refinanciacionUna de las operaciones que desde la llegada de la crisis ha ido aumentando  paulatinamente es la reunificación de deuda con base hipotecaria.

Es decir, cuando una familia debe de afrontar pagos mensuales de diferentes préstamos que superan todos juntos los ingresos que tienen, se le hace imposible la devolución y decide unir todas las deudas en un solo préstamo poniendo una garantía hipotecaria (inmueble), lo cual le permite ampliar el plazo de devolución del total de la deuda nueva, lo que le permite afrontar una cuota a devolver mensualmente sustancialmente menor a la suma de las cuotas de los préstamos anteriores.

Todo esto claro está, desde la base de que tenemos un inmueble para poder hipotecar o bien que si lo tenemos hipotecado, podemos ampliar dicha hipoteca. Si no es alguno de los casos indicados, esta operación ya no es planteable.

Lógicamente esto supone una serie de gastos importantes como comisiones de cancelación y aperturas de los diferentes préstamos, registro de escrituras, notarios,…., incluso el tener que contratar nuevos productos en la entidad que concede la reunificación. Por este motivo es importante saber cuándo realmente tiene sentido o nos compensa recurrir a esta refinanciación.

Dos deben de ser las premisas que se deben de cumplir para decidirnos por refinanciar deuda con una base hipotecaria:

  1. Que el problema que hace que no podamos afrontar los pagos mensuales de los préstamos sea coyuntural.
  2. Que la reunificación que realizamos de la deuda nos dé una cuota mensual a devolver que podamos asumir cómodamente y con cierto margen de holgura.

Y no dejan de ser dos cuestiones lógicas.

Si no podemos devolver puntualmente la cuota mensual de la tarjeta, el pago de una cuota del préstamo del coche o algo similar, porque en ese mes hemos tenido que realizar un desembolso en un gasto extraordinario que nos ha descolocado las cuentas del día a día, parece que el poner garantía hipotecaria (con el gasto y papeleo que ello conlleva) no sería la mejor solución. Estamos seguros de que en un par de meses podemos afrontar esas devoluciones y regularizar nuestra situación mediante los propios ingresos que vayamos teniendo.

Ahora bien, cuando el problema de no asumir la devolución de deudas va más allá, o sea, es debido por ejemplo a una merma de los ingresos (porque alguien de la familia se ha quedado en el paro por ejemplo), que no es coyuntural y que, por desgracia, no tenemos respuesta de cuando lo podremos solucionar, hay que quitarse el problema lo antes de encima sin tener que llegar devoluciones de cuotas, impagos o embargos, porque de ahí es un círculo del que es difícil salir.

Para saber si nos conviene o no la reunificación con garantía hipotecaria, debemos de analizar en un horizonte de mínimo 5 años lo que puede ser nuestra vida y nuestra fuente de ingresos y ver si podremos mantener la devolución de nuestras deudas. Mientras más rápido lo analicemos mucho mejor para evitar disgustos e incrementos de deuda. Pero siempre debemos de hacerlo desde una postura realista porque de poco vale autoengañarnos.

Ya estamos en el punto de que somos conscientes que nuestra economía ha cambiado para mal y no sabemos cuándo mejorara, lo que hace que debamos de replantearnos todo a medio y largo plazo sin dilación.

Nos ponemos en el segundo punto indicado y es el de solicitar un préstamo de reunificación que nos permita pagar una cuota mensual menor a lo que debíamos de pagar ahora de todos los préstamos. De poco vale reunificar la deuda si la cuota que nos sale a pagar al mes, aun siendo menor que la suma de las cuotas de los préstanos anteriores, tampoco la podemos asumir. Es minimizar el problema pero no darle solución. Y ya que estamos incurriendo en unos gastos importantes, por lo menos que si solucionen la situación.

Es, probablemente, el punto más importante que tenemos que ver para saber si nos compensa o no la reunificación de deuda con garantía hipotecaria: debemos de saber cuál es la cuota máxima  mensual que podemos asumir con nuestra nueva fuente de ingresos y solicitar un préstamo en base a ella.

Es decir, imaginemos que pagamos de diferentes préstamos 1.000 euros al mes porque ingresábamos 2.000  y hemos visto reducidos estos a la mitad. Podemos pensar que lo normal sería solicitar un préstamo con garantía hipotecaria que nos hiciese pagar 500 euros al mes (la mitad de lo que debíamos de pagar antes). Y esto puede ser un error. Hay que mirara medio y largo plazo y, sin ser negativo, debemos de ser realistas. Si cabe la posibilidad de que aún tengamos una reducción en nuestros ingresos mensuales, deberemos de tenerla en cuenta en este momento y puede que lo más aconsejable es ir a una entidad e indicarle que lo máximo que podemos pagar al mes son 350 o 400 euros.

Lo que buscamos con esta operación es solucionar el problema y darnos un colchón o margen de respiro, con lo cual lo aconsejable es que, ya de tener que hipotecar un inmueble, que sea para sacarnos del problema y darnos un desahogo financiero. Si vamos a hipotecar algo para seguir igual de ahogados, algo mal estamos haciendo.

Reunificar deudas tiene sentido cuando realmente conseguimos este desahogo. Para cambiar uno agobio financiero por otro no creemos que sea la mejor solución.