Alba Novoa

Alba Novoa

Queridos chicos, soy una chica y no debería hacer esto, porque muchas muchachas se me van a echar encima y no en el buen sentido, pero he tenido una revelación este verano y siento que tengo la obligación moral de compartirla.
Os voy a dar un consejo de amiga, como la Campos: si queréis saber cómo es una chica en la cama sin preguntarle directamente, sólo tenéis que hacerle una pregunta.
Una. Simple. Pregunta.
No os voy a cobrar por esto, pero debería. Es una técnica simple, fácil y discreta. No hay que tocarle. No hay que invitarla a cenar. No hay que llevarle flores. Ni comprarle bombones. Vale con un Whatsapp. Un mensaje de Facebook. Un mensaje de texto, para tí, mi querido amigo amante de lo retro vintage.
Trabajo en un puesto de la feria del libro. No, no voy a hablar del Kamasutra. Ni de Marc Levy. Es algo mucho más obvio y que creo que no se ha tratado lo suficiente. Es mentira, se ha tratado lo suficiente y más, pero tengo que escribir sobre algo.
Veréis, no son pocas las mujeres que vienen a mi puesto, sigilosas, observando, buscando el momento en el que no haya nadie alrededor para acercarse.

Yo aguardo paciente y cojo las palomitas – por fin llega mi momento favorito del día:

– ‘Hola’ – dice ella

– ‘Hola’ – contesto yo

– ‘Mira…es que yo…bueno, yo quería hacerte una pregunta…’

– ‘Dime’

En este momento, siempre miran alrededor para comprobar que sigue sin haber nadie.
– ‘Tú no tendrás por aquí…’- risa floja, aquí les entra a todas – ‘…bueno…la trilogía esta…’

Yo sigo esperando. No tengo prisa. No sabéis lo largas que son ocho horas en un cubículo lleno de libros.

– ‘Tú no tendrás por aquí…las ‘5o sombras de Grey’, verdad?’

Lo dicen bajito, rápido. Siempre nerviosas, como si fueran adolescentes que van a comprar condones a la farmacia por primera vez.

– ‘Perdona?’ – contesto yo

Lo he escuchado perfectamente, que conste.

– ‘Las ’50 sombras de Grey’, que si las tienes’ – me repite

Y ese es el momento. Son dos segundos lo que hace falta para que la gente vuelva a caminar por delante del puesto. Es el momento en el que dejo que todo fluya tal y como lo siento.

– ‘Ah! Las ‘CIN CUEN TA SOM BRAS DE GREY’. No. No tengo las ‘CIN CUEN TA SOM BRAS DE GREY’

Bien alto y claro. Sílaba a sílaba, cuidando la dicción. Practicando técnica vocal. Como debe ser. Ellas agradecen y se van.

Todos los días, una o dos veces, tiene lugar ésta situación.

Al principio, yo no era así. Para nada. Yo pensaba, como cualquiera de estas mujeres que vienen al puesto, que era una novela erótica digna de lectura y la reservaba para algún momento de mi vida en el que yo me sintiera preparada para leer algo así. Hasta que, un día, encontré la segunda parte de la trilogía en una tienda de segunda mano. El destino me la había traído.

– ‘Y la primera? Dónde está? Por qué no me la has traído, Destino?’

– ‘Alba, quieres dejar de preguntar, que te la he dejado a 0,50?’

– ‘Vale, me la llevo’

Y llegué al trabajo. Dejé los apuntes de la universidad a un lado. Cuando conseguí volver a nivelar el puesto, me senté en mi taburete y me puse a leer el libro.

Yo, ingenua lectora que esperaba descubrir en mi un lado oscuro que jamás había encontrado al leer el libro, me encontré ante una versión light de Sexo en Nueva York. Repito: una versión light de Sexo en Nueva York. Samantha Jones hacía cosas más ‘turbias’.

Dejé el segundo libro. Pedí prestado el primero. ‘Quizá en el segundo ya hay más historia que zumba zumba. Tampoco son conejos.’, pensé. Vuelta a empezar. Vuelta a lo mismo. Hay libros de anatomía más picantes que la trilogía esta.

Por tanto, para saber si habéis dado con la chica que buscáis, no os compliquéis la vida: preguntadle si se ha leído estos libros. Si os dice que sí, preguntadle su opinión. Ahí tenéis todo lo que queréis saber.
Si os dice que no y os pone la carita sonrojada, también.
De nada.