Foto euroOptar por la contratación de productos a largo plazo suele suponer que el cliente quiere cubrir una necesidad en el tiempo, más o menos largo, pero que es algo en concreto. Cambiar de coche, cambiar de casa, mandar a los hijos a la universidad o buscar un complemento a su jubilación. Todos estos y más son objetivos que conducen a un cliente financiero a optar por un producto de ahorro a largo plazo frente a posiciones de ahorro en corto. Incluso puede que la elección de un tipo de producto y su plazo estén muy unidos al objetivo final perseguido.

Con esto no quiere decir que no haya un tipo de clientes bancarios que prefiera siempre productos a corto aunque quieran cubrir un objetivo a largo, pero no es lo habitual. Se busca contratar un producto de ahorro a largo plazo que, sin riesgos, permita conseguir el ahorro suficiente para afrontar el objetivo que se tenía cuando se contrató.

Riesgo

De todo lo anterior se deduce que la preferencia para escoger productos de ahorro a largo se basa fundamentalmente en la tranquilidad, lo que financieramente se traduce en ausencia de riesgo.

Pero debemos de tener claro que producto de ahorro a largo plazo no es sinónimo de ausencia de riesgo.

En una ocasión, hace ya una década, cuando la economía parecía florecer en cualquier esquina, una entidad financiera me quiso comercializar un plan de pensiones de 50 euros al mes el cual invertía en valores del Nasdaq norteamericano. Según la simulación del plan, acabaría aportando unos 20.000 euros a lo largo de la vida del producto hasta mi edad de jubilación y a cambio el capital que se preveía era superior a los 475.000 euros. ¿Alguien se puede creer que este capital se podría conseguir, por muy plan de pensiones que se tratase, si no era a costa de asumir riesgos? Lo cierto es que de haberlo contratado tendría acumulado en el plan de pensiones mucho menos del capital que hubiese aportado durante todos los meses hasta la fecha de hoy.

Este es solo un ejemplo que permite romper la creencia de que los productos de ahorro a largo plazo son todos ‘seguros’ y sin riesgo.

El riesgo, como forma de escoger entre productos de ahorro a corto o a largo plazo, es lo más importante, pero lógicamente dentro de un orden. Siempre hay que tener presente el objetivo final de nuestros ahorros que es lo que realmente marcará el que optemos por un producto u otro.

¿Y la rentabilidad?

Hasta no hace mucho, los productos a corto plazo daban una rentabilidad muy superior a la que ofrecían los productos a largo plazo. Esto suponía un gran hándicap a la hora de optar por los segundos. Si se optaba por un depósito por ejemplo a 12 meses se obtenía una rentabilidad igual o superior que si se contrataba a 36 o 48 meses, sin que en ninguno de ellos hubiese riesgo alguno de perder el capital inicial. Lógicamente los depósitos a largo plazo estaban en clara desventaja.

Pero actualmente, con las sugerencias realizadas por el Banco de España en materia de remuneración de los productos de ahorro, las rentabilidades que ofrecen los productos a largo plazo son superiores. Un ejemplo está en los depósitos, que como máximo (aunque hay excepciones) pueden remunerar al 1,75% a 12 meses, 2,25% a 24 meses y 2,75% a 36 meses. En ninguno se corren riesgos, y la diferencia de rentabilidad ya puede ser una tentación para el potencial cliente.

Otro ejemplo está en las nuevas reformas que quiere impulsar el gobierno actual en la nueva regulación de los planes de pensiones, en las que se quiere que se bajen las comisiones de depósito y gestión de estos productos para incentivar su contratación, al suponer en la práctica esa reducción un incremento en la rentabilidad del producto.

Liquidez

Como en esta vida puede pasar de todo, hay que contemplar el tema de la liquidez, entendida como la posibilidad de recuperar nuestros ahorros en cualquier momento antes de que acabe el plazo inicialmente previsto.

Tanto en corto como en largo plazo, hay productos que no permiten la cancelación anticipada. En corto por ejemplo los depósitos con remuneración en especie y en largo los planes de pensiones.

Si por casualidad necesitásemos disponer de nuestro dinero en pocos días, podríamos hacerlo en ambos casos, con productos de ahorro a corto o a largo. El coste de ello, vía comisiones, pérdidas de rentabilidad,…., ya será otra cosa pero, por ejemplo, cancelar de forma anticipada un depósito a 12 meses o a 24 meses, se puede hacer en ambos casos con sus consiguientes penalizaciones.

 

Visto todo lo anterior, riesgo, rentabilidad y liquidez, no hacen más que ser matices que conduzcan a un cliente a escoger un tipo u otro de producto de ahorro dentro de la amplia gama de posibilidades que hay. Pero optar entre corto y largo plazo, no dependen tanto de estos puntos ni de una combinación de los mismos, como de que el cliente tenga planificado un destino apara sus ahorros. Si el destino es a largo plazo, muy factiblemente escogerá un producto a largo plazo. Si no hay un destino concreto, lo más seguro es que opte por productos a corto.