• Alfredo Sanzol consigue en “La ternura” una de las grandes obras del año con un texto realmente brillante e ingenioso

Alfredo Sanzol, uno de los autores más interesantes de la última generación de dramaturgos españoles, firma la autoría y dirección de La ternura, una pieza unánimemente considerada por la crítica como una de las grandes obras del año, en la que se presenta la frescura, humanidad y sabiduría de su autor en estado puro. El montaje de Teatro de la Ciudad llega al Bergidum el próximo jueves, 22 de marzo (21:00 horas)

 

Inspirado en el universo de las comedias de Shakespeare, La Ternura es, resume su autor, una comedia de leñadores y princesas en la que intenta trasladar la imposibilidad de protegernos del daño que produce el amor, porque si queremos amar nos tenemos que arriesgar a sufrir. Pero con Sanzol nunca se sabe: a cada entrega seduce por la frescura de su humor, la humanidad de sus personajes y la sabiduría de su arquitectura escénica, y nos sorprende con un nuevo reto.

La obra es una sucesión de almas atormentadas, planes y requiebros, corazones salvajes, deseos, temblores, visiones, juegos, engaños, relaciones imprevisibles, enfados, belleza, confianza, magia, enredos, aire, tierra, tormentas, conjuros, locura, celos, amores eternos, inocencia… En definitiva, ternura.

El juego, el engaño, los cambios de identidad, la confusión de personalidades, los espacios como elementos mágicos, los bosques, las islas… todo ello forma parte del imaginario shakesperiano interiorizado por Sanzol y montado por el Teatro de la Ciudad, una iniciativa de Miguel del Arco, Andrés Lima y Sanzol que debutó con una trilogía sobre la tragedia y dedica ahora su esfuerzo, con del Arco retirado a su proyecto Pavón-Kamikaze, a la comedia.

 

“La obra tiene todos los números para ser un clásico”, pronosticó Marcos Ordóñez, quien señala que “se respira una maravillosa corriente de felicidad entre escenario y platea. La gente comentaba a la salida: “¡Qué ganas teníamos de ver algo así! ¡Y qué bien están todos!”. Cierto, cierto: cuesta imaginar la obra con otros intérpretes. ¡Qué vigor, qué gracia, qué ritmo, qué verdad!”

Sanzol ha armado un enredo de corte clásico, rebosante de cariño por la comedia shakesperiana pero que no se queda en la mímesis. Sus protagonistas son humanos, no caricaturas; criaturas contradictorias, que quieren amar y no saben cómo, que se descubren a cada nuevo paso, con mutaciones delicadas o furiosas, bajo no pocos cambios de identidad y el carnaval de deseos que conllevan. Y es shakesperiano incluso el toque de gozosa y libérrima grosería de la parte final, cuando Sanzol riza el rizo y gira hacia el vodevil descacharrante. Las peripecias son continuas y estupendas; los fuegos de artificio verbal, elaborados y rebosantes de ingenio, una pura delicia.

Interpretada por Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras y Eva Trancón, Sanzol escribe una comedia fantástica, en el doble sentido del término. Fantástica porque se vale de la fantasía y fantástica porque es un juguete desternillante, sin fisuras