productos estructurados

La bajada de la rentabilidad de los depósitos bancarios tradicionales experimentada el año pasado en nuestro sistema financiero ha hecho que se agudice el ingenio tanto de pequeños ahorradores, que buscan incrementar la rentabilidad de sus ahorros, como la de las entidades financieras, que intentan captar nuevos clientes dentro del grupo de aquellos a los que les vencen depósitos en la competencia y tienen que renovar con rentabilidades muy inferiores a las que poseían.

Ante el descontento generalizado de los pequeños ahorradores que ven como sus pingües intereses cada vez se reducen más, las entidades financieras intentan comercializar productos alternativos que atraigan a nuevos clientes, descontentos con sus actuales entidades, ofreciendo productos alternativos a los depósitos que tengan rentabilidades mayores a las que poseen estos últimos en la actualidad.

Hoy vamos a centrarnos en uno de estos productos y mirar a ver si son realmente una alternativa a los depósitos a plazo tradicionales. En concreto hablamos de los depósitos y bonos estructurados.

¿Qué son?

Al hablar de los depósitos y bonos estructurados, debemos de dejar claro que no son productos de reciente creación, ya que llevan tiempo en las ofertas de productos de ahorro que las entidades financieras. Pero hasta ahora eran poco ofertados a los pequeños ahorradores por dos motivos. Primero porque para explicárselos de forma correcta deberían de ser previamente conocidos por los empleados de las entidades financieras que, mayoritariamente, no tenían mucha idea de lo que tenían entre manos. Segundo, porque hablar de un producto con ‘algo de riesgo’ a un cliente que era usuario de depósitos a plazo tradicionales podía ser algo que ‘asustase’ al cliente y se acabase marchando a otra entidad.

Ante estas dos cosas, los depósitos y bonos estructurados pasaron desapercibidos.

Cuando hablamos de estos productos, debemos de definirlos como activos financieros en los cuales se combinan la renta fija con productos derivados, unidos en una única estructura (lo que antes se conocía como una ‘estructura’), en la que cada componente es utilizado para la consecución de un objetivo concreto:

  • La renta fija es utilizada para la protección del capital total o parcial inicial que le pequeño ahorrador depositó.
  • Los derivados buscan optimizar el rendimiento a través de una determinada exposición al subyacente. Es decir, son los que buscan el conseguir ese ‘plus de rentabilidad’ que permita que sean atractivos para la captación de nuevos clientes.

Vemos por lo tanto que estamos ante productos cuyo principal razón de ser o destino es la de proceder a la diversificación sin riesgo o sí posee riesgo que este sea controlado de una cartera.

La ‘estructura’ puede ser un producto cerrado con unas condiciones determinadas o bien ser una estructura que se realiza a la medida y de forma individual a cada cliente, lo cual no deja de ser un factor de atracción muy interesante.

Una parte del dinero se invierte en activos sin riesgos que son los que permiten el garantizar la devolución del capital inicial (ya sea total o parcial), mientras que la otra parte se invierte en productos con riesgo, mayor o menor, pero con riesgo y que son los que implican las mayores o menores  rentabilidades que se pueden obtener. Lo más habitual dentro de este tipo de activos suelen ser la/s acción/es de grandes empresas o índices bursátiles con el Ibex o el Eurotoxx.

Cada entidad ofrece productos de este tipo vinculados a diferentes activos subyacentes (la parte que se invierte con riesgo), pero todas coinciden en el hecho de que los depósitos estructurados son de perfil más de cliente de banca de particulares (pequeños ahorradores) y los bonos estructurados son más clientes de perfil de banca personal o privada (grandes ahorradores).

Para saber si estos productos pueden ser alternativa de los depósitos tradicionales a plazo, debemos de ver si hay productos que ofrezcan similares comportamientos, cosa que si ocurre. Nos podemos encontrar depósitos estructurados que garantizan la devolución del capital inicial a un determinado plazo sin riesgos, siendo la rentabilidad final lo que fluctúa. Incluso hay productos que garantizan devolución de capital y un mínimo de interés.

Son productos que exigen una correcta explicación al cliente para que no se produzcan errores de concepto pero que, sabiendo donde se mete y asumiendo un riesgo nulo o muy pequeño sobre el capital inicial, la rentabilidad a obtener es sustancialmente más interesante que los depósitos bancarios tradicionales.