Acción y reacción son dos situaciones que suelen ir interconectadas, y dentro del Catálogo Universal de Reacciones las hay que no son más que un compendio de precipitados de la misma manera que otras consisten en efectos secundarios dignos de cualquier prospecto que se precie, como también las hay que podrían entrar de lleno en la categoría “sucesión causal de acontecimientos”.

 

En este maremágnum reactivo, las aportaciones que hacen las empresas de Economía Social y su intrínseca humanización de la economía en el medio en el que se desarrollan, deben de ser tenidas en cuenta como elementos fundamentales para combatir la despoblación, complementarias de su capacidad para la puesta en marcha de proyectos de emprendimiento en espacios económicos menos atractivos para fórmulas convencionales en las que el objetivo principal se limita a la maximización de beneficios en el menor plazo de tiempo posible.

No son estas valoraciones un relato extralimitado de las aportaciones que realizan las Sociedades Laborales, sino la consecuencia natural de que la empresa, al ser propiedad de socios trabajadores, haga partícipes a todos tanto del éxito como de la toma de decisiones y en la que precisamente es el riesgo compartido lo que hace posible la experiencia emprendedora. Sin duda esta característica fundamental consistente en la implicación de los socios trabajadores en el devenir de la empresa representa otra forma de entender la gestión y las relaciones laborales, provocando en su entorno el “efecto secundario” de que la sociedad también se vaya haciendo más participativa y solidaria. Por otro lado, el compromiso con el territorio (las Sociedades Laborales no se deslocalizan) contribuye igualmente a la implantación de un modelo de desarrollo respetuoso con las personas y con el medioambiente.

Sin más aditamentos que sus características esenciales (gestión democrática y distribución de la riqueza) y sin obviar su vocación eminentemente mercantil –en todo aquello que no aparezca expresamente regulado en su propia Ley a las Sociedades Laborales se les aplicará la Legislación correspondiente a las Sociedades de Capital- las Sociedades Laborales (anónimas y limitadas) fomentan la implementación de una nueva cultura que las coloca en la vanguardia de los modelos de emprendimiento para el siglo XXI posicionándolas a la cabeza de la necesaria evolución que se impone en la iniciativa empresarial frente al nuevo sistema económico social que se está implantando en Occidente (y ahí cada uno es libre para intentar anticiparse o dejarse arrollar) en el futuro inmediato, donde las estrategias tendrán que tender hacia dinámicas de “cooperación” más que a las de “competición”.

Y es que las Sociedades Laborales ponen en marcha experiencias productivas y empresariales adaptadas a las necesidades locales (circunstancias que en muchas ocasiones pueden resultar disuasorias para otros inversores públicos o privados) creando empleo de calidad en una proporción muy superior a las empresas tradicionales en condiciones de estabilidad, puesto que los socios que se deciden a abrir una empresa en su entorno geográfico habitual con la intención de “autoemplearse” no introducen en la ecuación la variable “temporalidad”.

Dentro de la doble dimensión que le es propia, la Sociedad Laboral fomentan las relaciones de confianza (trabajadores) junto con la promoción del espíritu emprendedor (socios) impulsando la excelencia de las capacidades personales, creando riqueza y redistribuyendo la renta desde una perspectiva de equidad. Al mismo tiempo expande una cultura de participación, corresponsabilidad y riesgo compartido que contribuye a difundir una nueva cultura ciudadana.

Si el objetivo del “desarrollo” consiste en facilitar que todos podamos salir adelante y que accedamos a la salud, a la educación y a la vivienda mejorando además las condiciones de vida de los más desfavorecidos y transformando las sociedades en algo mucho mejor de lo que son, la Economía Social se erige como el único sector capaz de impulsar el desarrollo del medio rural mediante la creación de empleo (fuente de ciudadanía y base de la dignidad) diversificando las economías rurales y proporcionándoles una mayor capacidad de generación de renta.

La Economía Social y el medio rural, vinculados porque defendemos un modelo de sociedad distinto del que hemos heredado de la vieja cultura industrial, en la que todas las personas tengamos nuestro espacio independientemente de que residamos en pueblos o ciudades, nos oponemos a que “lo productivo” sea el valor dominante en detrimento de “lo económico-social” y donde un concepto emergente como “responsabilidad”, no signifique nada más que hacer las cosas como siempre se debieron hacer, y porque el fenómeno de la despoblación es otra excusa perfecta para preguntarnos al servicio de quién tienen que estar la economía, la producción y el beneficio, no tiene que  resultarnos extraño llegar a la conclusión de que en un modelo social del siglo XXI en el que prime el desarrollo , la respuesta es “a nosotros”, a la población, a los habitantes de pueblos y ciudades, a la ciudadanía.

Y es que si hablamos de Economía Social y de desarrollo rural no nos referimos sólo a cambios en las fórmulas jurídicas sino que se trata, sobre todo, de construir un nuevo modelo de sociedad, que es lo mismo que decir de relaciones entre las personas.

 

  • Artículo elaborado por Santiago Molina Jiménez

Santiago Molina Jiménez