Drusila

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Afirmar que la prostitución es el oficio más antiguo carece de veracidad, en los albores de la civilización se consideraba una actividad ligada a diversos cultos.
En edades relativamente modernas y, paradójicamente, debido a cuestiones religiosas, entre otras, se estigmatizó.

 

Sabido es que el concepto de matrimonio en remotas épocas estaba exento de ideas tales como amor o fidelidad, nada había de romance o seducción, era solo un contrato económico escrupulosamente respetado por ambas partes, es decir, familias, clanes, casas reales et cetera.
Las parejas formadas no tenían voz ni voto en la elección.
Antes de continuar, es preciso distinguir entre prostitución sagrada y profana, igual, la palabra prostituere- exhibir para la venta, define sin mas la actividad.

Uno de los datos documentados más antiguos sobre la prostitución surge en Sumeria, mas de tres mil años a.c., en el culto a Innana, deidad de la belleza y sensualidad, incluía que sus sacerdotisas fornicaran con quien dejara a cambio una retribución en bienes para el santuario.

Más atrás en el tiempo era una acción propiciatoria de las tribus entregar los favores de sus mujeres a deidades personificados en chamanes con el fin de obtener abundante cosecha.
Los rituales de fertilidad en la agricultura siempre tuvieron fuerte connotación sexual.
La práctica de la prostitución hospitalaria, considerada dentro de la línea profana, era común y natural, hoy día algunos pequeños pueblos la siguen realizando.
Los extranjeros que aportaban algo mas que su visita, solían ser agasajados brindándoles acceso al lecho de las mujeres de la tribu.
Aquí puede apreciarse una interesante sabiduría intuitiva, evitar la endogamia, que a la larga o corta, conlleva graves trastornos genéticos.

En Babilonia el culto a Ishtar era extendido, e incluía la prostitución en su ritual, los excesos deben haber molestado a los hebreos, o, mas seguro fue que ellos repudiaron esas actividades con el fin de establecer diferencias entre su cultura y la que los originó.
Como sea, la semilla del estigma fue plantada, y llevada hacia otros lares.

En Grecia, especialmente Atenas, la prostitución profana se ordenó, instituyéndose el burdel como lugar de negocios. Porne: deriva de vender.
Se dispuso que quienes ejercieran lo que ya si, a esas alturas era un oficio, tanto masculino como femenino, llevaran ropajes distintivos y pagaran impuestos.
Surgieron la hetairas, mujeres de esmerada educación, libres e independientes, algunas, según sus dones, llegaron a tener grandes influencias políticas.
Con cierto parecido a las gueishas.
El proxenetismo estaba prohibido.

El prostituere toma una dimensión descomunal en el Imperio Romano.
Curiosa burocracia, se crearon algo así como diversas castas según las especialidades, el rango de los, o las felatrices, ocupaba estratos más bajos.
En los más altos reinaban las costosas figuras de la profesión, quienes, como las hetairas, gozaban de independencia y poder.
Los proxenetas seguían siendo prohibidos.

Hablando de Roma, el Fauno Luperco era una de las deidades del campo y pastoreo, y su culto incluía la prostitución sagrada. Debido al nombre del fauno sus sacerdotisas eran llamadas lobas, y, por extensión, loba era sinónimo de prostituta, la palabra lupanar deriva también de ese culto.
Si se lee atentamente la leyenda de Rómulo y Remo, bajo lo antedicho, es posible que hayan sido literalmente amamantados por una loba.

Caligula protagonizó una llamativa anécdota.
Molesto en extremo con la inoperancia y fatuidad de los miembros del Senado y considerando que era demasiado costoso para el Imperio mantener sus altos niveles de vida, decretó que debían generar dinero.
Ordenó que las esposas, hijas o hijos de los opulentos senadores se ofrecieran en comercio carnal con cualquiera que pudiera pagarlo. Administró el Cesar un gigantesco y muy rentable burdel. Las matronas romanas no se quejaron demasiado, pero los alaridos indignados de Suetonio llegan hasta nuestra era.

Así, la prostitución que los fenicios llevaron por el Mediterráneo, fue a su vez distribuida por las legiones romanas en toda Europa.
Pero no es atributo del viejo continente, se ha de saber que en América los aztecas tenían el oficio permitido por autoridades políticas y religiosas, si bien las mujeres esperaban a sus clientes a la vera de los caminos.

En todas las civilizaciones, en todo el mundo, en todas las épocas, la prostitución de una u otra manera estuvo presente.

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Algo fue virando en los conceptos de moralidad de Europa, al punto que Carlomagno ordena cerrar los burdeles y perseguir a las prostitutas, sin mucho éxito, eso es claro. Pero el estigma, por primera vez en la historia, comienza a tomar inusitada fuerza.
En la Edad Media, se anunciaba que determinada casa o taberna funcionaba un burdel con la colocación de ramas en su acceso, y las mujeres también portaban distraídamente ramas para ofrecer discretamente su servicio. De allí el nombre de rameras.
El proxenetismo, con las prohibiciones y persecuciones, llega a la vida de las prostitutas para casi nunca mas dejarlas.

Paulatinamente el hombre, antes cliente y sustento, se transforma en enemigo, ya sea por persecución y condena, ya sea por virtual esclavitud en la figura del proxeneta.
Haciendo una rápida pasada por los siglos, las prostitutas ocupan los dos extremos sociales, desde famosas cortesanas, como Madame Pompadour, quienes no solo hacían gala de ingenio y gran cultura, además, imponían sus pensamientos sobre los que ejercían el poder, hasta las más humildes y desesperadas mujeres explotadas por un rufián.

A estas alturas se esta dejando en claro que el tema es sobre el ejercicio de la prostitución respecto a la venta de favores sexuales, porque la palabra abarca demasiados aspectos dentro de la dinámica social, tantos que es imposible desarrollarlos en un humilde artículo.
Exhibir para la venta esta presente en la política, en ideas, en negocios, en información, en medicina, hasta en guerras, ahí si , por lo general si se trata de oscuros convenios, perversos manejos de compra y venta que involucran países enteros.

Hay algo mas que la cuestión religiosa para que la palabra prostituta, ramera y demás sinónimos llegaran a ser un insulto.
Se reitera la pregunta, ¿Porque los hombres, clientes y beneficiarios, se transformaron, además, en el enemigo natural de ellas?
Si bien el cristianismo y su fuerte mandato moral, modelaron los conceptos sociales sobre lo “bueno” y lo “malo”, se puede afirmar que la religión impone su punto de vista cuando la cuestión económica o beneficio político, que es lo mismo, lo requieren.
Si así no fuera, en el Vaticano no debería haber un gramo de oro, Jesucristo se enojo y mucho con los mercaderes del templo, los sacerdotes vivirían en discreta pobreza, y ninguna figura cristiana habría bendecido jamás arma de guerra alguna.

Extrañas ligas moralizadoras medraron en los siglos XIX y XX, y mas solapadas siguen en vigencia.
Y otras se prestaron para lapidar a sus congéneres. Las mujeres “honradas”, madres de familia, devotas y demás virtudes cazaron desde todos los rincones posibles a aquellas que trabajaban ofreciendo su cuerpo. Anatemas lanzados con furia y, con un claro aunque oculto motivo. La progenie, no hace falta aclarar, no ahora.

Y es la “cosificacion” de la mujer, el machismo exacerbado. La intolerancia total a la libertad de que una mujer explote su cuerpo como desee.
En nuestro confuso presente la sociedad se embandera con tolerancia, derechos de minorías, y toda parafernalia en pos de mostrarse progresista, pero, por mas abierta que una persona crea ser, no ventilaría que su hija es una exitosa prostituta.

Se deja bien en claro que toda si mujer adulta, consciente de sus actos, responsable de sus decisiones, gozando de libertad para elegir, desea trabajar de prostituta, nada malo hay en ello.
Merece respeto y no ser cuestionada, y mucho menos explotada por delincuentes que propician la trata de blancas, o negras, menores y demás seres indefensos.

Dicho esto, ¿ Porque se desprecia a las prostitutas?. ¿Cual es la razón, o razones, reales?
No sonría socarronamente, señor, esas preguntas nada tienen de ingenuas, si eso piensa, el ingenuo es usted.

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y Texto)