ABO Clásicos cómicosbr

 

En Clásicos cómicos, Teatro Corsario ofrece seis entremeses barrocos o, lo que es lo mismo, convierte en plato principal lo que originalmente era un postre o plato ligero en un completo menú dramático. En un tono de diversión burlesca cargado de esposas desquiciadas, amantes intrépidos y maridos burlados, la obra cierra el programa de abono de otoño del Teatro Bergidum el próximo 12 de diciembre (21 horas).

Que Teatro Corsario es un grupo de referencia nacional en el ámbito del teatro clásico lo demuestra la reciente invitación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico a cerrar la programación de esta temporada en Madrid. En Clásicos cómicos presenta su último trabajo, un espectáculo salpicado de canciones y constituido por media docena de entremeses del Siglo de Oro de autores diversos: desde Calderón a Quiñones de Benavente o Francisco de Avellaneda.

Aquí, el punto de vista es el de las mujeres, sometidas durante siglos a los arbitrios de una sociedad machista. La compañía usa un puñado de entremeses que cuentan historias de mujeres insatisfechas, casadas con hombres que, o bien son necios o bien demasiado viejos. Nos reiremos con las desventuras de los maridos y las estrategias de los amantes para encontrarse con las codiciadas esposas. Por una vez, las mujeres “se salen con la suya” y los graciosos conflictos y disparates se resuelven con todos los personajes cantando y bailando.

Representación entremeses de Corsario en la Corrala de Olmedo.Fran Jimenez

 

Es bien conocida la función de los entremeses como complemento de las obras largas de su tiempo, perfectamente intercalados con más de un propósito; entre otros, descongestionar el ambiente, si procedía, y un rato de diversión extra entre acto y acto, que, por si fuera poco, otorgaba un tiempo precioso a los cambios escenográficos y evitaba el muy temido horror al vacío. Pero era mucho más. Permitía a los autores hablar de ciertas cosas con menos tapujos. La licencia para ello estaba delimitada por su capacidad de acción: el mismo desahogo controlado de una fiesta de Carnaval, inequívocamente popular, que hundía sus raíces en un pasado remoto. Ya en escena, las compañías completaban la obra con nuevos sentidos, casi siempre poco ortodoxos, que solían manifestar mediante una explícita gestualidad.

Un espléndido reparto integrado por Luis Miguel García, Carlos Pinedo, Blanca Izquierdo, Anahí van der Blick, Julio Lázaro, Borja Semprún y Teresa Lázaro, dirigidos por Jesús Peña, consigue, según la crítica, una sucesión de esenas ” a la vez cómicas y absurdas, con locos, muertos vivos, toreros, viejos, bailarinas, esposas y amantes. Química en el trabajo global. Música de calidad y coreografía desde una danza festiva. Los siete actores fueron un grupo conjuntado, extravertido y entusiasta”. Estamos ante un espectáculo “para paladear, entre carcajada y carcajada, el teatro con mayúsculas”.