Foto euroCuando hablamos de productos de ahorro en los cuales hay un componente de riesgo,  ya somos conscientes de que no son ideales para todo tipo de pequeños ahorradores.

Ahora bien, dependiendo del grado de riesgo a asumir, nos encontramos con una amplia oferta de productos que, siendo bien explicados por la entidad financiera y siendo conscientes de lo que estamos contratando, puede que resulten interesantes para perfiles de ahorradores con perfil de bajo riesgo, siempre siendo conscientes de que el riesgo existe y nos puede tocar a nosotros en cualquier momento.

Hoy vamos a ver dos de estos productos que podemos tener como clientes y que, aun pudiendo estar ambos invirtiendo en los mismos productos, significa asumir diferentes porcentajes de riesgo. Hablamos de los Depósitos estructurados y de la Inversión directa en acciones.

Depósitos estructurados

Se denominan así a las conocidas coloquialmente como ‘estructuras’. El cliente cede a la entidad sus ahorros y esta los coloca en diferentes productos, en diferentes combinaciones con más o menos riesgo, lo que conllevará la posibilidad de conseguir mayores o menores rentabilidades.

Son muy habituales aquellos depósitos estructurados en los cuales un porcentaje del dinero se destina a un depósito tradicional, con una rentabilidad fija determinada, mientras que otra parte o se destina a un fondo o se vincula al comportamiento de una cesta de acciones cuyo comportamiento es el que dará la rentabilidad a obtener. Esta parte sería un depósito indexado.

Dos son las características de estos depósitos estructurados que los diferencian de invertir en bolsa directamente.

Por un lado no dejan de ser depósitos bancarios, con lo cual en caso de quiebra de la entidad, hasta 100.000 euros por cliente / cuenta /entidad, estaría garantizados por el Fondo de Garantía de Depósitos.

Por otro, estos depósitos estructurados suelen ser además garantizados, en el sentido de que, a un vencimiento determinado fijado de antemano, la devolución del capital inicial está al 100% garantizada. No así la rentabilidad (por lo menos en aquella parte de los ahorros que no se depositan en un depósito a plazo fijo).

Invertir en acciones

Invertir en acciones supone el adquirirlas directamente en el mercado bursátil a un precio determinado que será el que fije, cuando se vuelvan a vender estas acciones en el mercado, si se producirán beneficios o pérdidas en función de que  el precio de venta es mayor o menor al de compra.

Nadie garantiza que el importe inicialmente empleado en adquirir acciones está garantizado a un determinado plazo. Es riesgo puro que asume el cliente. También es verdad que puede que comprar unas acciones suponga en una sola semana el ganar mucho dinero a diferencia de los depósitos estructurados que exigen plazos bastante más largos.

Más riesgo supone la posibilidad de mayor rentabilidad y a plazo más reducido pero supone el no tener garantía en ningún momento de recuperar el capital inicial.

Depósitos estructurados o inversión en acciones

Para poder realizar una comparativa perfecta de si nos interesa un tipo u otro de producto, compararemos los depósitos estructurados referenciados a acciones y el invertir directamente en bolsa.

Dentro de los diferentes depósitos estructurados existen los determinados depósitos referenciados a acciones (indexados). En ellos el cliente contrata un depósito que emplea el dinero en  adquirir un determinado número de valores. El momento inicial del depósito dará unos precios iniciales de las acciones adquiridas que es el que se comparara año a año con las cotizaciones que poseen las acciones en el mercado. Suele funcionar de la siguiente forma:

  • Si en la revisión anual las cotizaciones de las acciones que se adquirieron con el importe del depósito están todas por encima del 100% del precio de compra de las mismas, al cliente se le abonará un % determinado y se le devolverá el importe inicial más esas ganancias.
  • Si en la revisión anual alguna de las cotizaciones de las acciones que se adquirieron con el importe del depósito está por debajo del precio de compra, la rentabilidad para el cliente será 0% y se renovará el depósito un año más. Al segundo año se realizará la comparación. Si ocurre que todas están por encima, se le devuelve al ahorrador el dinero inicial más un beneficio, en caso contrario se renueva el depósito por otro año tras el cual se volverá a realizar la misma comparación.

Si no se cumple la condición en ninguna observación anual, al cliente al vencimiento del depósito se le devolverá el capital inicial sin ningún tipo de beneficio.

Si en vez de contratar un depósito referenciado a acciones adquirimos estas directamente, tendremos la total libertad de vender las acciones cuando consideremos con beneficios o pérdidas, pero no debemos de esperar ningún tipo de plazo. Lo que además lo diferencia de los depósitos estructurados es el hecho de que no está garantizado en ningún momento el capital inicialmente desembolsado.

Cierto es que la rentabilidad que un depósito puede dar a 3 años puede ser la misma que da una acción en una semana, pero en esta asunción de riesgos se une esta posibilidad de mayores rentabilidades.

Veamos un ejemplo. Supongamos que una entidad financiera comercializa un depósito que invierte en acciones del Santander y del BBVA. Los precios a los que las compra supongamos que está en 5 euros cada una. La entidad dice que al cabo de un año, si la cotización de esas acciones en bolsa está por encima de los 5 euros, se le devuelve al cliente el capital inicial más un 5% (por ejemplo) en concepto de intereses. En caso contrario se renueva el depósito por un año más. Llegado ese día se vuelve a comparar precio inicial y cotizaciones. Si están por encima, se le da al cliente el capital inicial más un 10%. En caso contrario se renueva otro año al final del cual se hará la comparación. Si están por encima se devuelve el 100% del capital más unos intereses del 15%. En caso contrario se cancela e depósito se le devuelve el nominal al ahorrador y no da rentabilidad de ningún tipo.

De esperar al vencimiento o si e cancela en las revisiones anuales, el capital inicial no corre peligro.

Supongamos que ahora compramos con ese dinero acciones de ambas entidades al mismo precio. Al cabo de un mes las acciones están a 4 euros. Esto implica que si las vendemos perderemos un 20% del capital inicial. Si al cabo de dos meses están a 6 euros, podremos vender y obtener una rentabilidad positiva del 20%. El recuperar o no el capital inicial no está garantizado y la rentabilidad dependerá del momento en que vendamos y de cómo estén las cotizaciones.

El primer producto es ideal para aquellos ahorradores que no quieren perder nada de su capital inicial pero que asumen riesgos para conseguir más rentabilidad que los depósitos tradicionales pudiendo no ganar absolutamente nada. El segundo es ya para perfiles de alto riesgo, nadie garantiza que lo que se invierte inicialmente se recupere pero a cambio pueden conseguir grandes rentabilidades en un plazo pequeño de tiempo.