la amiga de tu madre te compró el CD del grupo y tu madre no te dejaba escucharlo porque no te habías comido el filete de ternera (pero tú con tus macrocascos puestos y enchufados al equipo de música, escuchando el silencio a modo de protesta). Así con todo. Todo parece ayer. Y todo fue hace años.

Y te das cuenta de lo que cambias. Cambiamos a peor, ¿no creeis? Nos acojonamos y nos llenamos de manías y defectos. Creemos que sabemos lo que queremos, y muchas veces estamos muy perdidos (como cuando estaba segura de que podía ser astronauta porque ya podía regular el embrague del coche. Pim, pam, todo encaja – manejada una máquina, manejadas todas).

Pero yo una cosa sí que tengo clara. Ya he evolucionado. Ya he pasado de ser una niña a una mujer, casi como en la canción de reggaetón (todos tenemos un pasado oscuro). Con todo lo malo que conlleva. Y lo bueno, por supuesto. Me he dado cuenta porque sé, a ciencia cierta, que me he equivocado. He metido la gamba hasta lo más profundo del hoyo.

Me he saltado eso de no acostarme con críos. He cometido ese gran error. Todo en regla, nada de menores de edad, no escribo desde un calabozo. Me he pillado de uno, pensando que era un hombre, con mayúsculas; Pero resulta que no lo era.

Y me ha costado darme cuenta. Me ha costado disgustos, malos ratos, y quebraderos de cabeza (más de los que yo hubiese querido). Sueños, tiempo y palabras, ya sabéis, lo típico. Y hace poco me he dado cuenta de que no merece la pena seguir ahí. Lo típico también.

Tened cuidado si os encontráis con el que te hace pensar que Aznar fue más sincero que él cuando dijo que estaban trabajando en ello. ¿Sabéis cuando os abrís completamente y os ponéis a disposición de una persona, y esa persona te mantiene arriba, pero le tira los trastos a todo lo que se mueve? Eso. De eso me he dado cuenta y, aunque esté en todo su derecho, duele. Duele ver cómo está pasando y después todo son sentimientos correspondidos. De boquilla, claro, cuando no hay nadie más. Es precioso darte cuenta de que no eres más que una más del ciclo mensual de mensajes.

¿Sabéis qué? Que si un tío os dice alguna vez que siente algo por vosotras y después nunca puede quedar ni hacer planes, no le creáis. Porque es verdad eso de que quien quiere algo de verdad, buscará el momento para tenerlo. Que si un tío alguna vez os dice eso de que quiere algo sin nombre, corred, porque sois el plan B. O el C. O sois lo que está ahí a mano y viene bien. Fin.

Pero el más importante: si un tío os dice eso de que sois demasiado para ellos, creedle. Tiene toda la razón. Sois demasiado buenas para ellos. ¿Esperar? Te puede dar momentos simples, sin aparente importancia, pero que en tu memoria se vuelven oro puro. Esperar es precioso, de verdad, pero como lo es vuestro tiempo. La cuerda se romperá un día. No tiene por qué ser de manera bilateral, no tiene por qué haber un gran drama de por medio – simplemente, llega el día en el que te cansas de escuchar y ver cosas que se contradicen con lo que te ha llegado de su boca.

Dejadlo y buscad un hombre que los tenga bien puestos para atreverse a estar con vosotras, sin tener que tontear con veinte a la vez para reafirmarse. Siendo sucia y rápida, buscad un hombre que os moje por dentro, en vez de un niño que os moje la cama (perdón papá, perdón mamá).

Sea quien sea, si tiene que volver, volverá.

Y si no, yo me pido al malote de los Backstreet Boys.

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TONTA LA ÚLTIMA.